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NIHIL NOVUM SUB SOLE

1001 hechos, dichos, curiosidades y anécdotas del mundo antiguo

Todos los caminos conducen a Roma. (Omnes viae Romam ducunt)

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Hoy no, pero hace dos mil años ciertamente todos los caminos conducían a Roma, que era la capital de un enorme imperio. Más de 380 vías principales o calzadas con más de 80.000 kms., permitían a sus legiones, a sus funcionarios, a sus ciudadanos salir y acudir con facilidad a la capital, Roma. Es curioso constatar cómo la dirección de todas las carreteras marcaba Roma como destino final, como si de los rayos o radios de una enorme circunferencia se tratara. Se extienden desde las Columnas de Hércules en Hispania o el “muro de Adriano” en Escocia hasta el Éufrates en Mesopotamia, del norte de Alemania hasta el desierto norteafricano.

Esas 380 vías principales, (algunos citan tal vez con más exactitud 372, que son las que relaciona el Itinerarium Antonini del que más adelante hablaré, 34 de ellas referidas a Hispania),  que solían recibir el nombre de su promotor, iban confluyendo unas en otras hasta llegar a la capital, Roma, en la que entran 19, diecinueve: Salaria y Nomentana que confluían ya dentro de la muralla Aureliana; Tiburtina, a la que se unía la Collatina; La Praenestina y Labicana que se unían a otras dos, las LatinaAppiaSacra; Ardeatina que se unía a la Ostiensis que venía del puerto; Septizonium; Portuensis; Aurelia que se unía a la Portuensis; y la Flaminia.

Mapa general en época de Adriano (125)

Nota: se llaman también “calzadas”, con un término del latín vulgar,  *calciāta , que significa camino empedrado; “calciata” deriva de calx,-cis, que significa piedra caliza (en español existen también cal, calcáreo, cálcico,calcificar y calcificación, calcinar,(compuesto de calx, cal y cinis,-eris, ceniza,por extensión, convertir cualquier cosa en  cenizas.) encalar, cálculo… (véase: http://es.antiquitatem.com/calculo-numeracion-romana-calcular ) No debe relacionarse el término con calzado, sustantivo y también participio del verbo calzar, que deriva de calzeus, derivado a su vez de otro calx,-cis que significa “talón”, de donde calcaño y calcañar, parte posterior de la planta del pie.

Las vías se llaman también “viae stratae”, carreteras constituidas por estratos superpuestos de distintos tipos de piedra y grava, que las han hecho eternas. Precisamente de este nombre de las vías derivan el   italiano “strada”, inglés street, alemán Straße, holandés straat, gallego y portugués estrada.

Una curiosidad: “Carretera” deriva de carreta y esta de carro, que tal vez no es originariamente una palabra latina sino celta, “carros”. Esto nos remite a la consideración de la importancia del llamado “substrato celta” en muchos de los territorios dominados por Roma. Por otra parte el “celta” está muy relacionado con el Latín porque ambas son lenguas indoeuropeas. Precisamente la raíz indoeuropea de esta palabra podría ser “*kers" , de la que también derivan o están relacionadas currere, (correr), cursar, corcel, sucursal, acosar de un previo “accursus”, etc.
En otra ocasión hablaremos de las vías en general y de las de Hispania en particular.

Nota: Diré hoy, como curiosidad, que una de las vías más famosas en España, utilizada o conservada todavía hoy en muchos tramos, es la conocida como “Vía de la Plata”, que iba de Mérida (Augusta Emerita) hasta Astorga (Asturica Augusta), cuyo nombre nada tiene que ver con el del mineral tan apreciado en el mundo antiguo; en latín se llamaba “argentum”, nombre que sin duda le recordará al lector algunos derivados (argentífero, argénteo…). El nombre deriva de la denominación en el árabe de la época andalusí vía al-Balat, camino empedrado.

Pues bien, en esta enorme red las vías eran señalizadas con hitos o mojones que marcaban las distancias y de paso recordaban a los autores o favorecedores de la carretera para su mayor honra y gloria. Esos hitos se llamaban miliarios porque se colocaban cada mil pasos, (una milla equivale a 1481 metros aproximadamente), como hoy los kilómetros se colocan cada mil metros una vez que aplicamos el sistema métrico decimal.

