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NIHIL NOVUM SUB SOLE

1001 hechos, dichos, curiosidades y anécdotas del mundo antiguo

Antiguos mitos intentan explicar las diversas formas de relación sexual entre las personas

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Fedro explica en una fábula por qué existe el homoerotiso u homosexualidad, tanto masculina como femenina; Ovidio también lo hace con su relato de Ifis e Iante. Platón también lo hizo en su diálogo El Banquete, como comenté en su momento. Incluso sin entenderlo muy bien, intentaron explicar la transexualidad y el transgénero.

No  cuestionan los antiguos la heterosexualidad, es decir, el orden y moral social aceptada de manera general, pero reconocen la realidad natural de que algunas mujeres pueden sentir y querer  vivir como hombres y algunos hombres como mujeres.

Dos mil años después, hay países de legislación avanzada en este reconocimiento de una realidad natural, frente a otros que incluso castigan muy duramente estos hechos tanto de homosexualidad femenina cuanto de transgénero o transexualidad.

La homosexualidad femenina, que una mujer ame como mujer a otra de su mismo sexo,  es difícilmente comprendida como posible y muy poco visible en el mundo antiguo, aunque no inexistente.

Existe ciertamente, aunque prácticamente invisibilizada también, la homosexualidad de una mujer que asume el papel de un hombre para relacionarse con otra mujer, es decir la masculinización de su comportamiento.  Es la llamada tríbade, mujer de comportamiento homoerótico, que busca la relación sexual con otra mujer,  o más específicamente, mujer que en la relación homoerótica femenina asume el papel dominante, el papel masculinizado; proviene del griego  τριβάς, tribas, derivado del verbo τριβηιν, tribein, que significa frotar, restregar o masturbar.

Esta práctica homosexual u homoerótica femenina es rechazada socialmente de manera general por cuanto supone una transgresión de la práctica considerada normal, la heterosexual, pero en cualquier caso, en el mundo antiguo se reconoce su existencia al reconocer la complejidad y diversidad de la relación social entre los seres humanos; más aún, no sólo no se esconde sino que se aborda su explicación con cierta naturalidad, aunque sea recurriendo al mito.

Es lo que hizo Platón como comenté en el artículo http://es.antiquitatem.com/homosexualidad-gay-lesbianismo-androgino

Es lo que también hacen por ejemplo Fedro en su fábula IV, 16, eliminada junto con la 15 anterior de numerosas ediciones,  y Ovidio en el Libro IX de las Metamorfosis al narrar la historia de Ifis e Iante. Ambos textos han sido ampliamente estudiados  y comentados por investigadores interesados en el conocimientos de los comportamientos sexuales en la Antigüedad; yo sólo pretendo ahora dar cuenta de la existencia de estos textos para conocimiento del lector interesado.

Fedro, IV,16

Preguntó el otro qué causa explicaba la creación de las lesbianas y de los hombres afeminados. El anciano (Esopo) lo explicó.

“El mismo Prometeo, el autor de los hombres de barro, que tan pronto chocan con la mala Fortuna se rompen, había modelado durante todo el día por separado las partes de la naturaleza que el pudor oculta con los vestidos, para adaptarlas tan pronto pudiera a sus respectivos cuerpos. Pero fue invitado a cenar inesperadamente por Liber. Después de haber regado bien sus venas con el mucho néctar, regresó a casa ya tarde con pie tambaleante. Entonces con su cabeza medio dormida y equivocada por la borrachera, colocó el sexo de mujer en el género  masculino y los miembros masculinos a las mujeres. Y por eso ahora disfrutan del placer con depravado gozo.

Nota:1.Liber es el dios Dkionisos o Baco, dios del vino. 2.Según el Pseudo Apoolodoro, en su  Biblioteca mitológica, 1,7,1  Prometeo fue el creador de los hombres, haciéndolos de barro y por ello fue castigado por Zeus; en otras versiones Prometeo es sólo el benefactor, pero no el creador de la humanidad:

Prometeo moldeó a los hombres de agua y de tierra y les dio también sin que Zeus lo supiera, el fuego que había escondido,  en una caña de hinojo. Pero cuando Zeus se enteró, ordenó a Hefesto encadenar su cuerpo en el monte Cáucaso, que es una montaña de Escitia. En él Prometeo fue encadenado y mantenido atado por muchos años. Toos los días un águila se abalanzaba sobre él y devoraba una parte de su hígado, que volvía a crecer  por la noche. Ese fue el castigo que Prometeo pagó por robar el fuego hasta que Hércules lo liberó más tarde...

