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1001 hechos, dichos, curiosidades y anécdotas del mundo antiguo

Píramo y Tisbe: una antigua historia de amor trágico, como la de Romeo y Julieta

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Es difícil eludir la celebración de “San Valentín, día de los enamorados”. Una poderosa tradición que hunde sus raíces en la Antigüedad y Edad Media y es afianzada en la actualidad por los intereses mercantiles de poderosas corporaciones y organizaciones comerciales, parece imponerse sin freno.

El asunto no carece de interés pero he de dejar para otro momento profundizar un poco en el origen de la festividad, en la inexistencia del santo mártir San Valentín o en los poderosos argumentos para dudar de su existencia, en la cristianización de una fiesta de las fiestas paganas más importantes del mes de febrero, las Lupercalia. Todo ello es de gran interés, pero prefiero aplazar su estudio. Quiero limitarme ahora a reproducir una de las más bellas historias de amor de la Antigüedad que nos relata Ovidio en sus Metamorfosis, la trágica historia de amor de Píramo y Tisbe, dos enamorados muertos por un trágico error.

La historia o cuento, bien conocida desde la Antigüedad, tuvo tanto éxito a partir del Renacimiento que no es sino aquella de la que parece surgir la tragedia más famosa de Shakespeare, Romeo y Julieta, que también la usa en El sueño de una noche de verano.

Es cierto que Higinio, contemporáneo aunque un poco mayor que Ovidio,  ((64 a. C. – 17d.C.) hace una simple referencia a la historia de Píramo y Tisbe en sus Fábulas. Higinio es un escritor oriundo de Valencia, según Luis Vives, aunque otros autores dudan del lugar de su nacimiento. (véase http://es.antiquitatem.com/eclipses-en-la-antiguedad-geminus- )

Dice al respecto en sus Fabulas, 242 y 243:

Los que se mataron a sí mismos
Pyramo se mató a sí mismo en Babilonia por culpa del amor de Tisbe

CCXLII Qui se ipsi interfecerunt
…..Pyramus in Babylonia ob amorem Thisbes ipse se occidit…

Las que se mataron a sí mismas
La babilonia Tisbe se mató a sí misma, porque Píramo se había matado a sí mismo.

CCXLIII Quae se ipsae interfecerunt
….. Thisbe Babylonia propter Pyramum quod ipse se interfecerat.

Pero es el poeta Ovidio quien nos relata esta historia en el libro IV de su obra Metamorfosis. No conocemos ningún autor que la contara con anterioridad y son escasos los que lo hacen después, algunos con alguna variación. La historia es sin duda de origen oriental, como ya pone de manifiesto su localización en Babilonia.

Sin duda a partir de Ovidio la historia tuvo notable éxito y fue bien conocida; antes parece que no lo fue a juzgar por las propias palabras de Ovidio: “vulgaris fabula non est”, “no es una historia popular”. En la tardía Antigüedad hay una versión ligeramente diferente de Nono, Nonnus, autor latino tardío de finales del siglo IV o principios del V que en su Dyonisiaca XII, 84 y ss. la sitúa en Cilicia y no en Babilonia.

San Agustín nos la presenta como uno de los temas frecuentes que los estudiantes han de desarrollar como ejercicio de sus estudios de retórica; lo que quiere decir que el tema ya era muy conocido. Así nos dice, refiriéndose al muro interpuesto entre Píramo y Tisbe,  en su De ordine, 1,3,8:

Te digo, que me irrito contigo cuando te veo andar cantando y sufriendo con estos versos de todo tipo que levantan entre ti y la verdad un muro más grueso que el que se esforzaban en levantar entre tus amantes; pues ellos se comunicaban por una delgada fisura. El intentaba entonces cantar a Píramo.

Irritor, inquam, abs te versus istos tuos omni metrorum genere cantando et ululando insectari, qui inter te atque veritatem immaniorem murum quam inter amantes tuos conantur  erigere”. ; nam in se illi vel inolita rimula respirabant. Pyramum enim ille tum canere instituerat.