Miliarios de la localidad de Carcaboso (Cáceres).

Como las vías o carreteras partían o llegaban a Roma como los radios de una enorme circunferencia, allí estaba colocado el miliario “0” como punto central, como hoy existe en la Puerta del Sol de Madrid el Kilómetro “0”,  del que parten todas las carreteras radiales que llegan a los rincones de España.

Es curioso constatar cómo los Estados centralizados tuvieron en la Antigüedad como tienen hoy una disposición y estructura radial: para ir de una ciudad a otra se ha de pasar por el centro, en el que confluyen todos los caminos.

Ese miliario 0 romano no se llamaba realmente así, porque los romanos no manejaban el cero, sino que para remarcar su importancia central le llamaron milliarium aureum, miliario de oro,  porque era de bronce bañado en oro, y fue colocado en el Foro, junto al templo de Saturno,  por Augusto en el año 20 antes de Cristo. Debió tener 3,45 metros de alto y 1,15 de diámetro la columna.

Las distancias se medían por referencia a él.  No se conoce la inscripción grabada en esa columna, tal vez tan sólo el nombre el emperador Augusto o los nombres de las ciudades importantes del Imperio y las distancias como dan por hecho numerosos autores sin suficiente fundamento influenciados por las costumbres actuales, o quizás los nombres de los encargados del mantenimiento de la red viaria o “curatores viarum”

Dion Casio recuerda cómo Augusto fue nombrado curator viarum e hizo erigir el milliarium aureum, en  54.8,4, coincidiendo con la celebración de su triunfo sobre los Partos:

Dion Casio, 54,8,4

Pero todas estas celebraciones con ocasión de la recuperación de los estandartes fueron ejecutadas más tarde. En el momento del que estamos hablando, fue nombrado procurador de las vías en el entorno de Roma, y con esta autoridad erigió el llamado “miliario de oro”, y designó para mantener estas vías a antiguos pretores con dos lictores cada uno.

Quizás en el momento en que se erigió esta columna, este miliario, se creó la frase “Todos los caminos conducen a Roma”.

Al miliario áureo hacen referencia Plutarch, Galba 24.4; Pliny, Naturalis Historia 3.66; Tacitus, Historiae 1.27; Suetonius, Otho 6.2.

Plutarco hace una referencia también al miliario como punto final de todas las carreteras romanas en la ocasión en que Otón está a punto de ser nombrado emperador suplantando a Galba:

Plutarco, Galba 24.4

Hallábase éste presente, a espaldas de Galba, y estaba muy atento a lo que Umbricio decía y anunciaba; y como se asustase y tuviese con el miedo muchas alteraciones en el color, el liberto Onomasto, que estaba a su lado, le dijo que le buscaban y le estaban aguardando en casa los arquitectos: porque ésta era la seña convenida del momento en que debía presentarse a los soldados. Añadiendo, pues, él mismo que, habiendo comprado una casa vieja, quería mostrar a los destajeros aquellas piezas que necesitaban reparos, se marchó, y, bajando por la casa llamada de Tiberio, fue a la plaza al sitio donde está la columna de oro, en que van a rematar todas las carreteras principales de la Italia. (Traducción de Ranz Romanillos)

Tácito en Historias,1,27  y Suetonio en vida de Otón,6 relatan el mismo episodio y también hacen referencia al miliario de oro.

También Plinio el Viejo, que nos ofrece amplia información sobre vías y ciudades, hace una referencia interesante en un texto en el que encarece las dimensiones e importancia de Roma, ciudad sin parangón en el mundo.

