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Ecfrasis, Écfrasis, Ékfrasis. Ut pictura poesis (Horacio): La poesía es como la pintura

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“Ecfrasis” es una palabra griega: ἔκφρασιϛ,( ek y phrasis, 'fuera' y 'hablar') ,(procedente a su vez del verbo ἐκφράζο, ekphraso, de ek,fuera, y phraso, explicar con signos y palabras) que significa, pues, “exposición en detalle, explicación, descripción desde fuera o desde el principio o hasta el final”, hacer inteligible, descubir, destapar, hacer ver….

El término designa en la Antigüedad a una figura retórica. Por ejemplo, Hermógenes de Tarso  (h. 160 - h. 225) la define en  su Ecphrasis Progymnasmata como la  «descripción extendida, detallada, vívida, que permitía presentar el objeto ante los ojos». 

En el mundo antiguo el vocablo écfrasis  se refería a cualquier descripción vívida, llena de energeia, de energía, de fuerza,   de obras de arte, objetos, paisajes y personas que los pone con palabras ante los ojos del oyente o lector.

Con el tiempo este sentido general se fue limitando a la representación verbal de un objeto plástico, generalmente una pintura o escultura, que sería lo más frecuente en los ejercicios retóricos.

Fue precisamente Filóstrato Lemnio el que ayudo  a fijar este sentido más restringido en su obra Imagines I,1:

“Quien desdeña la pintura, delinque contra la verdad, delinque también contra toda esa sabiduría que debemos a los poetas -ya que poetas y pintores contribuyen por igual a nuestro conocimiento de las gestas y del aspecto de los héroes- y desdeña la proporción, gracias a cuyo ejercicio el arte participa de la razón”. (Trad. de Francesca Mestre, Madrid, Gredos, 1996.)

Este es el sentido que se ha impuesto modernamente. Asi  Umberto Eco (2003: 110):

«cuando un texto verbal describe una obra de arte visual, la tradición clásica habla de écfrasis». 

O Leo Spitzer : “la descripción poética de una obra de arte pictórica o escultórica” (1962, 72); 

o James Heffernan: “la representación verbal de una representación visual” (1993, 3), 

o Claus Clüver“la representación verbal de un texto real o ficticio compuesto en un sistema sígnico no verbal” (1994, 26). 

Es, pues, una descripción detallada, desde el principio, que es lo que significa la palabra “de- scribere: escribir de, desde el principio; y es también una re-presentación o segunda presentación en cuanto representa a otro objeto, la pintura, que es también representación primera del objeto.

Nota: progymnasmata  (de pro y gymnasmata)  designa a los ejercicios previos que hacían  los alumnos de retórica para saber utilizar los topoi, loci o lugares comunes  en los discursos.

En tanto en cuanto se trata de una descripción vívida, animada, emotiva coincide con el significado de  hipotiposis, (del griego: úποτúπωσις, esbozo, bosquejo, colocar un bosquejo ante los ojos de alguien),  o narración especialmente emotiva para excitar la imaginación del público oyente

Hay quien matiza más, en el sentido de que en la hipotiposis se parte de un texto y se va hacia la imagen y en la ecfrasis, al contrario, se parte de la imagen y se va hacia el texto. En realidad, las matizaciones son varias, porque no hay una definición exacta de los términos. Curiosamente el Diccionario de la Real Academia Española  no recoge el término écfrasis y en cambio sí recoge el de hipotiposis, que define así:

(Del gr. ὑποτύπωσις). 1. f. Ret. Descripción viva y eficaz de alguien o algo por medio del lenguaje.

Nota: El retrato es la descripción del aspecto físico y de las características espirituales de una persona; la prosopografía o prosopopeya  es el retrato del físico mientras que la etopeya lo es del aspecto interior.Topografía es la descripción del terreno.. Otros términos más especializados como pragmatografía o topofesía exceden el interés de este artículo.

La teorización sobre la ecfrasis se enmarca en la amplísima teorización sobre la relación de las artes entre sí y de manera especial de la pintura y la literatura, análogas y complementarias: las artes plásticas se inscriben en el espacio estáticamente y las artes verbales se desarrollan en el tiempo: la pintura intenta romper el estatismo, la poesía busca la materialidad del espacio.

