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1001 hechos, dichos, curiosidades y anécdotas del mundo antiguo

¿He representado bien la farsa de mi vida? Muerte y testamento de Augusto

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El 19 de agosto del año 14 después de Cristo, hacia las cuatro de la tarde, moría el emperador César Augusto. Han pasado dos mil años desde entonces. César Augusto tuvo un reinado largo y tuvo una muerte tranquila, sin sobresaltos, a diferencia de un buen número de sus sucesores que tuvieron una muerte violenta. y tuvo una muerte tranquila, sin sobresaltos, a diferencia de un buen número de sus sucesores que tuvieron una muerte violenta.

Según Suetonio, cuyo relato reproduzco, Augusto utilizó para despedirse de sus allegados una famosa frase, precisamente aquella con la que los actores del teatro se sometían al juicio del espectador, pronunciándola en griego y en latín:

Os parece que he representado bien la farsa de mi vida

y añadió también la típica conclusión:

Si está bien ejecutada, aplaudidla y todos con alegría meted ruido en nuestro honor "

   Nota: Luciano de Samosata atribuye al filósofo cínico Demonax  una frase parecida  en su Vida de Demonax, 65:

Los juegos han terminado, todas las coronas ganadas. Sin demora, pero sin prisa” y se dejó morir rechazando toda comida.

Sin fundamento se atribuye otra similar a Rabelais: Bajad el telón. La farsa está representada  ( Tirez le rideau, la farce est jouée).
    
La frase de Augusto no carece de retórica, pero también de conformismo estoicismo y madurez de quien desde una inmadura juventud se convirtió en la persona más poderosa de la época. El relato de su muerte y testamento está plagado de anécdotas y detalles a los que tan aficionado era el historiador Suetonio, una especie de redactor de los ecos de sociedad del pasado

Suetonio, Vida de los doce Césares, Vida de Augusto, XCIX y ss.

El último día (de su vida), preguntando  varias veces  si había fuera (de su palacio) algún problema por su causa,  pidió un espejo y ordenó que se le peinase el cabello y se le arreglasen las mejillas porque las tenía  caídas y preguntó a los amigos que estaban con él “si les parecía que había representado bien la farsa de la vida”, y añadió también la conclusión:

ἔχει καλῶς, τῷ παιθνίῳ,
δότε κρότον, καὶ πάντες ὑμεῖς μετὰ χαρᾶς κτυπήσατε

“Si está bien ejecutada, aplaudidla y todos con alegría meted ruido en nuestro honor ”
Finalmente, despedidos todos, mientras preguntaba a los que venían de Roma por la hija enferma de Druso, de repente expiró entre los besos de Livia y  diciendo estas palabras:” Livia, vive recordando siempre nuestro matrimonio; adios“. Le tocó en suerte una muerte fácil y como siempre la había deseado.  Pues casi cada vez que oía que alguien había muerto rápidamente  y sin sufrimiento alguno, pedía para él mismo y para los suyos  una εὐθανασίαν (eutanasia) similar, pues solía también utilizar esta palabra. Sólo dio una única muestra de alienación de su mente  antes de entregar el alma: presa de un súbito pavor se quejó de que era arrebatado  por cuarenta jóvenes. Pero esto fue también más un presagio que una pérdida de la cabeza,  puesto que un número igual de soldados pretorianos lo sacaron a la plaza pública.

C. Murió en la misma habitación que su padre Octavio, durante el consulado de los dos Sextos, Pompeyo y Apuleyo, el catorce de las calendas de septiembre, a la hora nona del día(hacia las cuatro de la tarde) a la edad de setenta y seis años menos treinta y cinco días.

Los decuriones de los municipios y de las colonias  transportaron su cuerpo desde Nola hasta Bobilas, de noche a causa  de la estación del año. Durante el día se le colocaba en la basílica de cada ciudad o en el más importante de los sagrados templos.  Desde Bobilas lo cogió el orden ecuestre  y lo llevó hasta la ciudad (Roma) y lo colocó en el vestíbulo de su casa. El senado rivalizó con tal celo en embellecer el funeral y honrar su memoria, que entre otras muchas cosas algunos propusieron que el funeral pasase por la puerta triunfal, precediéndole la Victoria que está en la Curia,  mientras  los hijos de uno y otro sexo  de los principales ciudadanos cantaban una nenia ( himno fúnebre); otros propusieron que el día de las exequias, se quitasen los anillos de oro y se pusiesen otros de hierro; algunos decían que sus huesos debían ser recogidos por los sacerdotes de los colegios superiores.

