El primer poema antiguo muy misógino
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El primer poema antiguo muy misógino

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En el mundo antiguo, en el griego y romano, la mujer no tiene presencia en la vida política y aun social salvo muy raras excepciones.

El gineceo (del griego γυναικεῖον (gynaikeion,  de γυνή (gyné), mujer ,  y  οἰκίον, oikion, casa)  era el espacio doméstico al que quedaban reducidas las mujeres limitadas a las tareas de la casa y a la procreación (véase http://es.antiquitatem.com/lanam-fecit-epitafio-matrona-romana

Nota: en oposición androceo, (del lat.  androecium, y este del gr. ἀνήρ, ἀνδρός, aner, andros,hombre, varón, y οἰκίον, oikion, casa) será el espacio para los hombres.

La visión que de la mujer nos dan los textos literarios antiguos es en su enorme mayoría misógina y de desprecio de la mujer.

Nota: misoginia: μισογυνία; 'odio a la mujer' o desprecio a la mujer;   del griego  μισόγυνος, misoginos, y este  de μισέω (miseo), "detestar, odiar", y  γυνή (gyné), "mujer".

No todos los textos referentes a la mujer son misóginos ni toda la cultura y sociedad griega. Desde luego, en la religión y mitología griega, junto al mito de Pandora como introductora en la humanidad de todos los males (similar, pues, al papel de Eva en el Paraiso judeo cristiano), está también el papel relevante de numerosas diosas y heroínas. Pero por lo general, como decía, lo que se trasluce es una visión muy machista.

Semónides  de Amorgos (ss. VII - VI a. C.), que según la tradició nacio en la isla de Samos y luego marchó a organizar  la colonia de Amorgos en las Cícladas, es un poeta satírico de poca calidad del que se conservan apenas 29 fragmentos.

Los manuales más técnicos de literatura le llaman “poeta yámbico”, aunque el término no tiene un significado absolutamente específico en cuanto a contenidos o forma de ese tipo de poesía,

Uno de los fragmentos más largos es el Fragmento 7, del que se conservan 118 versos. Es el poema más famoso de Semónides por su chocante, hoy diríamos aberrante,  misoginia, uno de los ejemplos más antiguos. Ya Hesíodo, poco antes, nos ofreció también una visión misógina y despectiva con la mujer en su Teogonía y en su Los trabajos y los diás.

El famosos poema de Semónides se suele llamar Yambo de las mujeres.

En este poema se da una visión sobre los diversos tipos de mujer que choca frontalmente con nuestra sociedad moderna y nos  produce un enorme malestar. Pero que sea rechazable no quiere decir que no deba ser conocido, entre otras cosas porque es necesario conocer el origen y uso a lo largo del tiempo de estos tópicos sociales, que tienen luego su reflejo también en la obra literaria, y en segundo lugar porque sigue habiendo todavía personas con ideas muy parecidas o próximas a las de Semónides a las que conviene poner ante el espejo del tiempo.

Por otra parte, aunque su calidad literaria sea más bien escasa, el documento  nos ayuda a conocer el pensamiento griego.

Para ser justos, habremos de decir que Semónides también es crítico y ácido con los hombres. Así por ejemplo en el Fragmento 1D, que reproduzco también al final de este artículo, sobre la vulnerabilidad del hombre. En realidad,como tantos críticos amargos, el de Amorgos parece estar enfadado con el mundo entero.

Por otra parte, no es tan original; su comparación de los diversos géneros de mujer con los animales, bien sea por su parecido físico o por su comportamiento, enlaza con el mundo de la “fábula” en la que los vicios y virtudes humanos se encarnan en animales parlantes, género que a su vez enlaza con algunos mitos, como el de Prometeo, que repartió las cualidades entre  muchos animales y se quedó sin materia prima para los hombres y por ello tuvo que cambiar la apariencia de muchos animales por la de hombres, que sin embargo conservaban su espíritu animal. Incluso tal vez se inspirará en algún cuento popular.

En el poema podemos establecer dos partes: en la primera nos dice que dios hizo  diez diversos tipos de mujeres, que él describe haciéndolas proceder de  ocho animales: el perro, el asno, el cerdo, el zorro, la comadreja, el simio, la yegua y la abeja y de  dos elementos naturales: el mar y la tierra.  La comparación o identificación es con los aspectos negativos de estos animales; tan sólo tiene una visión positiva y elogiosa de la abeja, que es trabajadora y prudente. Por otra parte la comparación es exclusivamente con la función o tareas domésticas que se le adjudican en la sociedad griega. Por eso al único tipo que no censura es el que garantiza y trabaja por la prosperidad de la casa, del oikos (οἰκοs).

Nota: por cierto que la palabra “economía” tiene su origen precisamente en el término griego οἰκονομία (oikonomía), compuesto de oikos (οἰκοs), casa, y νομία (nomía), de νομοs, nomos, norma, ley, principio. Así que la economía en principio es la ciencia de la administración de la casa.