Se atribuye a Simónides de Ceos  (c. 556 a.C.- c. 468 a.C.)  el haber planteado esta relación entre arte y literatura de acuerdo con la frase “la pintura es poesía muda y la poesía pintura
verbal
”, que tanto éxito tuvo después.

Así  en la ecfrasis la expresión literaria, que es capaza de expresar el movimiento y el tiempo, imita la quietud de la pintura; la pintura por su parte en muchas ocasiones aspira, siendo estática,  a expresar el movimiento y el tiempo.

¿Vale más una imagen que mil palabras? Tal vez en algunos casos, pero las palabras pueden hacer  ver, excitando la imaginación y utilizando las metáforas. A su vez se puede dar voz a la imagen.

Hoy la discusión se amplía a la relación de lo verbal y lo visual en el nuevo contexto digital porque los productos video textuales admiten una enorme variedad de formatos..

A estos tema ya se refirió Platón cuando trata de lo bello y la mímesis o imitación. La mímesis es representación, interpretación y recreación.

A propósito de la imitación dice Aristóteles en su Poética, 1448 b,

“...los seres humanos son sumamente imitativos y realizan sus primeros aprendizajes mediante la imitación...” (traducción de Salvador Mas, Madrid, Biblioteca Nueva, 2002,).

En este sentido y en relación con la mimesis, la écfrasis es representación, pero también interpretación y recreación, porque naturalmente, el poeta nos ofrece su visión e interpretacón de la obra visual. Incluso el poeta puede crear el objeto visual, inexistente antes de su descripción, como ocurre con la descripción del escudo de Aquiles, que más abajo reproduzco,

Dice Platón. relacionando la poesía con la pintura en República, libro X, 601a:

Diremos también, creo yo, que el poeta no sabemás que imitar, pero de una manera tal, que emplea colores de cada una de las artes, con los nombres y expresiones adecuados, hasta el punto de que aquellos otros que fían de las palabras estiman en mucho su disertación… (Traducción de José Antonio Míguez, para Edit. Aguilar. 1969)

Y Aristóteles en  su Poética, 1460b :

“Puesto que el poeta es un imitador como el pintor o cualquier otro que haga imágines, por fuerza ha de imitar siempre de una de estas tres maneras: o como era o es, o según se habla de ello y la opinión que se tiene, o como debe ser (Traducción de Paloma Ortiz García. Edit.Dykinson. Madrid 2011)
    
La frase que resume sentenciosamente la cuestión es la famosa de Horacio “ut pictura poesis” , “La poesía es como la pintura ”,  en su Epistula ad Pisones, v.  361

Precisamente comenzaba esta obra sobre preceptiva literaria, Epistula ad Pisones, recurriendo a la comparación de la poesía con la pintura:  (v. 1-10)

Si a una cabeza humana un pintor quisiera unir un cuello de caballo y, juntando miembros de toda especie adornarlos con plumas de distintos colores, de manera que una mujer hermosa de medio cuerpo arriba terminara en un pez horriblemente disforme, invitados a contemplar tal figura, ¿contendríais la risa, amigos? Creed, pues, Pisones, que muy semejante a este cuadro resultaría un libro cuyas inconsistentes imágines, cual pesadillas de enfermo, fueran construidas de modo que ni el pie ni la cabeza se fundieran en una sola forma. Los pintores, igual que los poetas, han tenido siempre el derecho de atreverse a todo. (, traducción de Helena Valentí, Barcelona, Bosch, 1961)

Humano capiti cervicem pictor equinam
iungere si velit et varias inducere plumas,
undique collatis membris, ut turpiter atrum
desinat in piscem mulier Formosa superne:
spectatum admissi risum teneatis, amici?
Credite, Pisones, isti tabulae fore librum
persimilem, cuis, velut aegri somnia, vanae
fingentur species, ut nec pes nec caput uni
reddatur formae. Pictoribus atque poetis
quidlibet audendi simper fuit aequa potestas.

La ecfrasis o descripción vívida y detallada una obra, precisamente interrelaciona las dos artes y sirve de enlace  entre lo verbal y lo visual.

Ovidio es el poeta que con gran frecuencia y detalle describe cuadros pictóricos y ha generado a su vez obras pictóricas a lo largo de todos los tiempos. Plagados están los museos de pinturas que recrean alguno de los mitos o personajes mitológicos descritos por Ovidio.