Y luego en el mismo De ordine, 1,5,12

Te lo digo aunque me llames odioso, pues ciertamente no puedo no serlo si te he atacado cuando hablabas con Píramo y Tisbe...

Cui ego licet, inquam, me odiosum percontatorem voces; vix enim possum non esse,qui  expugnavi me cum Pyramo et Thisbe coloqueris

En la Edad Media es un lugar común como referencia de “amor desgraciado”. El mito aparece en todas las literaturas europeas medievales: en España aparece ya en La fazienda de ultramar, obra probablemente del año 1153. En Francia hay numerosos ejemplos; sea suficiente el de Chrétien de Troyes en su Conte de la Charrette. En Inglaterra Chaucer contó la historia en su The Legend of Good Women. En Italia, Boccaccio hace un resumen de la fábula en su De claris mulieribus, aunque no aparecen los nombres de Píramo y Tisbe.

En España tiene una menor presencia en la Edad Media por el desconocimiento general de Ovidio, aunque parece ser que el Marqués de Santillana y Gómez Manrique poseían una traducción de las Metamorfosis. Pero a partir del Renacimiento son decenas los poetas y autores literarios que de una otra forma replican la leyenda, de la que quedan también numerosos romances novelescos que se cantaban en España y Portugal. Las numerosas ediciones y traducciones de Ovidio a partir del Renacimiento facilitaron la relación directa de los autores con esta leyenda.

De todos los autores españoles quiero tan sólo destacar a dos de ellos sin profundizar en el asunto, porque mi interés en este momento es ofrecer a los lectores el texto directo de Ovidio para que puedan disfrutar de un emocionante relato literario. Estos dos autores son Cervantes, que en su Quijote hace tres referencias a los amores desgraciados: la historia de Cardenio y Luscinda en la Primera Parte (I,23-24), y en la Segunda el soneto de Lorenzo Miranda, hijo del Caballero del Verde Gabán (II,16-18) y el episodio de las bodas de Camacho (II, 19,20 y 21) con la inversión cómica de los amores funestos.

Reproduzco, por ser más breve el soneto de Lorenzo Miranda:

El muro rompe la doncella hermosa
que de Píramo abrió el gallardo pecho;
parte el Amor de Chipre y va derecho
a ver la quiebra estrecha y prodigiosa.

Habla el silencio allí, porque no osa
La voz entrar por tan estrecho estrecho;
las almas sí, que amor suele de hecho
facilitar la más difícil cosa

Saltó el deseo de compás y el paso
de la imprudente virgen solicita
por su gusto su muerte. Ved qué historia;

Que a entrambos en un punto, ¡oh extraño caso!,
los mata, los encubre y resucita
una espada, un sepulcro, una memoria.

El otro es Góngora, que reescribió el relato, si bien de tono humorístico, o para ser más exactos, de difícil interpretación, que hoy conocemos como Ilustración y Defensa de la Fábula de Píramo y Tisbe (1618). Góngora ya había aludido con anterioridad al tema de Píramo y Tisbe en una de las Letrillas en las que repite el estribillo popular “ríase la gente”:

Pues amor es tan cruel
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada,
do se junten ella y él,
sea mi Tisbe un pastel
ya la espada sea mi diente
y ríase la gente.

Shakespeare, por su parte, rememora el cuento en la famosa tragedia Romeo y Julieta y con un tono irónico en “El sueño de una noche de verano”, aunque los especialistas en el autor inglés afirman que no le influyó directamente la obra de Ovidio, sino que el influjo le vino de autores italianos indirectamente a partir del poema de Arthur Brooke The Tragical Historye of Romeus and Juliet y de la traducción de William Painter “Rhomeo and Julietta”; estos autores se sirvieron de una versión francesa de Pierre Boaiastou que se basaba en un Romeo e Giuletta de Mateo Bandello  y en un Giuletta e Romeo de Luigi da Porto.

Pero Shakespeare no tendría ninguna dificultad en conocer un tema tan popular ya en toda Europa: Golding había traducido en 1567 Las metamorfosis.