En la segunda parte extrae la lección moral, después de asegurar:

«Así pues, Zeus creo este enorme mal, las mujeres»

Ζεὺς γὰρ μέγιστον τοῦτ’ ἐποίησεν κακόν, γυναῖκας·

Semónides recoge estas comparaciones sin profundidad psicológica alguna de los tópicos que la sociedad de hombres de su tiempo utiliza; imaginemos los banquetes y celebraciones de hombres en los que, entre otros, estos serían temas de conversación y chistes machistas de este tipo.
Es más,  probablemente este poema está escrito precisamente para el simposium, un espacio exclusivamente masculino, o comida sólo de hombres. que tanto complacían a los griegos. en los que la utilización de tanto tópico injusto y machista, expresión del poder sexual masculino, haría las gracias de los machos comensales. En realidad lo que están criticando es la transgresión de la conducta que ellos esperan de la esposa sumisa y doméstica.

Pero también podemos pensar que los vicios y conductas que se critican: la gula, la obesidad, la fealdad, la torpeza, la histeria, la volubilidad, la pereza, la inercia, la malicia, la perversidad, la vanidad, la presunción o la lujuria,  son propios de hombres y mujeres  si bien, para el hombre machista son más reprobables en la mujer, cuya actividad se debe centrar en la prosperidad de la casa y de la familia. Es decir, esta crítica en las mujeres también obligaba a los hombres a ser críticos con estas actitudes en sí, las practicara quien las practicara.

Claro que en esta guerra de sexos, también a veces las mujeres formulan tópicos y lugares comunes de semejante inexactitud sobre los hombres. Y estas competiciones, desde luego, son muy antiguas y han perdurado a lo largo los siglos.

Desde luego es esta una visión de su época más prosaica y pegada a la realidad del momento que la de la épica de Homero, con sus bellas y graciosas mujeres de los héroes guerreros.

Desgraciadamente, estos tópicos y otros varios (recordemos la frecuente comparación con la serpiente en la cultura occidental a partir del episodio de Eva en el Paraiso Terrenal)  se siguen utilizando hasta nuestros días en canciones populares de todos los tiempos en todas partes, en perlas machistas inmersas en cualquier contexto, en chistes frecuentes de mal gusto e incluso en algún tratado de apariencia más seria. Podríamos ofrecer centenares de citas. Desde luego no son infrecuentes en las reuniones tabernarias de hombres.

Ofrezco el texto en la versión en español del gran helenista Carlos García Gual en su libro Antología de la poesía lírica griega.Siglos VII-IV. Madrid. Alianza.1983

Yambo de las mujeres

De modo diverso la divinidad hizo el talante de la mujer
desde un comienzo. A la una la sacó de la híspida cerda:
en su casa está todo mugriento por el fango,
en desorden y rodando por los suelos.

Y ella sin lavarse y con vestidos sucios,
revolcándose en estiércol se hincha de grasa.

A otra la hizo Dios de la perversa zorra,
una mujer que lo sabe todo. No se le escapa
inadvertido nada de lo malo ni de lo bueno.
De las mismas cosas muchas veces dice que una es mala,
y otras que es buena. Tiene un humor diverso en cada caso.

Otra, de la perra salió; gruñona e impulsiva,
que pretende oírlo todo, sabérselo todo,
y va por todas partes fisgando y vagando
y ladra de continuo, aun sin ver nadie.
No la puede contener su marido, por más que la amenace,
ni aunque, irritado, le parte los dientes a pedradas,
ni tampoco hablándole con ternura,
ni siquiera cuando está sentada con extraños;
sino que mantiene sin pausa su irrestañable ladrar.

A otra la moldearon los Olímpicos del barro,
y la dieron al hombre como algo tarado. Porque ni el mal
ni el bien conoce una mujer de esa clase.
De las labores sólo sabe una: comer.
Ni siquiera cuando Dios envía un mal invierno,
por más que tirite de frío, acerca su banqueta al fuego.

Otra vino del mar. Ésta presenta dos aspectos.
Un día ríe y está radiante de gozo.
Cualquiera de fuera que la ve en su hogar la elogia:
No hay otra mujer más agradable que ésta
ni más hermosa en toda la tierra.
Al otro día está insoportable y no deja que la vean
ni que se acerque nadie; sino que está enloquecida
e inabordable entonces, como una perra con cachorros.
Es áspera con todos y motivo de disgusto
resulta tanto a enemigos como a íntimos.
Como el mar que muchas veces sereno
y sin peligro se presenta, alegría grande a los marinos,
en época de verano, y muchas veces enloquece
revolviéndose en olas de sordo retumbar.
A éste es a lo que más se parece tal mujer
en su carácter: al mar que es de índole inestable.

Otra procede del asno apaleado y gris,
que a duras penas por la fuerza y tras los gritos
se resigna a todo y trabaja con esfuerzo
en lo que sea. Mientras tanto come en el establo
toda la noche y todo el día, y come ante el hogar.
Sin embargo, cuando se trata del acto sexual,
acepta sin más a cualquiera que venga.