 Cierto senador quiso que se diese el nombre de Augusto al mes de septiembre, en vez de dárselo al mes precedente, puesto que en este mes había muerto y en el primero había nacido. Otro senador propuso que todo el período comprendido entre su nacimiento y el día de su muerte se llamase “era de Augusto” y fuera registrado con este nombre en el calendario. De todas maneras se impuso una limitación en lo que se refiere a los honores.

Se pronunciaron dos elogios fúnebres: el primero, que hizo Tiberio ante el templo del divino Julio; y el segundo, del que se encargó Druso, hijo de Tiberio, frente a la antigua tribuna de los oradores. A continuación los senadores lo llevaron a hombros al Campo de Marte, donde fue incinerado. No faltó tampoco un viejo pretor que jurase haber visto el fantasma de Augusto ascender a los cielos después de la incineración. Los principales miembros del orden ecuestre, vestidos con una túnica, sin cinturón y con los pies descalzos, recogieron sus restos y los depositaron en el mausoleo. Augusto había hecho construir esta tumba entre la vía Flaminia y la orilla del Tíber durante su sexto consulado, y ya desde entonces había abierto al público los bosques y avenidas que la rodeaban.

El  testamento

CI: Hizo su testamento durante el Consulado de L.Planco y C.Silio, tres días antes de las nonas de abril y un año y cuatro meses antes de su muerte. Estaba escrito en dos pliegos, en parte escrito de su propio puño y letra, en parte escrito por sus libertos Polibio e Hilarión. Lo había dejado al cuidado de las vírgenes vestales, quienes lo devolvieron entonces, así como tres rollos sellados del mismo modo. Todos estos documentos fueron abiertos y leídos ante el Senado.
Augusto nombró como heredero en primer grado a Tiberio: la mitad de toda la herencia más un sexto. Livia heredó otro tercio con la obligación de llevar su nombre. En segundo grado Druso, hijo de Tiberio, heredó una tercera parte. Germánico y sus tres hijos de sexo masculina heredaron los otros dos tercios. En tercer grado parientes y amigos en gran cantidad. Dejó al pueblo romano cuarenta millones de sestercios, a las tribus tres millones quinientos mil, a los pretorianos les dejó mil sestercios por cabeza y a cada miembro de las cohortes urbanas quinientos, a cada legionario trescientos. Mandó que se pagara esta suma al contado, pues siempre había tenido reservas en su tesorería. Dejó algunos otros legados de diferente importancia, algunos no excedían los veinte mil sestercios. Fijo un plazo de un año para pagarles. Se excusó por lo reducido de su fortuna personal y declaraba que sus herederos no percibirían más de ciento cincuenta millones de sestercios, pues aunque en los últimos veinte años, como decía, hubiese reunido cuatro millones de sestercios procedentes de los testamentos de sus amigos, los había gastado casi completamente a favor del Estado, así como sus dos patrimonios y las demás herencias.

En lo que se refiere a las dos Julias, su hija y su nieta, prohibió que después de muertas fuesen transportadas a su sepulcro.

En los tres rollos se contenía lo siguiente: uno órdenes relativas a sus funerales, el segundo un resumen de la obra que él había llevado a cabo, resumen que pedía que se grabase en tablas de bronce y fueran colocadas frente a su mausoleo. En el tercer rollo había un inventario de los recursos del Imperio, indicando cuántos soldados había en filas, cuánto dinero había en el tesoro, en las cajas imperiales y entre los tributos pendientes todavía. Añadió igualmente los nombres de los libertos y esclavos a los que se les podía exigir que rindiesen cuentas.

Supremo die identidem exquirens, an iam de se tumultus foris esset, petito speculo capillum sibi comi ac malas labantes corrigi praecepit et admissos amicos percontatus, ecquid iis uideretur mimum uitae commode transegisse, adiecit et clausulam:

ἐπεὶ δὲ πάνυ καλῶς πέπαισται, δότε κρότον
καὶ πάντες ἡμᾶς μετὰ χαρᾶς προπέμψατε.