Por supuesto el tema fue de interés para otros artistas, además de los literatos, como los pintores y los músicos, desde la propia Antigüedad hasta nuestros días.

Ofrezco tan sólo cuatro ejemplos de pintura sobre el tema: una del siglo I de Pompeya, otra de un capitel románico del siglo XII en Basilea,otra del XVIII-XIX y otra absolutamente contemporánea.

 Píramo y Tisbe representados en un fresco de la Casa de Octavio Cuartión (Pompeya). S. I d. C.

Claustro de la catedral de Basilea, finales del siglo XII (con una interpretación cristiana moralizante)

Pierre-Claude Gautherot, (1769-1825),

Gabriel Alonso y publicada por la editorial digital UNO Y CERO (http://unoyceroediciones.com/)

En música los ejemplos van desde la ópera El sueño de una noche de verano, obra de Benjamin Britten basada en El sueño de una noche de verano de Shakespeare West Side Story basada en Romeo y Julieta hasta la adaptación de los Beatles, en la que Paul McCartney era Piramo, John Lennon era Tisbe, George Harrison era la Luna y Ringo Starr era el león.

Pero dejémonos de consideraciones más o menos eruditas y curiosidades intranscendentes y permitamos que sea el poeta  Ovidio el que nos relate con detalle la desgraciada historia.

Matamorfosis, IV, 42…..54;  55-166

Aprueban sus palabras las hermanas y le piden que sea ella la primera en contar. Se pone ella a pensar qué relato, de entre muchos, va a escoger, pues eran innumerables los que sabía,  y duda si contar tu historia, babilonia Dércetis, de quien creen los palestinos que, transformada y con escamas cubriendo sus miembros, agitó las aguas de un lago.
…..
O de cómo el árbol que antes daba frutos blancos, los da ahora negros por haber sido tocado por sangre. Esto último es lo que prefiere; esta narración, por no ser del dominio común, la empieza  de la siguiente manera, mientras la lana va tras de sus hilos:
“Píramo  y Tisbe, el uno el más bello de los jóvenes, la otra sobresaliente entre las muchachas que tenía el Oriente,  ocupaban dos casas contiguas, allí donde se dice que Semíramis ciñó de muros de tierra cocida su elevada ciudad. La vecindad les hizo conocerse y dar los primeros pasos; con el tiempo creció el amor; ellos habrían querido celebrar la legítima unión de la antorcha nupcial, pero se opusieron los padres; mas, y a eso no podían oponerse, por igual ardían ambos con cautivos corazones. Ningún confidente hay entre ellos, por señas y por gestos se hablan, y cuanto más ocultan el fuego, más se enardece el fuego oculto. La pared medianera de ambas casas estaba hendida por una delgada grieta que se había producido antaño, durante su construcción. El defecto, que nadie había observado a lo largo de los siglos -¿qué no notará el amor?- vosotros, amantes, fuisteis los primeros en verlo, y lo hicisteis camino de vuestra voz; y así solían pasar seguras a su través, y en tenue cuchicheo, vuestras ternezas. Muchas veces, cuando de una parte estaba Tisbe y de la otra Píramo, y habían ellos percibido mutuamente la respiración de sus bocas, decían: “Pared envidiosa, ¿por qué te alzas como obstáculo entre dos amantes? ¿Qué te costaba permitirnos unir por entero nuestros cuerpos, o, si eso es demasiado, ofrecer al menos una abertura para nuestros besos? Pero no somos ingratos; confesamos que te debemos el que se haya dado a nuestras palabras paso hasta los oídos amigos.”

