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NIHIL NOVUM SUB SOLE

1001 hechos, dichos, curiosidades y anécdotas del mundo antiguo

Urbi et orbi: la ciudad dueña de un Imperio (III)

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La expresión “urbi et orbi” tuvo notable éxito por referirse a una “urbe” que se convirtió en la capital del “orbe” y también porque en sí misma la frase encierra un atractivo juego de palabras consistente en relacionar dos palabras de distinto significado pero que tan sólo se diferencian en un fonema o en una letra; es decir, porque “urbi et orbi” es una paronomasia.

Varrón, lógicamente no resiste  la tentación de buscar una explicación o extraer una conclusión, (no importa si es acertada o no, que no parece serlo), de la proximidad entre los dos términos: urbem y orbem. Lo hace en su De lingua Latina, V,143:

Muchos fundadores levantaban en el Lacio ciudades siguiendo el rito etrusco, a saber: después de uncir dos animales vacunos, un toro y una vaca –que ocuparía lz posición interior-, trazaban con el arado un survo, para sentirse fortificados por un foso y una muralla. Naturalmente la operación laa realizaban un día en que, de acuerdo con la religión, los auspicios fueran favorables. El agujero resultante de extraer la tierra lo llamaban fossa: y la tierra  arrojada tras él, murum (muralla). Después de ello, el círculo (orbis) que se obtenía era el comienzo de la ciudad (urbs, urbis); y, como ese círculo se encontraba detrás de la muralla (post murum), se denominaba post moerium: hasta aquí llegaba el lugar en que podían tomarse los auspicios de la ciudad. En torno a Aricia y a Roma aún están en pie los mojones del pomerio. Resumiendo: las ciudades cuyos límites eran trazados con un arado se llamaban urbes, nombre derivado de orbis (círculo) y urvum (cama del arado). Por este motivo, en los documentos antiguos todas nuestras colonias se regisgtran con la denominación de urbes, porque fueron fundadas del mismo modo que Roma; y por idéntica razón las colonias se fundan como ciudades, porque están colocadas dentro de un pomerio.

Oppida condebant in Latio Etrusco ritu multi, id est, iunctis bobus, tauro et vacca interiore, aratro circumagebant sulcum (hoc faciebant religionis causa die auspicato), ut fossa et muro essent muniti. Terram unde exculpserant, fossam vocabant et introrsum iactam murum. Post ea qui fiebatorbis, urbis principium; qui quod erat post murum, postmoerium dictum, eo usque auspicia urbana finiuntur. Cippi pomeri stant et cirum Ariciam et circum Romam. Quare et oppida quae prius erant circumducta aratro ab orbe et urvo urbes; et ideo coloniae nostrae omnes in litterid antiquis scribunturt urbes, quod ítem conditae ut Roma; et ideo coloniae et urbes conduntur, quod intra pomerium ponuntur.

Presentaré algunos textos que ejemplifiquen la utilización en la Antigüedad de esta paronomasia.

Cornelio Nepote (c. 100 a. C.- c. 25 a. C.) en la vida de Atico pone  en contacto ambas palabras:

Nepote, Vida de Ático, 20,5

Quán difícil sea esto, lo conocerá mas bien quien sea capaz de comprehender, cuanta cordura es menester para conservarse en el trato y amor de dos sujetos, que además de competir sobre intereses de la mayor inportancia, estaban tan opuestos y encontrados, como era forzoso  lo estuviesen César y M.Antonio, deseando uno y otro mandar, no solo Roma, sino a todo el universo. (Traducción de Rodrigo de Oviedo)

hoc quale sit, facilius existimabit is, qui iudicare poterit, quantae sit sapientiae eorum retinere usum benivolentiamque, inter quos maximarum rerum non solum aemulatio, sed obtrectatio tanta intercedebat, quantam fuit incidere necesse inter Caesarem atque Antonium, cum se uterque principem non solum urbis Romae, sed orbis terrarum esse cuperet.

Así Ovidio, en su Arte de Amar comenta que los espectáculos públicos a los que asisten las mujeres son una buena ocasión para establecer algún tipo de relación. En este pasaje hace una interesante integración, una paronomasia entre “urbe” y “orbis”: atque ingens orbis in Urbe fuit

Arte de amar, 1, 171 y ss.

¿Y qué pasó, cuando últimamente César enfrentó las naves persas con las cecropias  aparentando que se trataba de una batalla naval?  Jóvenes y muchachas de uno y otro mar llegaron hasta aquí y una gran parte del orbe estuvo en la urbe. ¿Quién no encontró prenda que amar entre toda aquella muchedumbre?¡ay! a cuántos les hizo sufrir un amor llegado de lejos!