Rogavit alter, tribadas et molles mares
Quae ratio procreasset? Exposuit senex:

«Idem Prometheus, auctor vulgi fictilis
Qui simul offendit ad fortunam frangitur,
Naturae partis veste quas celat pudor,
Cum separatim toto finxisset die,
Aptare mox ut posset corporibus suis,
Ad cenam est invitatus subito a Libero.
Ubi irrigatus multo venas nectare
Sero domum est reversus titubanti pede.
Tum semisomno corde et errore ebrio
Applicuit virginale generi masculo
Et masculina membra applicuit feminis.
Ita nunc libido pravo fruitur gaudio».

Nota: de la fábula se deduce que la homosexualidad, tanto la masculina como la femenina, es fruto de un error y por lo tanto está en desacuerdo con el comportamiento normal, que es el heterosexual, pero el error es del mismoa creador de la “raza” humana y por tanto es “natural” y permanente, no una “enfermedad” que pueda ser curada, y como tal se intenta explicar con el mito.

Ovidio por su parte narra en su obra más importante, Las Metamorfosis, diversos mitos referidos al comportamiento sexual de los hombres y las mujeres. El mito de Ifis e Iante aborda la realidad de algunas personas cuyo sentimiento y comportamiento psicológico no coinciden con su sexo físico.

Ovidio describe la realidad de una muchacha, físicamente mujer pues,  que siente como un hombre y se enamora de otra mujer. La realidad observada plantea sin duda un problema en la sociedad antigua en la que no se concibe un matrimonio entre mujeres. La finalidad principal del matrimonio era procrear hijos para la propia familia y para la sociedad. La solución, acorde con la norma social imperante, es convertir a la niña en niño, aunque esa conversión sea debida a la poderosa diosa Isis y no al arte humano de la moderna cirugía.

En el libro IX Ovidio, después de narrar el amor imposible de Biblis por su hermano Cauno,  nos cuenta  la historia de Ifis e Iante.

Metamorfosis IX, 666-798

La fama del inaudito prodigio habría invadido quizá las ciudades de Creta, si Creta no hubiese sufrido poco hacía un portento más cercano con la transformación de Ifis. En efecto, la tierra de Festo, inmediata al reino de Cnoso, había dado nacimiento a un hombre oscuro llamado Ligdo, de condición libre pero humilde, y los bienes de que disponía no eran mayores que su alcurnia, pero su vida y honradez eran intachables. El cual se dirigió a los oídos de su esposa, que estaba encinta, y cuando ya se acercaba el momento del parto, haciéndole estas advertencias: “Dos cosas hay que yo solicitaría de la divinidad: que te veas libre de esto con el menor dolor, y que des a luz un varón. La otra condición es más gravosa, y la fortuna le niega las fuerzas. Yo rechazo este presagio; de manera que si llega a suceder que de tu parto sea alumbrada una hembra (a disgusto te lo encargo; perdoname, afecto paternal), désele muerte".

Así habló, y un torrente de lágrimas bañó los rostros tanto de quien hacia el encargo como de aquélla a quien se le hacía. Pero aún así Teletusa importuna constantemente a su marido con inútiles súplicas de que no le estreche así las esperanzas. La decisión de Ligdo es firme. Y ya venía ella llevando y sosteniendo un vientre cargado de un peso ya llegado a sazón, cuando en mitad de la noche y en forma de visión de sueño se alzó la Ináquide (Isis), o así se lo pareció a Teletusa, delante de su lecho y acompañada por el cortejo de sus misterios. En la frente tenía los cuernos de luna con espigas rubias de fulgurante oro, y también el ornamento real; con ella estaba el ladrador Anubis,  la santa Bubastis, Apis salpicado de diferentes colores, y también el que reprime la voz y ordena silencio con el dedo; también se encontraban allí los sistros y el nunca suficientemente buscado Osiris, y la extranjera serpiente llena de somníferos venenos. Entonces pareció como si Teletusa fuese despertada de su sueño y estuviese viendo claramente, y la diosa le habló así: “Oh Teletusa, que formas parte de las que me son fieles, abandona tus penosas preocupaciones y desatiende el encargo de tu marido. Y no dudes, cuando Lucina te exonere haciéndote dar a luz, en criar lo que alumbres, sea lo que sea. Yo soy la diosa del socorro, y otorgo mi ayuda cuando se me invoca; y no te lamentarás de haber venerado a una divinidad ingrata”. Así le aconsejó, y se alejó de la alcoba.