Y después de hablar así en vano y separados como estaban, al llegar la noche se dijeron adiós, y dio cada uno a su parte besos que no llegaron al otro lado. La aurora siguiente había ahuyentado las nocturnas luminarias, y el sol había secado con sus rayos las hierbas cubiertas de escarcha; se reunieron en el lugar de costumbre. Y entonces, después de muchos lamentos murmurados en voz baja, acuerdan hacer en el silencio de la noche la tentativa de engañar a sus guardianes y salir de sus puertas, y, una vez que estén fuera de sus hogares, abandonar también los edificios de la ciudad; y, para evitar el riesgo de extraviarse en su marcha por los anchos campos, reunirse junto al sepulcro de Nino (rey fundador de Nínive) y ocultarse a la sombra del árbol. Un árbol había allí, cuajado de frutos blancos como la nieve, un erguido moral, situado en las proximidades de un frío manantial. Este plan adoptan; y la luz del día, que les pareció tardar en alejarse, se arroja a las aguas, y de las mismas aguas sale la noche. Hábilmente en medio de las tinieblas hace Tisbe girar la puerta en su quicio, sale, engaña a los suyos, con la cara tapada llega a la tumba, y se sienta bajo el árbol convenido; el amor la hacía atrevida. He aquí que llega una leona con el hocico espumeante embadurnado de sangre de unos bueyes que acaba de matar, y con la intención de apagar su sed en las aguas de la vecina fuente. La babilonia Tisbe la vio de lejos, a los rayos de la luna, y con pasos asustados huyó a una oscura cueva; y al huir, cayó de su espalda un velo que dejó abandonado. Una vez que la feroz leona hubo aplacado con abundante agua su sed, al volver al bosque se encontró el tenue velo sin su dueña, y con su boca ensangrentada lo desgarró.

Píramo salió más tarde, vio en el espeso polvo huellas seguras de una fiera, y palideció su semblante entero; pero cuando encontró también la prenda teñida en sangre, dijo: “Una sola noche acabará con los enamorados; de los dos, ella era la más digna de una larga vida, mientras que mi alma es culpable; yo he sido quien te he perdido, infortunada, yo que te he mandado venir de noche a un lugar terrorífico, y no he venido aquí el primero. Despedazad mi cuerpo y devorad a fieros mordiscos estas vísceras criminales, oh leones todos que habitáis bajo esta roca. Pero es de cobardes desear la muerte”.

Coge del suelo el velo de Tisbe, lo lleva consigo a la sombra del árbol de la cita, y después de dar lágrimas y besos a la conocida prenda, dice: “Recibe ahora también la bebida de mi sangre”. Y hundió en sus ijares el hierro que llevaba al cinto, y sin tardanza se lo arrancó, moribundo ya, de la ardiente herida, quedando tendido en tierra boca arriba; la sangre salta a gran altura, no de otro modo que cuando en un tubo de plomo deteriorado se abre una hendidura, que por el estrecho agujero que silba lanza chorros de agua y rasga el aire con su persecución. Los frutos del árbol toman, por las cruentas salpicaduras, un tinte oscuro, y la raíz, humedecida en sangre, matiza el color de púrpura las moras que cuelgan.
He aquí que, sin estar libre de miedo todavía, pero para no hacer defección a su amante, vuelve ella, busca al joven con los ojos y con el alma, y arde en deseos de contarle el enorme peligro de que se ha librado; y si bien reconoce el lugar y la forma del árbol que ha visto, con todo la hace dudar el color del fruto; quédase perpleja sobre si será el mismo árbol. Mientras vacila, ve que unos miembros temblorosos palpitan sobre el suelo ensangrentado; retrocedió, y con el semblante más pálido que el boj sufrió un estremecimiento semejante al del mar que susurra cuando una leve brisa roza su superficie. Mas una vez que, poco después, reconoció a su amor, se maltrata con sonoros golpes los brazos que lo merecían, se arranca los cabellos, y abrazando el cuerpo amado inundó de lágrimas sus heridas y mezcló su llanto con la sangre; y estampando sus besos en el rostro helado gritó: “Píramo, ¿qué desventura me ha dejado sin ti? Píramo, respóndeme; es tu adorada Tisbe quien te llama; escúchame y yergue tu cabeza abatida”. Al nombre de Tisbe levantó Píramo los ojos, sobre los que gravitaba ya la muerte, y después de verla a ella los volvió a cerrar. Cuando ella reconoció su prenda, y vi el marfil desprovisto de su espada, exclamó: “¡Tu propia mano te ha dado muerte y tu propio amor, infortunado! Para esto sólo tengo yo también una mano fuerte, y tengo amor que me dará fuerzas para herirme. Iré tras de ti que ya has perecido, y de tu muerte se dirá que he sido yo trágica causa y compañera; y tú, a quien sólo la muerte ¡ay! Podía arrancarme, ni aun la muerte podrá arrancarte de mí. Una cosa sin embargo os han de pedir las súplicas de los dos, oh infelicísimos padres mío y suyo, que a aquellos a quienes unió un fiel amor y la última hora, no les rehuséis ser sepultados en la misma tumba. Y tú, árbol que con tus ramas das sombra ahora al pobre cuerpo de uno solo, pero pronto la darás a los de dos, conserva las señales de nuestra ruina, y ten siempre frutos negros y propios para el luto, en memoria de nuestra doble sangre”. Dijo, y colocando la punta de la espada bien por debajo de su pecho, se dejó caer sobre el hierro que aun estaba tibio de la otra sangre. Sus súplicas conmovieron a los dioses, conmovieron a los padres; pues el color del fruto, una vez que está bien maduro, es negruzco, y lo que resta de sus piras descansa en una única urna”.