omnibus deinde dimissis, dum aduenientes ab urbe de Drusi filia aegra interrogat, repente in osculis Liuiae et in hac uoce defecit: 'Liuia, nostri coniugii memor uiue, ac uale!' sortitus exitum facilem et qualem semper optauerat.
nam fere quotiens audisset cito ac nullo cruciatu defunctum quempiam, sibi et suis εὐθανασίαν similem—hoc enim et uerbo uti solebat —precabatur. unum omnino ante efflatam animam signum alienatae mentis ostendit, quod subito pauefactus a quadraginta se iuuenibus abripi questus est. id quoque magis praesagium quam mentis deminutio fuit, siquidem totidem milites praetoriani extulerunt eum in publicum.
obiit in cubiculo eodem, quo pater Octauius, duobus Sextis, Pompeio et Appuleio, cons. XIIII. Kal. Septemb. hora diei nona, septuagesimo et sexto aetatis anno, diebus V et XXX minus.
Corpus decuriones municipiorum et coloniarum a Nola Bouillas usque deportarunt noctibus propter anni tempus, cum interdiu in basilica cuiusque oppidi uel in aedium sacrarum maxima reponeretur. a Bouillis equester ordo suscepit urbique intulit atque in uestibulo domus conlocauit. senatus et in funere ornando et in memoria honoranda eo studio certatim progressus est, ut inter alia complura censuerint quidam, funus triumphali porta ducendum, praecedente Victoria quae est in curia, canentibus neniam principum liberis utriusque sexus; alii, exequiarum die ponendos anulos aureos ferreosque sumendos; nonnulli, ossa legenda per sacerdotes summorum collegiorum.
fuit et qui suaderet, appellationem mensis Augusti in Septembrem transferendam, quod hoc genitus Augustus, illo defunctus esset; alius, ut omne tempus a primo die natali ad exitum eius saeculum Augustum appellaretur et ita in fastos referretur. uerum adhibito honoribus modo bifariam laudatus est: pro aede Diui Iuli a Tiberio et pro rostris ueteribus a Druso Tiberi filio, ac senatorum umeris delatus in Campum crematusque.
nec defuit uir praetorius, qui se effigiem cremati euntem in caelum uidisse iuraret. reliquias legerunt primores equestris ordinis tunicati et discincti pedibusque nudis ac Mausoleo condiderunt. id opus inter Flaminiam uiam ripamque Tiberis sexto suo consulatu extruxerat circumiectasque siluas et ambulationes in usum populi iam tum publicarat.
CI Testamentum L. Planco C. Silio cons. III. Non. Apriles, ante annum et quattuor menses quam decederet, factum ab eo ac duobus codicibus partim ipsius partim libertorum Polybi et Hilarionis manu scriptum depositumque apud se uirgines Vestales cum tribus signatis aeque uoluminibus protulerunt. quae omnia in senatu aperta atque recitata sunt.
heredes instituit primos: Tiberium ex parte dimidia et sextante, Liuiam ex parte tertia, quos et ferre nomen suum iussit; secundos: Drusum Tiberi filium ex triente, ex partibus reliquis Germanicum liberosque eius tres sexus uirilis; tertio gradu propinquos amicosque compluris. legauit populo R. quadringenties, tribubus tricies quinquies sestertium, praetorianis militibus singula milia nummorum, cohortibus urbanis quingenos, legionaris trecenos nummos; quam summam repraesentari iussit, nam et confiscatam semper repositamque habuerat.
reliqua legata uarie dedit perduxitque quaedam ad uicena sestertia, quibus soluendis annuum diem finiit, excusata rei familiaris mediocritate nec plus peruenturum ad heredes suos quam milies et quingenties professus, quamuis uiginti proximis annis quaterdecies milies ex testamentis amicorum percepisset, quod paene omne cum duobus paternis patrimoniis ceterisque hereditatibus in rem p. absumpsisset. Iulias filiam neptemque, si quid iis accidisset, uetuit sepulcro suo inferri.
tribus uoluminibus, uno mandata de funere suo complexus est, altero indicem rerum a se gestarum, quem uellet incidi in aeneis tabulis, quae ante Mausoleum statuerentur, tertio breuiarium totius imperii, quantum militum sub signis ubique esset, quantum pecuniae in aerario et fiscis et uectigaliorum residuis. adiecit et libertorum seruorumque nomina, a quibus ratio exigi posset.

Sobre su largo reinado han existido desde la Antigüedad y aún existen diversas valoraciones: para algunos fue el gran gobernante que acabó con las guerras civiles, consiguió la paz y salvó las instituciones republicanas; para otros en cambio fue una persona cruel y ambiciosa que acabó con la “democracia”  republicana e instauró un régimen “monárquico” autoritario.