Alegre se levanta del lecho la cretense, y alzando a los astros sus manos inocentes reza porque su sueño se realice. Cuando aumentaron los dolores, y la carga se expulsó a si misma saliendo a los aires, y nació una hembra sin que el padre se enterara, la madre ordenó que la criaran afirmando falsamente que era un niño. Fue creído el aserto, y sólo la nodriza estaba enterada del engaño. El padre cumple sus votos y le pone el nombre del abuelo: Ifis se había llamado el abuelo. La madre se alegró del nombre porque era común a los dos sexos, y con su uso nadie podría quejarse de fraude. Así empezó la superchería, que siguió estando oculta bajo una piadosa falsedad. El atavío era de niño; el rostro, tal, que lo mismo si se atribuía a una niña que a un niño, ambos resultaban hermosos. Y ya un tercer año había sucedido al décimo cuando tu padre, Ifis, te otorga como prometida a la rubia Iante, que era la muchacha más admirada entre las de Festo por el don de la belleza, y nacida de Telestes el del Dicte. La misma edad tenían ambas, la misma belleza, y de los mismos maestros recibieron la primera enseñanza o rudimentos propios de su edad. Así se originó el que el amor tocase el inexperto corazón de ambas y produjese en las dos igual herida, pero las esperanzas eran dispares: lante cuenta con el matrimonio y con el momento de la realización de la alianza, y cree que será su marido la que ella cree ser un hombre; Ifis ama a aquella de quien no espera poder gozar, y esto mismo acrecienta sus ardores, y se abrasa, doncella, por una doncella, y, conteniendo apenas las lágrimas, dice:

“¿Qué fin me espera a mí, que estoy poseída de un ansia que nadie ha conocido, de un ansia monstruosa y cuyo objeto es un amor inaudito? Si los dioses quisieron salvarme, debieron salvarme; si no, y si por el contrario perderme, que me hubieran dado al menos una enfermedad natural y corriente. Ni la vaca se siente inflamada por el amor de una vaca, ni las yeguas por el de las yeguas; inflama el carnero a las ovejas, tras el ciervo va su hembra. También las aves se aparean así, y entre todos los animales no hay ninguna hembra que sea arrebatada por la pasión hacia una hembra. Quisiera no serlo yo. Sin embargo, y para que Creta no sea vea privada de producir toda clase de monstruosidades, la hija del Sol amó a un toro, pero en todo caso era una hembra que amaba a un macho. Mi amor, si he de decir verdad, es más frenético que aquél. Ella, por lo menos, fue tras de la esperanza de los placeres del amor; ella, por lo menos, y gracias a la falaz apariencia de vaca, recibió al bovino semental, y tuvo así un galán a quien engañar. Aunque confluya aquí la inventiva del mundo entero, aunque Dédalo regresara aquí volando con sus alas de cera, ¿qué va a hacer? ¿Me va a convertir de doncella en muchacho con su ingeniosa técnica? ¿Te va a transformar a ti, lante? ¿Por qué, Ifis, no fortaleces tu alma y te recuperas a ti misma, y arrojas esos ardores necios y desprovistos de razón? Mira lo que has nacido, a menos que te engañes también a ti misma, y aspira a lo que te es lícito, y ama lo que debes amar siendo hembra. La esperanza es lo que puede provocar el amor, y la esperanza lo que puede alimentarlo. Y a ti la realidad te priva de la esperanza, No es una guardia lo que te aparta del anhelado abrazo, ni la vigilancia de un marido prevenido, ni la dureza de un padre, no es ella quien rehúsa entregarse a tus solicitaciones, y sin embargo no te será posible llegar a poseerla, ni podrías ser feliz aunque todo te fuera favorable, aunque en ello se esforzaran los dioses y los hombres. Incluso en este momento, de los anhelos que tengo formulados sólo hay una parte que no sea una realidad, y los dioses, propicios para mí, me han dado cuanto han podido; y lo que yo quiero lo quiere mi padre, lo quiere ella y también mi futuro suegro. Pero no lo quiere la naturaleza, más poderosa que todos ellos, y que es la única que me perjudica. Y he aquí que es inminente el ansiado momento, se aproxima el día de mis nupcias y Iante va a ser mía enseguida... y no la tendré: pasaré sed en medio de las aguas. Oh Juno que patrocinas a las novias y oh Himeneo, ¿para qué venís a esta ceremonia en la que no hay novio que tome esposa y en la que ambas somos novias?”

