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Los Juegos Olímpicos antiguos

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Entre las muchas cosas que les debemos a los griegos, no es la menos importante la creación de las competiciones deportivas. Los griegos celebraron durante más de mil años los Juegos Olímpico, desaparecieron hace más de mil seiscientos y los hemos recuperado hace apenas cien.

Actualmente cada cuatro años se celebran en algún lugar del mundo los Juegos Olímpicos u Olimpiadas. Las ciudades más importantes o las emergentes con más futuro del planeta compiten por su organización. Ningún evento deportivo los iguala ni en interés deportivo ni en sana competitividad ni en espectacularidad y vistosidad ni en seguimiento por miles de millones de ciudadanos. Durante unas semanas todo gira en torno a la Olimpiada y los seres humanos parecen olvidar las rencillas y cultivar sus mejores cualidades.

Como tantas otras cosas, los Juegos Olímpicos se los debemos también a los griegos y en consecuencia les debemos el deporte como contienda física pacífica que con el tiempo se desprendería de sus connotaciones religiosas.

Como toda sociedad aristocrática y guerrera, sus jóvenes soldados o hacen la guerra o se entrenan para ella con ejercicios competitivos adecuados. Estas competiciones se celebran en momentos determinados en el marco de una festividad religiosa en honor de una determinada divinidad o en los funerales de algún caudillo o héroe guerrero y por lo tanto tienen un carácter sagrado.  Los juegos son la oportunidad para mantener vivo el espíritu heroico y caballeroso de los héroes homéricos, expresado con el término griego “areté”, cuando ya el vencedor no mata al vencido y se queda con sus pertenencias sino que se respeta al adversario que ha contendido noblemente. 

Aunque los atletas compiten a título individual, las ciudades trasladan sus rivalidades nacionales a los juegos y se sienten orgullosas de ellos.

Los Juegos Olímpicos se celebran en honor de Zeus en la ciudad de Olimpia, en la fértil cuenca del río Alfeo, en la Elide griega. Estas  competiciones atléticas en Olimpia son antiquísimas. La tradición y el mito adjudican a Herakles o Hércules su creación al organizar una carrera en agradecimiento a Zeus por la victoria que tuvo sobre el rey Augías. Hércules fijo la distancia en  600 de sus pies, lo que hacía  la longitud de un estadio (192.27 m.). Por eso hoy los “estadios” son las instalaciones deportivas en que se celebran competiciones. Algunos “estadios” son grandiosas y notables obras de arquitectura.

En el año 864 a.C. se firmó un tratado entre Ifito por los Eleos, Licurgo por Esparta, y Cleóstenes por Pisa para aprobar la famosa Tregua Sagrada durante tres meses que impedía la guerra y que declaraba inviolable el territorio de Olimpia y garantizaba la seguridad de  los peregrinos y  atletas que acudían a competir  dos meses antes de que empezaran los juegos.

Estos juegos en estas condiciones son un elemento esencial en el sentimiento de comunidad helénica entre polis  o ciudades-estado que tan asiduamente practicaron los enfrentamientos entre ellas

En el año 776 a.C. se celebraron los primeros Juegos Olímpicos que se registraron oficialmente. Este hecho tuvo una enorme transcendencia, puesto que sirvió para iniciar una nueva era o cómputo del tiempo histórico a partir de ese momento (era de las Olimpiadas).

La época de mayor esplendor se corresponde con los siglos V y IV, época clásica una vez superado el arcaísmo anterior, cuando a los regímenes monárquicos y aristocráticos sucede la creación de la democracia, cuyo máximo exponente es Atenas.

Estos  Juegos Olímpicos (había otros en otras ciudades dedicados a otros dioses) eran la fiesta religiosa y la competición deportiva y cultural más importante de toda Grecia. La corona de olivo, premio a la victoria,  era el trofeo más codiciado por un griego, aunque cada ciudad subvenía económicamente a sus ciudadanos, considerados auténticos héroes, aunque lo realmente importante era obtener la fama.

Se celebraron cada cuatro años sin interrupción desde el año 776 a. C. hasta el año 394 después de Cristo, en que el emperador romano cristiano Teodosio los prohibió por considerarlos un culto y rito pagano. El Cristianismo, que incorporó tantas cosas paganas a su credo y ritual, prefirió suprimir las Olimpiadas. En realidad en los últimos tiempos había desaparecido el primitivo espíritu olímpico y los Juegos habían decaído notablemente. En todo caso habían  pervivido 1170 años prácticamente sin ininterrupciones, aunque surge la duda de qué ocurrió entre las Olimpiadas 265 y 286 porque no se conservan las listas de vencedores de esta época . Hemos tardado más en recuperarlas en la época moderna, exactamente 1.500  años.
 

   
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