He aquí que el César se prepara para anexionarse lo que falta por conquistar del orbe: ahora, Oriente remoto, serás nuestro. Parto, sufrirás el castigo. ¡Alegraos vosotros, Craso y compañeros que estáis ya enterrados, y vosotras, enseñas que sufristeis en mala hora las manos de los bárbaros! Aquí está vuestro vengador, y promete ser general desde sus primeros años y, aunque sólo es un muchacho,  lleva con acierto una guerra difícil de dirigir para un muchacho.  (Traducción de Vicente Cristobal López)

quid, modo cum belli navalis imagine Caesar
   Persidas induxit Cecropiasque rates?
nempe ab utroque mari iuvenes, ab utroque puellae
   Venere, atque ingens orbis in Urbe fuit.
quis non invenit turba, quod amaret, in illa?      
   eheu, quam multos advena torsit amor!
ecce, parat Caesar domito quod defuit orbi
   addere: nunc, oriens ultime, noster eris.
Parthe, dabis poenas: Crassi gaudete sepulti,
signaque barbaricas non bene passa manus.      
ultor adest, primisque ducem profitetur in annis,
   bellaque non puero tractat agenda puer.

Veleyo Paterculo (c. 19 a. C. - c. 31), Historia de Roma, 2,44

Así, éste, siendo cónsul constituyó una sociedad de poder entre Gneo Pompeyo,  Marco Craso y él, que fue nefasta para Roma y para el mundo (quae urbi orbique terrarum) y les acarreó consecuencias no menos fatales a cada uno en distintos momentos. Al secundar este proyecto, Pompeyo había tenido la intención de que su conducta en las provincias del otro lado del mar, que muchos, según hemos dicho, criticaban, fuera finalmente aprobada por medio del cónsul César; por su parte, César se daba cuenta de que cediendo ante la gloria de Pompeyo aumentaría la suya, y que al desviarse hacia éste los odios por el poder compartido, él iba a reforzar sus posibilidades; Craso, como no había podido conseguir él solo el principado, intentaba alcanzarlo por la autoridad de Pompeyo y los recursos de César. También se estableció un parentesco por matrimonio entre César y Pompeyo; pues Gneo Magno se casó con la hija de Gayo César. (Traducción de María Asunción Sánchez Manzano. Editorial Gredos)

Hoc igitur consule inter eum et Cn. Pompeium et M. Crassum inita potentiae societas, quae urbi orbique terrarum nec minus diverso cuique tempore ipsis exitiabilis fuit.  Hoc consilium sequendi Pompeius causam habuerat, ut tandem acta in transmarinis provinciis, quibus, ut praediximus, multi obtrectabant, per Caesarem confirmarentur consulem, Caesar autem, quod animadvertebat se cedendo Pompei gloriae aucturum suam et invidia communis potentiae in illum relegata confirmaturum vires suas, Crassus, ut quem principatum solus adsequi non poterat, auctoritate Pompei, viribus teneret Caesaris,  adfinitas etiam inter Caesarem Pompeiumque contracta nuptiis, quippe Iuliam, filiam C. Caesaris, Cn. Magnus duxit uxorem.

Tertuliano (ca.160-ca.220), 40,1-4 en su Apologeticum pone en relación las dos palabras:

quantae clades orbem et urbes ceciderunt!

Que las calamidades no suceden al mundo ni al imperio por ocasión de los cristianos, como dicen los gentiles. Antes por el contrario, el nombre de amotinados se debe acomodar a los que conspiran en odio de los buenos y honrados, a los que proclaman contra la sangre inocente, excusando el odio con pretexto de aquella frívola vanidad con que piensan, que toda común desdicha y las particulares descomodidades del pueblo suceden por causa de los cristianos . Si el Tíber sube a las murallas ; si el Nilo no llega a regar las vegas; si el cielo está sereno y no da lluvias; si la tierra tiembla o se estremece; si el hambre aflige; si la peste mata, luego grita el pueblo: arrójense los cristianos al león. ¿Un león para tantos?

Yo ruego que me digáis: ¿cuántas calamidades cayeron sobre el mundo y sobre Roma (quantae clades orbem et urbes ceciderunt! ) antes del imperio de Tiberio , esto es, antes de la venida de Cristo? Leemos que Hierápoli  y las islas de Delon, Rodas  y Coon, con muchos millares de hombres se hundieron.