Plinio, Naturalis Historia, III, 66-67

Rómulo dejó la urbe teniendo tres puertas o cuatro (por dar crédito a los que dicen que eran más). El conjunto de sus murallas en el año ochocientos veintiséis de su fundación, siendo emperadores y censores los Vespasianos, comprendía trece mil doscientos pasos de contorno. Abraza las siete colinas y se divide en catorce distritos y hay doscientas sesenta y cinco capillas de crucero de los dioses Lares. La extensión de la ciudad, trazando una línea recta desde el miliario colocado en la cabecera del Foro Romano hasta cada una de las puertas que hay hoy en número de treinta y siete (si se cuentan como una las llamadas doce, y se prescinde de las siete antiguas que han dejado de existir), arroja un total de  veinte mil setecientos sesenta y cinco pasos en línea recta. Pero hasta el final de las edificaciones, comprendido el campo de los pretorianos, desde el mismo miliario, y a través de los diversos distritos, la longitud de todas las vías públicas alcanza un poco más de sesenta mil pasos. Si a eso se añadiera la altura de los edificios, se obtendría un cálculo ciertamente adecuado y se proclamaría que no hay en todo el orbe ciudad ninguna cuyo tamaño pudiera comparársele. (Traducción de Antonio Fontán para Editorial Gredos. 1998)

Plin. Nat. 3.30  (o 3.66-67)

Urbem tris portas habentem Romulus reliquit aut, ut plurimas tradentibus credamus, IIII. moenia eius collegere ambitu imperatoribus censoribusque Vespasianis anno conditae DCCCXXVI m. p. XIII:CC, conplexa montes septem. ipsa dividitur in regiones XIIII, compita Larum CCLXV, eiusdem spatium mensura currente a miliario in capite Romani fori statuto ad singulas portas, quae sunt hodie numero XXXVII, ita ut XII portae semel numerentur praetereantur ex veteribus VII, quae esse desierunt, efficit passuum per directum XX:M:DCCLXV. ad extrema vero tectorum cum castris praetoriis ab eodem miliario per vicos omnium viarum mensura colligit paulo amplius LX p. quod si quis altitudinem tectorum addat, dignam profecto aestimationem concipiat fateaturque nullius urbis magnitudinem in toto orbe potuisse ei comparari.

Tenemos mucha información sobre las vías romanas y su trazado, no sólo en textos escritos sino también fruto de los estudios arqueológicos. Hay dos documentos de los que en otra ocasión trataré, que son especialmente importantes: el Itinerarium Antonini, Itinerario de Antonino y la Tabula Peuntingeriana .

El primero, el Itinerarium Provinciarum Antonini Augusti, es un libro o guía de carreteras confeccionado a principios del siglo III de Cristo (217) en el que se relacionaban las rutas militares de la época de Caracalla, dando cuenta de las ciudades y las mansiones o ventas, similares a nuestras áreas de servicio,  y de las distancias entre ellas. El documento actual se basa en una copia del siglo IV y se publicó modernamente por primera vez en el año 1521.

La segunda, la Tabula Peutingeriana, es una especie de mapa o mejor de esquema o dibujo plano que recoge las vías principales, señalando las ciudades y paradas de cada una desde la India a Gran Bretaña. Desgraciadamente se ha perdido la parte referida a Hispania, que ha de ser suplida con el Itinerarium Antonini. Se conserva  una copia del siglo XII de un documento del siglo IV o V, aunque pudo ser confeccionado antes. El documento actual se conserva en la Nationalbibliotek de Viena, que tiene una extensión de 6,8 metros de largo por 33 cm. de ancho dividido en 12 hojas. Recibe el nombre del humanista alemán que la descubrió, Konrad Peutinger.

Segmentos V y VI de la Tabula Peutingeriana donde se representa a Italia, con la capital Roma, entre el mar Adriático y el Mediterráneo.

Otros autores que nos dan abundante información sobre las carreteras y las ciudades por las que pasan son Plinio el Viejo y Estrabón.

Así que la expresión “todos los caminos conducen a Roma” tendría en aquel momento un sentido real y geográfico. Podemos suponer, pues, que los habitantes del Imperio, desde Mesopotamia hasta Bretaña, desde Alemania al desierto africano, pronunciarían muchas veces en latín la frase “omnes viae ducunt Romam”, como hoy se sigue haciendo  en todas las lenguas occidentales desde su aparición.