Ovidio por cierto, en este contexto de relación entre lo textual y lo visual y el arte y la imitación, mímesis y reproducción de la realidad había dicho en Metamorfosis, Libro III, 155 y ss.   “La naturaleza con su ingenio había imitado al arte”,

Había un valle cuajado de pinos y de puntiagudos cipreses, conocido por Gargafia, consagrado a Diana, la de corto vestido, y en cuyo más apartado rincón hay una gruta, rodeada de selva y en la que nada es obra del arte;  la naturaleza con sus propias habilidades había imitado al arte;  y así, con piedra pómez viva y con ligeras tobas había trazado un arco natural. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira. Alma Mater.CSIC.Madrid)

Vallis erat piceis et acuta densa cupressu,
nomine Gargaphie, succintae sacra Dianae,
cuius in extremo est antrum nemorale recessu
arte laboratum nulla; simulaverat artem
ingenio natura suo; nam pumice vivo
et levibus tofis nativum duxerat arcum.

Siglos más tarde Oscar Wilde remachó la afirmación :

" La vida imita al arte mucho más de lo que el arte imita a la vida ",“Life imitates art far more than arts imitates life” en The Decay of Lying.

Los ejemplos en autores de toda lengua, son numerosísimos. Probablemente el más famoso de la Antigüedad es la famosa descripción que en el canto XVIII de la Iliada se hace del escudo de Aquiles fabricado por Hefesto.  Su influencia ha sido enorme en toda la poesía, especialmente en la épica. A pesar de su dimensión, reproduzco más abajo el fragmento.

Ofreceré algunos otros  ejemplos de los numerosísimos existentes.

Así la visión de una pintura que un tal Zoilo tiene en el comedor de su casa en Tréveris es lo que origina el famoso poema en 103 hexámetros de Ausonio (310-395) titulado “Cupido torturado(Cupidus cruciatus) en el que se describe cómo unas mujeres están crucificando a Cupido, el dios del amor.

El poema, con el que Ausonio envía un saludo a su hijo Gregorio, comienza  así:

¿Has visto alguna vez una nube pintada en la pared? La has visto indudablemente y te acuerdas bien. Lo cierto es que en Tréveris, en el comedor de Zoilo, está pintada esta escena: unas mujeres enamoradas están clavando en una cruz a Cupido, y no son precisamente de nuestros días, que cometen sus faltas de buen grado, sino aquellas famosas heroínas, que se perdonan a sí mismas y castigan al dios. A algunas de ellas las cuenta nuestro Marón entre los Campos de lágrimas. Yo he contemplado con admiración este cuadro, tanto por su calidad como por su tema. Después el sentimiento  de admiración se me convirtió en necio deseo de componer un poema…(Ausonio, Cupido crucificado 1, 1-7)

En umquam vidisti tabulam 1 pictam in pariete? vidisti utique et meministi. Treveris quippe in triclinio Zoili fucata est pictura haec: Cupidinem cruci adfigunt mulieres amatrices, non istae de nostro saeculo, quae sponte peccant, sed illae heroicae, quae sibi ignoscunt et plectunt deum. quarum partem in lugentibus campis Maro noster enumerat. hanc ego imaginem specie et argumento miratus sum. Deinde mirandi stuporem transtuli ad ineptiam poetandi.
Sigue a continuación la descripción del cuadro.

El poeta cristiano Prudencio , (348 d. C. - c. 410), de Calahorra, utiliza esta figura en varios de sus poemas en los que canta las muertes de algunos mártires. Reproduzco también dos textos correspondientes a los poemas IX sobre Casiano y XI sobre Hipólito. En ambos casos narra el suplicio describiendo las pinturas que ilustran las tumbas de los mártires. Ya hice referencia a ellos en otros artículos de este blog. Véase: 

http://es.antiquitatem.com/martires-cristianismo-paganismo-casiano-

http://es.antiquitatem.com/hipolito-fedra-martirio-prudencio-seneca

 Prudencio,IX, sobre el martirio de Casiano, v. 7-20:

Mientras lloraba, meditando las heridas, agudos dolores y trabajos de mi vida y levantaba mi rostro al cielo, surgió, delante de mí, la imagen del mártir pintada en colores vivos.