Había terminado; transcurrió un breve intervalo, y empezó a hablar Leucónoe; guardaron silencio sus hermanas. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira, C.S.I.C. Alma Mater)

Dicta probant primamque iubent narrare sorores.
Illa, quid e multis referat (nam plurima norat),
cogitat et dubia est, de te, Babylonia, narret,
Derceti, quam versa squamis velantibus artus
stagna Palaestini credunt motasse figura;
……
an, quae poma alba ferebat,
ut nunc nigra ferat contactu sanguinis arbor.
Hoc placet, hanc, quoniam vulgaris fabula non est,
talibus orsa modis, lana sua fila sequente:
…..
55-168
Pyramus et Thisbe.
“Pyramus et Thisbe, iuvenum pulcherrimus alter,
altera, quas oriens habuit, praelata puellis,
contiguas tenuere domos, ubi dicitur altam
coctilibus muris cinxisse Semiramis urbem.
Notitiam primosque gradus vicinia fecit:
tempore crevit amor. Taedae quoque iure coissent:
sed vetuere patres. Quod non potuere vetare,
ex aequo captis ardebant mentibus ambo.
Conscius omnis abest: nutu signisque loquuntur,
quoque magis tegitur, tectus magis aestuat ignis.
Fissus erat tenui rima, quam duxerat olim,
cum fieret paries domui communis utrique.
Id vitium nulli per saecula longa notatum
(quid non sentit amor?) primi vidistis amantes,
et vocis fecistis iter; tutaeque per illud
murmure blanditiae minimo transire solebant.
Saepe, ubi constiterant hinc Thisbe, Pyramus illinc,
inque vices fuerat captatus anhelitus oris,
“invide” dicebant “paries, quid amantibus obstas?
quantum erat, ut sineres toto nos corpore iungi,
aut hoc si nimium est, vel ad oscula danda pateres?
Nec sumus ingrati: tibi nos debere fatemur,
quod datus est verbis ad amicas transitus aures.”
Talia diversa nequiquam sede locuti
sub noctem dixere ”vale” partique dedere
oscula quisque suae non pervenientia contra.
Postera nocturnos aurora removerat ignes,
solque pruinosas radiis siccaverat herbas:
ad solitum coiere locum. Tum murmure parvo
multa prius questi, statuunt, ut nocte silenti
fallere custodes foribusque excedere temptent,
cumque domo exierint, urbis quoque tecta relinquant;
neve sit errandum lato spatiantibus arvo,
conveniant ad busta Nini lateantque sub umbra
arboris. Arbor ibi, niveis uberrima pomis
ardua morus, erat, gelido contermina fonti.
Pacta placent. Et lux, tarde discedere visa,
praecipitatur aquis, et aquis nox exit ab isdem.
Callida per tenebras versato cardine Thisbe
egreditur fallitque suos, adopertaque vultum
pervenit ad tumulum, dictaque sub arbore sedit.
Audacem faciebat amor. Venit ecce recenti
caede leaena boum spumantes oblita rictus,
depositura sitim vicini fontis in unda.
Quam procul ad lunae radios Babylonia Thisbe
vidit et obscurum timido pede fugit in antrum,
dumque fugit, tergo velamina lapsa reliquit.
Ut lea saeva sitim multa conpescuit unda,
dum redit in silvas, inventos forte sine ipsa
ore cruentato tenues laniavit amictus.
Serius egressus vestigia vidit in alto