Decía que “podemos suponer” porque no está atestiguada la citada frase latina en ningún documento de época antigua. Pero la suposición es razonable si Roma atraía a ciudadanos de todo el mundo y los “mapas” de la época tienen como punto de partida y de llegada a Roma y se señaló con toda la grandeza romana el punto central con el famoso miliario de oro (milliarium aureum).

Hasta donde sabemos hoy la frase aparece escrita por primera vez en la Edad Media, hacia el año 1175, en un texto de Alain de Lille,  (Alanus ab Insulis en latín), (c. 1128 – 1202/1203).  Alain de Lille escribió numerosas obras, las más famosas de contenido moral. Entre ellas escribió una titulada Liber Parabolarum, Libro de parábolas. En el capítulo V es en donde aparece la citada frase, si bien no exactamente tal como la he presentado, sino como Mille viae ducunt homines per saecula Romam (A thousand roads lead men forever to Rome).

Nota: adviértase la agudeza de Alain de Lille a la hora de latinizar su nombre: Alanus por Alain resulta evidente, pero en el caso del apellido “de Lille” hace un curioso juego fonético: como “de Lille” en francés suena igual que “de l’île, “, de la isla, lo traduce al latín como “ab Insulis”, “de las Islas”.

En ese capítulo V al que me refería titula una de sus “fabulas moralizantes"

Mille viae ducunt hominem per saecula Romam

Mil caminos conducen para siempre al hombre a Roma

Ya aparece el título  en la edición impresa de Leipzig del año 1499 cuya fotografía presento; no se  hacía así en ediciones anteriores como la de Colonia de 1497. Desconozco cómo aparece en los manuscritos más antiguos. Pero en todo caso, utiliza la expresión citada y otra similar  en el comentario o explicación a su parábola:  multae viae ducunt hominem romam (Muchos caminos conducen al hombre a Roma) y  también mille viae ducunt homines romam per saecula  (mil caminos conducen a los hombres a Roma durante siglos) . (Mille viae ducunt homines Romam per saecula: qui volunt quaerere toto corde dominum: via est directa quae…)

Presento la parábola completa, en la que la máxima tiene un sentido figurado, de los miles que puede tener y con los que se sigue utilizando en cualquier contexto actual.

Mil caminos conducen al hombre para siempre a Roma
Para quienes quieren buscar al señor con todo su corazón
hay un camino que directo lo conduce por lo alto de los montes
con sus cuestas cargado de zarzas y espinas.
Y también alguna senda que la piedra áspera hace
áspera y araña todos los días las plantas (de los pies).
Hay también un camino por el mar,  un camino por el desierto,
por los profundos valles, entre peñascos, por lugares duros para los pies.
Por bosques  y lugares ocultos, por lugares que las fieras temibles recorren,
entre espinas y abrojos,  por lugares llenos de lodo.

Mille viae ducunt hominem per saecula Romam
Qui dominum toto quaerere corde volunt
Est via quae ducit montes directa per altos
Vepribus et spinis arduitate gravis
Est quoque nonnullus callis. quem calculus asper
Asperat. et plantas quotidianas arat
Est via per pontum. via per deserta. per imas
Valles. per scopulos. per loca dura pedi
Per nemus et latebras. per lustra timenda ferarum
Per spinas tribulos. per luculenta vaga

Digitalizado por Münchener Digitalisierungszentrum

El sentido, ya figurado, es evidente: son muchos los caminos que llevan al Señor, al Paraíso, a quienes lo buscan con todo su corazón, como eran muchas las carreteras que llevan a Roma. Es decir, se puede llegar a un determinado fin de maneras muy diversas.

La frase la recoge  el germanista suizo Samuel Singer en su Thesaurus Proverbiorum Medii Aevi: Lexikon der Sprichwörter des Romanisch-germanischen Mittelalters en el término "Rom".

Otro día hablaremos de la construcción y fábrica de las vías, mientras tanto ofrezco un enlace curioso con una curiosa página que permite conocer la distancia de cualquier punto de imperio a Roma según las vías romanas  http://www.omnesviae.org/ de  la Tabula Peutingeriana Itinerarium Antonini.

   
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