Tenía mil llagas, toda  su piel desgarrada y agujereada por diminutos picotazos todo su cuerpo. Alrededor multitud de niños de odioso aspecto clavaban en su cuerpo pequeños estilos, * como es costumbre escribir, en las tablillas de cera al dictado de las escuelas.

Consultado el conservador de la sepultura, me dijo: “Lo que ves, viajero, no es cosa vana ni cuento de viejas. Refiere la pintura la historia que transmitida por libros nos comprueba la viva fe de aquel antiguo tiempo.
….

dum lacrimans mecum reputo mea vulnera et omnes
vitae labores ac dolorum acumina,
erexi ad caelum faciem, stetit obvia contra
fucis colorum picta imago martyris
plagas mille gerens, totos lacerata per artus,
ruptam minutis praeferens punctis cutem,
innumeri circum pueri, miserabile visu,
confossa parvis membra figebant stilis,
unde pugillares soliti percurrere ceras
scholare murmur adnotantes scripserant.
aedituus consultus ait: ‘quod prospicis, hospes,
non est inanis aut anilis fabula;
historiam pictura refert, quae tradita libris
veram vetusti temporis monstrat fidem.

Y al final del poema, versos  93-94 resume:

“Estas son,viajero, las cosas que ves pintadas a lo vivo; y la gloria de Casiano.

haec sunt, quae liquidis expressa coloribus, hospes, 
miraris, ista est Cassiani gloria,

Pasaje del poema XI  de Prudencio sobre Hipólito, versos 123-152:

Una  pared pintada al fresco ofrece la representación del crimen,
En la que la pintura multicolor ha dibujado todo el crimen;
La figura pintada sobre la tumba aumenta su fuerza del contraste de las sombras,
Dibujando los miembros ensangrentados del hombre que había sido arrastrado.
Yo he visto, buen padre, las crestas de las rocas cubiertas de rocío
y manchas de púrpura dejadas en los abrojos.
Una mano experta en representar los verdes espinos imitándolos
había dibujado la roja sangre con minio.
Se podía ver, con las articulaciones destrozadas, sin orden alguno,
Cómo los miembros estaban desparramados por  el variado terreno.
Había añadido a los amigos que le seguían con su paso y con sus lágrimas,
por donde la desviada senda mostraba el camino destrozado.
Marchaban sobrecogidos por la tristeza con los ojos abiertos
y llenaban los pliegues de sus vestidos con sus vísceras desgarradas.
Aquel abraza su nívea cabeza
y la protégé venerable en su suave pecho.
Este recoge los hombros  y las manos arrancadas y los brazos y los codos
las rodillas y los fragmentos desnudos de las piernas.
Con pequeños paños se secan también las arenas empapadas
Y ni siquiera una gota de rocío queda  en el polvo sucio.
Si alguna gota de sangre queda en las espinas
Con la reciente aspersión,  toda ella se recoge empapada en una esponja.
Ya el denso bosque nada retiene del sagrado cuerpo
Ni le priva de unas completas exequias.
Hecho el recuento de las partes, cuando se recogió el numero
que había sido el del cuerpo intacto,
y limpios los lugares escabrosos  con su vegetadicón y
con sus peñascos revisados que  no tenían ningún trozo más de todo el hombre,
se busca un lugar para erigir la tumba, se abandona las bocas (del Tiber, ostia),
Roma es un buen lugar para guardar las santas cenizas.

Exemplar sceleris paries habet illitus, in quo
multicolor fucus digerit omne nefas ;
picta super tumulum species liquidis uiget umbris,
effigians tracti membra cruenta uiri.
Rorantes saxorum apices uidi, optime papa,
purpureasque notas uepribus impositas.
Docta manus uirides imitando effingere dumos
luserat et minio russeolam saniem.
Cernere erat, ruptis compagibus, ordine nullo,
membra per incertos sparsa iacere situs.
Addiderat caros gressu lacrimisque sequentes,
deuia quo fractum semita monstrat iter.
Mærore adtoniti atque oculis rimantibus ibant
implebantque sinus uisceribus laceris.
Ille caput niueum complectitur ac reuerendam
canitiem molli confouet in gremio ;
hic humeros truncasque manus et brachia et ulnas
et genua et crurum fragmina nuda legit.
Palliolis etiam bibulæ siccantur harenæ,
ne quis in infecto puluere ros maneat.
Si quis et in sudibus recalenti aspergine sanguis
insidet, hunc omnem spongia pressa rapit.
Nec iam densa sacro quidquam de corpore silua
obtinet aut plenis fraudat ab exsequiis.
Cumque recensitis constaret partibus ille
corporis integri qui fuerat numerus,
nec purgata aliquid deberent auia, toto
ex homine extersis frondibus et scopulis,
metando eligitur tumulo locus, ostia linquunt,
Roma placet, sanctos quæ teneat cineres.