pulvere certa ferae totoque expalluit ore
Pyramus: ut vero vestem quoque sanguine tinctam
repperit, “una duos” inquit “nox perdet amantes.
E quibus illa fuit longa dignissima vita,
nostra nocens anima est: ego te, miseranda, peremi,
in loca plena metus qui iussi nocte venires,
nec prior huc veni. Nostrum divellite corpus,
et scelerata fero consumite viscera morsu,
o quicumque sub hac habitatis rupe, leones.
Sed timidi est optare necem.” Velamina Thisbes
tollit et ad pactae secum fert arboris umbram;
utque dedit notae lacrimas, dedit oscula vesti,
“accipe nunc” inquit “nostri quoque sanguinis haustus!”
quoque erat accinctus, demisit in ilia ferrum,
nec mora, ferventi moriens e vulnere traxit.
Ut iacuit resupinus humo: cruor emicat alte,
non aliter quam cum vitiato fistula plumbo
scinditur et tenui stridente foramine longas
eiaculatur aquas atque ictibus aera rumpit.
Arborei fetus adspergine caedis in atram
vertuntur faciem, madefactaque sanguine radix
purpureo tingit pendentia mora colore.
Ecce metu nondum posito, ne fallat amantem,
illa redit iuvenemque oculis animoque requirit,
quantaque vitarit narrare pericula gestit.
Utque locum et visa cognoscit in arbore formam,
sic facit incertam pomi color: haeret, an haec sit.
Dum dubitat, tremebunda videt pulsare cruentum
membra solum, retroque pedem tulit, oraque buxo
pallidiora gerens exhorruit aequoris instar,
quod tremit, exigua cum summum stringitur aura.
Sed postquam remorata suos cognovit amores,
percutit indignos claro plangore lacertos,
et laniata comas amplexaque corpus amatum
vulnera supplevit lacrimis fletumque cruori
miscuit et gelidis in vultibus oscula figens
“Pyrame” clamavit “quis te mihi casus ademit?
Pyrame, responde: tua te carissima Thisbe
nominat: exaudi vultusque attolle iacentes!”
Ad nomen Thisbes oculos iam morte gravatos
Pyramus erexit, visaque recondidit illa.
Quae postquam vestemque suam cognovit et ense
vidit ebur vacuum, “tua te manus” inquit “amorque
perdidit, infelix. Est et mihi fortis in unum
hoc manus, est et amor: dabit hic in vulnera vires.
Persequar exstinctum letique miserrima dicar
causa comesque tui; quique a me morte revelli
heu sola poteras, poteris nec morte revelli.
Hoc tamen amborum verbis estote rogati,
o multum miseri meus illiusque parentes,
ut quos certus amor, quos hora novissima iunxit,
conponi tumulo non invideatis eodem.
At tu quae ramis arbor miserabile corpus
nunc tegis unius, mox es tectura duorum,
signa tene caedis pullosque et luctibus aptos
semper habe fetus, gemini monimenta cruoris.”
Dixit, et aptato pectus mucrone sub imum
incubuit ferro, quod adhuc a caede tepebat.
Vota tamen tetigere deos, tetigere parentes:
nam color in pomo est, ubi permaturuit, ater,
quodque rogis superest, una requiescit in urna.”
Desierat, mediumque fuit breve tempus, et orsa est
dicere Leuconoe: vocem tenuere sorores.

   
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