El propio Augusto dejó un documento que hizo grabar y distribuir por todo el Imperio en el que refleja la memoria de su reinado. Es un documento, naturalmente, de propaganda y publicitario en el que no hay espacio para la crítica negativa. Se llama “Res gestae divi Augusti”Hechos del divino Augusto”. La copia de su mausoleo fue destruida en la azarosa  historia de Roma, pero se conserva en una inscripción de Ankara conocida como “Monumentum Ancyranum”.

En el capítulo 34 de este documento encontramos la valoración general que el propio Augusto hace de sí mismo:

En la Curia Julia se ha colocado un escudo dorado en el que se ha escrito que elsenado y el pueblo romano me lo han regalado por mivalor, mi clemencia, mijusticia y mi piedad.

Clupeus aureus in Curia Iulia positus quem mihi Senatum populumque Romanum dare virtutis clementiaeque iustitiae et pietatis causa testatum est per eius clupei inscriptionem.

El historiador oficial Veleyo Patérculo, que se movía por la corte de Tiberio, no tiene reparo en repetir expresiones exactas de este documento para ensalzar la labor de Augusto como restaurador de las libertades democráticas y repetir la versión oficialista:

Acabaron las guerras civiles que habían durado veinte años, terminaron las guerras exteriores, volvió la paz, despareciendo por doquier el temor de las batallas, se restableció la fuerza de las leyes, la autoridad de los tribunales, la grandeza del Senado; el poder de los magistrados volvió a adquirir la misma importancia… se restituyó al Estado su forma antigua. Los campos se trabajan de nuevo, se veneran las cosas sagradas, los hombres sonde nuevo tranquilos y cada uno es propietario de sus bienes. VELEYO PATERCULO, Historia de Roma, II 89

Finita vicesimo anno bella civilia, sepulta externa, revocata pax, sopitus ubique armorum furor, restituta vis legibus, iudiciis auctoritas, senatui maiestas, imperium magistratuum ad pristinum redactum modum, … Prisca illa et antiqua rei publicae forma revocata. Rediit cultus agris, sacris honos, securitas hominibus, certa cuique rerum suarum possessio;

Séneca no fue historiador sino filósofo y moralista y se refiere en numerosas ocasiones a Augusto, al que considera “princeps bonus”, “buen príncipe”, que es generoso y se autocontrola en su poder….

Tácito es  un historiador posterior, de principios del siglo II y representa a la clase senatorial y patricia defensora de la libertad republicana y de los ideales primitivos. No se ocupa directamente de la época de Augusto, pero se refiere a él en varias ocasiones y aunque considera su gobierno como una monarquía justifica sus acciones por la necesidad del momento: Augusto restableció la paz, aunque fuera a costa de la libertad

Después de la batalla de Accio convenía a la paz que  todo el poder estuviese concentrado en una sola persona. (Historias, I,1)

postquam bellatum apud Actium atque omnem potentiam ad unum conferri pacis interfuit

En realidad Tácito nos presenta las diversas opiniones contrarias de los autores sin que aparezca claramente la suya. Parece estar más cerca de los enemigos de Augusto, de quienes piensan que estableció la paz pero a costa de mucha sangre y de perder las libertades, que ya nunca serán como antes  y tiene de Augusto un juicio más bien negativo.

Suetonio es un historiador que no tiene una concepción analítica de la Historia, antes bien recoge cuanto documento, chisme, habladuría, anécdota corren por la corte. Emite un juicio salomónico sobre Augusto: antes de imponerse a sus adversarios, en su primera época fue cruel y autoritario, pérfido, mentiroso, corrompido; en su segunda etapa fue el princeps generoso, justo, clemente, modesto…

El mejor historiador de estos asuntos es el griego Dion Casio, con su Historia Romana, que vivió del año 155 al  235 al menos. Para él el régimen de Augusto fue una autocracia en la que los miembros del Senado tenían una gran influencia. Precisamente ese era el régimen adecuado que  él defendía en su época. En  Cassio, 53, 12 nos dice:

Pero como  quería aparecer como un demócrata, asumió el cuidado y vigilancia de todos los asuntos públicos”.

En todo caso el régimen instaurado por Augusto se convirtió con sus sucesores en tiranía, arbitrariedad, ilegalidad.

En fin, llegados a este punto y utilizando la expresión ritual romana, tan repetida por todo el imperio en miles de lápidas funerarias, digamos hoy, dos mil años después:

Que la tierra te sea ligera

   S(it) T(ibi) T(erra) L(evis)

   
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