At e contrario illis nomen factionis accommodandum est, qui in odium bonorum et proborum conspirant, qui adversum sanguinem innocentium conclamant, praetexentes sane ad odii defensionem illam quoque vanitatem, quod existiment omnis publicae cladis, omnis popularis incommodi Christianos esse in causa[m].  Si Tiberis ascendit in moenia, si Nilus non ascendit in arva, si caelum stetit, si terra movit, si fames, si lues, statim: "Christianos ad leonem!" acclamatur. Tantos ad unum?
Oro vos, ante Tiberium, id est ante Christi adventum, quantae clades orbem et urbes ceciderunt! Legimus Hieran, Anaphen et Delon et Rhodon et Co insulas multis cum milibus hominum pessum abisse.

Sidonio Apolinar (hacia el 430-489 d.C.) obispo de Clermont Ferrand, en Carmina,7, se sirve de esta paronomasia: captivus, ut aiunt, orbis in urbe iacet (verso 557)

El Carmen 7 es un panegírico a su suegro Avito cuando fue nombrado emperador. En una reunión de los dioses Roma se queja de su decadencia; se pasa revista a su historia e interviene Júpiter. Luego Avito es proclamado emperador por los visigodos y por los galorromanos.

Sidonio Apolinar, Carmina, 7, 550 y ss.

»Ahora te llama el destino supremo; en un tiempo azaroso  no gobierna el Imperio un cobarde. Se deja de lado todo rodeo cuando una situación extrema requiere un hombre preclaro: tras las derrotas del Tesino y Trebia la república atemorizada acudió apresurada a Fabio. La elección de Livio hizo olvidar la célebre derrota de Cannas, a pesar de la fuga de Varrón, e hizo quebrar al fenicio, engreído por la  muerte de los Escipiones.

»Dicen que el mundo yace cautivo en la urbe (captivus, ut aiunt, orbis in urbe iacet;) el emperador ha muerto; aquí tiene hoy una cabeza todo el imperio. Te lo pedimos, sube al tribunal, levanta a los que están decaídos;  en esta situación, el momento no pide que algún otro ame más a Roma.

»No pienses que quizá no eres digno del mando: tú sabes que cuando los estandartes de Breno acosaban la roca Tarpeya, toda la república era Camilo, quien, obligado a vengar a la patria, cubrió los humeantes rescoldos con una matanza de enemigos.

»No han sido regalos al populacho los que han dispuesto a tu favor lascenturias, ni acuden a votarte tribus venales, sobornadas a punta de dinero. Nadie compra el voto del mundo. Eres elegido, aunque pobre; basta una sola cosa: eres rico en méritos. ¿Por qué tardas en aceptar la voluntad  de la patria que te ordena tomar elmando? Éste es el pensamiento de todos: si tú te conviertes en señor, yo seré libre’.(Traducción de Agustín López Kindler. Editorial Gredos)

nunc iam summa vocant,  dubio sub tempore regnum
non regit ignavus, postponitur ambitus omnis
ultima cum claros quaerunt: post damna Ticini
ac Trebiae trepidans raptim respublica venit
ad Fabium; Cannas celebres Varrone fugato
Scipiadumque etiam turgentem funere Poenum
Livius electus fregit, captivus, ut aiunt,
orbis in urbe iacet; princeps perit, hic caput omne
nunc habet imperium, petimus, conscende tribunal, 
erige collapsos; non hoc modo tempora poscunt,
ut Romam plus alter amet. nec forte reare
te regno non esse parem: cum Brennica signa
Tarpeium premerent, scis, tum respublica nostra
tota Camillus erat, patriae qui debitus ultor
texit fumantes hostili strage favillas.
non tibi centurias aurum populare paravit,
nec modo venales numerosoque asse redemptae
concurrunt ad puncta tribus; suffragia mundi
nullus emit, pauper legeris ; quod sufficit unum,
es meritis dives, patriae cur vota moraris,
quae iubet ut iubeas ? haec est sententia cunctis :
si dominus fis, liber ero.'

Flavio Cresconio Coripo (Flavius Cresconius Corippus) que vivio aproximadamente del año 500 al 570 de nuestra era fue probablemente el último autor latino importante de la Antigüedad, de la época de los emperadores bizantinos Justiniano I y Justino II. Sus dos principales obras son el poema épico Johannis y el panegírico In laudem Justini minoris.