Y otra es de la comadreja, un linaje triste y ruin.
Pues ésta no posee nada hermoso ni atractivo,
nada que cause placer o amor despierte.
Está que desvaría por la unión de Afrodita,
pero al hombre que la posee le da náuseas.
Con sus hurtos causa muchos daños a sus vecinos,
y a menudo devora ofrendas destinadas al culto.

A otra la engendró una yegua linda de larga melena.
Ésta evita los trabajos serviles y la fatiga,
y no quiere tocar el mortero ni el cedazo
levanta ni la basura saca fuera de su casa,
ni siquiera se sienta junto al hogar para evitar
el hollín. Por necesidad se busca un buen marido.
Cada día se lava la suciedad hasta dos veces,
e incluso tres, y se unta de perfumes.
Siempre lleva su cabello bien peinado,
y cardado y adornado con flores.
Un bello espectáculo es una mujer así
para los demás, para su marido una desgracia,
de los que regocijan su ánimo con tales seres.

Otra viene de la mona. Ésta es, sin duda,
la mayor calamidad que Zeus dio a los hombres.
Es feísima de cara. Semejante mujer va por el pueblo
como objeto de risa para toda la gente.
Corta de cuello, apenas puede moverlo,
va sin trasero, brazos y piernas secos como palos.
¡Infeliz, quienquiera que tal fealdad abrace!
Todos los trucos y las trampas sabe
como un mono y no le preocupa el ridículo.
No quiere hacer bien a ninguno, sino que lo que mira
y de lo que todo el día delibera es justo esto:
cómo causar a cualquiera el mayor mal posible.

A otra la sacaron de la abeja. ¡Afortunado quien la tiene!
Pues es la única a la que no alcanza el reproche,
y en sus manos florece y aumenta la hacienda.
Querida envejece junto a su amante esposo
y cría una familia hermosa y renombrada.
Y se hace muy ilustre entre todas las mujeres,
y en torno suyo se derrama una gracia divina.
Y no le gusta sentarse con otras mujeres
cuando se cuentan historias de amoríos.
Tales son las mejores y más prudentes
mujeres que Zeus a los hombres depara.
Y las demás, todas ellas existen por un truco
de Zeus, y así permanecen junto a los hombres.

Pues éste es el mayor mal que Zeus creó:
las mujeres. Incluso si parecen ser de algún provecho,
resultan, para el marido sobre todo, un daño.
Pues no pasa tranquilo nunca un día entero
todo aquel que con mujer convive,
y no va a rechazar rápidamente de su casa al hambre,
odioso compañero del hogar, dios de mal temple.

Cuando piensa un hombre gozar de mejor ánimo
en su hogar, por gracia de los dioses o fortuna humana,
encuentra ella un reproche y se arma para la batalla.
Pues donde hay mujer no puede recibirse con agrado
ni siquiera a un huésped que acude a la casa.
La que parece, en efecto, que es la más sensata,
Ésa resulta ser la que más ofende a su marido,
y mientras anda él de pasmarote, sus vecinos
se ríen a su costa, viendo cuánto se equivoca.

Cada uno hará elogios recordando a su propia
mujer, y censuras cuando evoque a la de otro.
¡Y no advertimos que es igual nuestro destino!
Porque éste es el mayor mal que Zeus creó,
y nos lo echó en torno como una argolla irrompible,
desde la época aquella en que Hades acogiera
a los que por causa de una mujer se hicieron guerra.

         *************

Fragmento 1 D
Indefensión y vulnerabilidad del hombre 

Hijo mío,  Zeus tonante dispone el fin de todo lo existente  y lo dispone como quiere. Los hombres carecen de entendimiento. Vivimos el día a día  como animales, ignorantes por completo del final que  la divinidad dará a cada cosa. La esperanza y la convicción  alimentan a todos y mientras tanto se lanzan a empresas imposibles. Unos aguardan la llegada de un día determinado, otros esperan que pasen rodando  los años. Pero no hay mortal que no espere llegar con los años  a conseguir  riqueza y fortuna; pero la decrépita vejez  les llega  mucho antes de que logren obtener su meta. Otros son consumidos  por  penosas enfermedades. Otros, aniquilados por Ares, los proyecta Hades bajo la tierra negra. Algunos, en alta mar, zarandeados por la tormenta y los golpes de las negras olas, encuentran la muerte  cuando tratan de sobrevivir. y hay otros incluso  que, empujados por su triste destino, se cuelgan de una soga  y abandonan voluntariamente la luz del sol. Así que nada existe sin daño, sino que las formas de muerte son incontables  y las penas y las desgracias de los hombres son imprevisibles. ¡Ojalá me escucharan! No desearíamos tantas desdichas ni entre tantos duros dolores nos desgarraríamos el alma.
 

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