Iliada, canto XVIII, v. 478 y ss.

Hizo lo primero de todo un escudo grande y fuerte, de variada labor, con triple cenefa brillante y reluciente, provisto de una abrazadera de plata. Cinco capas tenía el escudo, y en la superior grabó el dios muchas artísticas figuras, con sabia inteligencia.

Allí puso la tierra, el cielo, el mar, el sol infatigable y la luna llena; allí las estrellas que el cielo coronan, las Pléyades, las Híades, el robusto Orión y la Osa, llamada por sobrenombre el Carro, la cual gira siempre en el mismo sitio, mira a Orión y es la única que deja de bañarse en el Océano.

Allí representó también dos ciudades de hombres dotados de palabra. En la una se celebraban bodas y festines: las novias salían de sus habitaciones y eran acompañadas por la ciudad a la luz de antorchas encendidas, oíanse repetidos cantos de himeneo, jóvenes danzantes formaban ruedos, dentro de los cuales sonaban flautas y cítaras, y las matronas admiraban el espectáculo desde los vestíbulos de las casas. — Los hombres estaban reunidos en el foro, pues se había suscitado una contienda entre dos varones acerca de la multa que debía pagarse por un homicidio: el uno declarando ante el pueblo, afirmaba que ya la tenía satisfecha; el otro, negaba haberla recibido, y ambos deseaban terminar el pleito presentando testigos. El pueblo se hallaba dividido en dos bandos que aplaudían sucesivamente a cada litigante; los heraldos aquietaban a la muchedumbre, y los ancianos, sentados sobre pulimentadas piedras en sagrado círculo, tenían en las manos los cetros de los heraldos, de voz potente, y levantándose uno tras otro publicaban el juicio que habían formado. En el centro estaban los dos talentos de oro que debían darse al que mejor demostrara la justicia de su causa.

La otra ciudad aparecía cercada por dos ejércitos cuyos individuos, revestidos de lucientes armaduras, no estaban acordes; los del primero deseaban arruinar la plaza y los otros querían dividir en dos partes cuantas riquezas encerraba la hermosa población. Pero los ciudadanos aún no se rendían, y preparaban secretamente una emboscada. Mujeres, niños y ancianos, subidos en la muralla, la defendían. Los sitiados marchaban, llevando al frente a Ares y a Palas Atenea, ambos de oro y con áureas vestiduras, hermosos, grandes, armados y distinguidos, como dioses; pues los hombres eran de estatura menor. Luego, en el lugar escogido para la emboscada, que era a orillas de un río y cerca de un abrevadero que utilizaba todo el ganado, sentábanse, cubiertos de reluciente bronce, y ponían dos centinelas avanzados para que les avisaran la llegada de las ovejas y de los bueyes de retorcidos cuernos. Pronto se presentaban los rebaños con dos pastores que se recreaban tocando la zampoña, sin presentir la asechanza. Cuando los emboscados los veían venir, corrían a su encuentro, se apoderaban de los rebaños de bueyes y de los magníficos hatos de blancas ovejas y mataban a los guardianes. Los sitiadores, que se hallaban reunidos en junta, oían el vocerío que se alzaba en torno de los bueyes, y montando ágiles corceles, acudían presurosos. Pronto se trababa a orillas del río una batalla, en la cual heríanse unos a otros con broncíneas lanzas. Allí se agitaban la Discordia, el Tumulto y la funesta Parca, que a un tiempo cogía a un guerrero con vida aún, pero recientemente herido, dejaba ileso a otro y arrastraba, asiéndole de los pies, por el campo de la batalla a un tercero que la muerte recibiera; y el ropaje que cubría su espalda estaba teñido de sangre humana. Movíanse todos como hombres vivos, peleaban y retiraban los muertos.