Es justamente en esta última en el que utiliza en varias ocasiones la fórmula “urbis-orbis”; precisamente es un rasgo de su estilo la repetición de palabras y conceptos y también el uso de paronomasias o palabras muy parecidas en la forma aunque distintas en el significado. Así

Verso I, 173 y ss.

Todo el grupo, postrado y tendido ante sus pies, mientras así hablaba, dice al unísono: ≪Ten piedad, compadécete, santo varón, de quienes te suplican, ven a socorrernos en la adversidad. Pronto verás con la llegada del día que todo se habrá perdido, si el pueblo llega a percibir el vacío de poder, ante la pérdida del emperador. Por mucho que te conmueva el afecto por tu buen padre, que no sea el amor a la patria menor que el de tu progenitor. Tu mismo tío, moribundo, te ordenó con sus propias palabras que fueras tu quien conservara el cetro. Mira cuanta fue la previsión y solicitud del anciano para con nuestra ciudad y el mundo entero. (aspice quanta fuit nostrae simul urbis et orbis)  En tu favor hizo Dios todo lo que quiso que fuera realizado. Sube al trono paterno, príncipe  valerosísimo, y gobierna el mundo que a ti se somete. (Traducción de Ana Ramírez Tirado. Editorial Gredos)

Talia dicentis pedibus prostrata iacensque
omnis turba simul “pius es, miserere” perorat
“supplicibus, vir sancte, tuis: succurre periclis.
Omnia mox veniente die periisse videbis,
si vacuam vulgussine príncipe senserit aulam.
Quantumcumque boni moveat dilectio patris,
non sit amor patriae patrio minor. Ipse tenere
sceptra tuus moriens te iussit avunculus ore.
aspice quanta fuit nostrae simul urbis et orbis
próvida cura seni. pro te deus omnia fecit,
quae fieri voluit. solium conscende paternum
et rege subiectum, prínceps fortissime, mundum

Y de nuevo en Verso 244 y ss.

Y no injustamente, creo, pues ¿iba a estar él, al morir, tan dichoso y con semblante tan lleno de bondad, si su alma, consciente del bien que llevo a cabo, no hubiera abandonado sus tranquilos miembros, volando hacia el cielo y no hubiera afianzado el imperio tras confirmar a un heredero? Cuando acudió allí el noble Justino, poniendo sus amorosos brazos en tomo al cuerpo sin  vida, así hablo sollozando: ≪Luz de la ciudad y del universo, padre Justiniano, ¿abandonas tu amada corte y dejas a tus allegados, a tus sirvientes y a tantos súbditos? ¿Menosprecias la tierra? ¿No velas por el mundo extenuado? Aquí tienes a los ávares, a los amenazadores francos, a los gépides, a los getas y a tantas otras naciones que, tras poner en movimiento sus enseñas, provocan guerras por doquier. ¿Con qué empuje vamos a vencer a tantos enemigos si tú, firmeza de Roma, estás muerto?≫.
((Traducción de Ana Ramírez Tirado. Editorial Gredos)

Haud, reor, immerito sic laetus et ore benignus
Ille foret moriens, nisi mens sibi conscia recti
in caelum properans securos linqueret artus
et tutum imperium firmato herede locaret.
Huc ubi magnanimus sacra cum coniuge venit,
cara per exanimum circumdans brachia corpus
cum lacrimis Iustinus ait: “lux urbis et orbis,
Iustiniane pater, dilectam deseris aulam?
Cognatos fámulos et tantos linquis alumnos?
Contemnis terras? Fesso non prospicis orbi?
En Avares Francique truces Gepidesque Getaeque
totque aliae gentes commotis undique ignis
bella movent; qua vi tantos superabimos hostes,
cum virtus Romana iacet?...

Y otra vez en verso III, 72 y ss.:

Organos, plectros y liras resonaron por toda la ciudad; se ofrecieron mil clases de espectáculos, mil festines, hubo danzas, risas, ajetreo, regocijo y aplausos. Desean larga vida a los emperadores entre alegres clamores. ≪Tras la vejez≫, afirman, ≪el mundo se regocija por su rejuvenecimiento y busca los principios de su aspecto originario. Desaparece ahora una edad de hierro y surge una edad de oro en tu época, Justino, esperanza de la ciudad y del mundo, resplandor del imperio romano, gloria añadida a todos los emperadores que te precedieron, cuya sabiduría victoriosa obtuvo la más alta cumbre del reino paterno≫. (Traducción de Ana Ramírez Tirado. Editorial Gredos)

Organa, plectra, lyrae totam insonuere per urbem.
Mille voluptatum species, convicia mille,
saltatus, risus, discursus, gaudia, plausus.
Augustis vitam laetis clamoribus optant.
post senium dicunt “sese iuvenescere mundus
gaudet Et antiquae repetit  primordia formae.
Férrea nunc abeunt aurea saecula surgunt
temporibus, Iustine, tuis, spes urbis et orbis,
Romani iubar imperii, decus addite cunctis
retro principibus, cuius sapientia victrix
obtinuit patrii fastigia máxima regni.”