Representó también una blanda tierra noval, un campo fértil y vasto que se labraba por tercera vez: acá y allá muchos labradores guiaban las yuntas, y al llegar al confín del campo, un hombre les salía al encuentro y les daba una copa de dulce vino; y ellos volvían atrás, abriendo nuevos surcos, y deseaban llegar al otro extremo del noval profundo. Y la tierra que dejaban a su espalda negreaba y parecía labrada, siendo toda de oro; lo cual constituía una singular maravilla.

Grabó asimismo un campo de crecidas mieses que los jóvenes segaban con hoces afiladas: muchos manojos caían al suelo a lo largo del surco, y con ellos formaban gavillas los atadores. Tres eran éstos y unos rapaces cogían los manojos y se los llevaban abrazados. En medio, de pie en un surco, estaba el rey sin desplegar los labios, con el corazón alegre y el cetro en la mano. Debajo de una encina, los heraldos preparaban para el banquete un corpulento buey que habían matado. Y las mujeres aparejaban la comida de los trabajadores haciendo abundantes puches de blanca harina.

También entalló una hermosa viña de oro cuyas cepas, cargadas de negros racimos, estaban sostenidas por rodrigones de plata. Rodeábanla un foso de negruzco acero y un seto de estaño, y conducía a ella un solo camino por donde pasaban los acarreadores ocupados en la vendimia. Doncellas y mancebos pensando en cosas tiernas, llevaban el dulce fruto en cestos de mimbre; un muchacho tañía suavemente la armoniosa cítara y entonaba con tenue voz el hermoso canto de Lino, y todos le acompañaban cantando profiriendo voces de júbilo y golpeando con los pies el suelo.

Representó luego un rebaño de vacas de erguida cornamenta: los animales eran de oro y estaño y salían del establo mugiendo, para pastar a orillas de un sonoro río junto a un flexible cañaveral. Cuatro pastores de oro guiaban a las vacas y nueve canes de pies ligeros los seguían. Entre las primeras vacas, dos terribles leones habían sujetado y conducían a un toro que daba fuertes mugidos. Perceguíanlos mancebos y perros. Pero los leones lograban desgarrar la piel del animal y tragaban los intestinos y la negra sangre; mientras los pastores intentaban, aunque inútilmente, estorbarlo, y azuzaban a los ágiles canes: éstos se apartaban de los leones sin morderlos, ladraban desde cerca: rehuían el encuentro de las fieras.

Hizo también el ilustre Cojo de ambos pies un gran prado en hermoso valle, donde pacían las cándidas ovejas, con establos, chozas techadas y apriscos.

El ilustre Cojo de ambos pies puso luego una danza como la que Dédalo concertó en la vasta Cnoso en obsequio de Ariadna, la de lindas trenzas. Mancebos y doncellas hermosas, cogidos de las manos, se divertían bailando: éstas llevaban vestidos de sutil lino y bonitas guirnaldas, y aquéllos, túnicas bien tejidas y algo lustrosas, como frotadas con aceite, y sables de oro suspendidos de argénteos tahalíes. Unas veces, moviendo los diestros pies, daban vueltas a la redonda con la misma facilidad con que el alfarero aplica su mano al torno y lo prueba para ver si corre, y en otras ocasiones se colocaban por hileras y bailaban separadamente. Gentío inmenso rodeaba el baile, y se holgaba en contemplarlo. Un divino aedo cantaba, acompañándose con la cítara; y en cuanto se oía el preludio, dos saltadores hacían cabriolas en medio de la muchedumbre.

En la orla del sólido escudo representó la poderosa corriente del río Océano.
Después que construyó el grande y fuerte escudo, hizo para Aquileo una coraza más reluciente que el resplandor del fuego; un sólido casco, hermoso, labrado, de áurea cimera, que a sus sienes se adaptara, y unas grebas de dúctil estaño.

Cuando el ilustre Cojo de ambos pies hubo fabricado las armas, entrególas a la madre de Aquileo. Y Tetis saltó, como un gavilán, desde el nevado Olimpo, llevando la reluciente armadura que Hefesto había construido.
Traducción de Luis Segalá y Estalella - 1910

   
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