El resumen de todo esto, del contenido y de la figura literaria,  lo personifica un verso feliz del poeta galo del siglo V Rutilio Namaciano, del que conservamos parte del único poema que sabemos que escribió, titulado “De reditu suo” (Sobre el regreso). En él canta la grandeza y antiguo esplendor de Roma y critica al Cristianismo. En el llamado Himno a Roma, que aparece personificada, encontramos el verso resumen al que me refería:

             'urbem fecisti quod prius orbis erat'
“formaste una ciudad de lo que antes era un mundo”

“!Escucha, Roma, hermosisima reina de un mundo que
es tuyo, acogida entre las celestes estrellas!
!Escucha, engendradora de hombres y engendradora de dioses,
gracias a tus templos no nos mantenemos alejados del cielo!
A ti cantamos y siempre cantaremos mientras los hados lo permitan:
nadie en vida puede olvidarte. Antes sepultaria yo el sol en impio olvido
que apartar de mi corazon tu gloriosa fama,
pues derramas tus favores como rayos de sol
por donde se agita vacilante el envolvente Oceano.
Por ti da vueltas Febo, que todo lo abarca,
y en ti esconde los caballos que de ti habian salido.
A ti no te detuvo Libia con sus ardientes arenas
ni te arredro la Osa guarnecida de hielo.
Cuanta extension comprende la naturaleza hasta las regiones habitables,
otro tanto la tierra se convierte en camino accesible a tu valor.
Formaste de pueblos distintos una unica patria;
al imponer tu poder, beneficiaste a los vencidos,
ignorantes de la justicia, y al ofrecerles compartir tus propias leyes,
formaste una ciudad de lo que antes era un mundo.(
'urbem fecisti quod prius orbis erat')
Como autores de tu linaje reconocemos a Venus y a Marte,
la madre de los Eneadas y el padre de los Romulidas.
Cuando vences, la clemencia ablanda tu brazo armado:
en tu personalidad aunas la inspiracion de ambos dioses.
De ahi tu gran satisfaccion en combatir y en perdonar:
vences a quienes has temido, amas a quienes has vencido.

(Traducción de Alfonso Grcía-Torano Martínez. Editorial Gredos).

"exaudi, regina tui pulcherrima mundi,
inter sidereos Roma recepta polos,
exaudi, genetrix hominum genetrixque deorum,
non procul a caelo per tua templa sumus:
te canimus semperque, sinent dum fata, canemus:
sospes nemo potest immemor esse tui.
obruerint citius scelerata oblivia solem,
quam tuus ex nostro corde recedat honos.
nam solis radiis aequalia munera tendis,
qua circumfusus fluctuat Oceanus.
volvitur ipse tibi, qui continet omnia, Phoebus
eque tuis ortos in tua condit equos.
te non flammigeris Libye tardavit harenis,
non armata suo reppulit Ursa gelu:
quantum vitalis natura tetendit in axes,
tantum virtuti pervia terrae tuae.
fecisti patriam diversis gentibus unam:
profuit iniustis te dominante capi.
dumque offers victis proprii consortia iuris,
urbem fecisti quod prius orbis erat.
"auctores generis Venerem Martemque fatemur,
Aeneadum matrem Romulidumque patrem:
mitigat armatas victrix clementia vires,
convenit in mores nomen utrumque tuos:
hinc tibi certandi bona parcendique voluptas:
quos timuit superat, quos superavit amat.

La Iglesia Católica y Romana es deudora de la antigua Roma en casi todo, en gran parte de sus mitos, creencias y dogmas, en sus ritos, en su expresión artística, en su estructura administrativa y jurídica, y por supuesto en su lengua oficial, que sigue siendo el latín. Esta expresión es una prueba más de ello. Si el Papa Católico hoy puede dirigirse “a la ciudad y al mundo” es precisamente porque él es “el obispo de Roma”, la ciudad (urbs) que fue capital del mundo (orbis)

   
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