Con estas palabras interrumpió su monólogo. Tampoco la otra joven se abrasa con más moderación, y reza, Himeneo, para que vengas con presteza. Lo que ella pide lo teme Teletusa, y unas veces aplaza la fecha, otras gana tiempo fingiéndose enferma, y con frecuencia pretexta presagios y visiones. Pero ya había agotado todas las posibilidades de invención, era inminente el aplazado momento de la solemnidad nupcial, y sólo un día faltaba. Entonces la madre quita a su hija de la cabeza, y a sí misma, la redecilla, y con cabellos sueltos y abrazando el altar dijo: “Isis, que habitas los campos paretonios y mareóticos, y también Faro y el Nilo distribuido en siete canales: socórrenos, te lo suplico, y líbranos de nuestro temor. A ti, diosa, te vi yo en otro tiempo, y vi estos símbolos tuyos, y todos los reconocí, el ruido de los sistros y el cortejo y las antorchas, y tomé buena nota de tus órdenes en mi alma que no las ha olvidado. Si ella ve la luz, si yo no he sufrido castigo, todo eso tú lo planeaste y a ti te lo debo; compadécete de las dos y préstame tu auxilio”. Las lágrimas siguieron a sus palabras. Pareció que la diosa movía su altar (y lo movió), y temblaron las puertas del templo, resplandecieron los cuernos que semejan la luna, y repiqueteó el sonoro sistro. Salió del templo la madre no sin inquietud todavía, pero sí confortada por el favorable presagio. Conforme camina la madre, va Ifis a su lado acompañándola con pasos mayores de lo que acostumbraba, y no subsiste la blancura de su rostro, y sus fuerzas van aumentando, y su misma fisonomía es más enérgica, y más corta la longitud de sus cabellos, ahora en desorden, y dispone de mayor robustez que la que tenía siendo mujer. ¡Porque tú, que hace un momento eras mujer, eres un muchacho! ¡Ofreced presentes a los templos y regocijaos con confianza exenta de temor! Ofrecen presentes a los templos y añaden una inscripción; la inscripción contenía una breve fórmula: “Siendo un muchacho ha entregado Ifis los dones que prometió cuando era mujer”. El siguiente día había iluminado con sus rayos el ancho mundo, cuando Venus y Juno y el Himeneo se reúnen para celebrar las antorchas de la unión nupcial, y el joven Ifis entra en posesión de su Iante. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira. CSIC)

Fama noui centum Cretaeas forsitan urbes
Inplesset monstri, si non miracula nuper
Iphide mutata Crete propiora tulisset.
Proxima Gnosiaco nam quondam Phaestia regno
Progenuit tellus ignotum nomine Ligdum,
Ingenua de plebe uirum; nec census in illo
Nobilitate sua maior, sed uita fidesque
Inculpata fuit. grauidae qui coniugis aures
Vocibus his monuit, cum iam prope partus adesset:
"Quae uoueam, duo sunt: minimo ut releuere dolore,
Vtque marem parias. onerosior altera sors est,
Et uires fortuna negat: quod abominor, ergo,
Edita forte tuo fuerit si femina partu,
(Inuitus mando: pietas, ignosce) necetur."
Dixerat, et lacrimis uultum lauere profusis
Tam qui mandabat, quam cui mandata dabantur;
Sed tamen usque suum uanis Telethusa maritum
Sollicitat precibus, ne spem sibi ponat in arto;
Certa sua est Ligdo sententia. iamque ferendo
Vix erat illa grauem maturo pondere uentrem,
Cum medio noctis spatio sub imagine somni
Inachis ante torum pompa comitata sacrorum
Aut stetit aut uisa est: inerant lunaria fronti
Cornua cum spicis nitido flauentibus auro
Et regale decus; cum qua latrator Anubis
Sanctaque Bubastis uariusque coloribus Apis,
Quique premit uocem digitoque silentia suadet;
Sistraque erant, numquamque satis quaesitus Osiris
Plenaque somniferis serpens peregrina uenenis.
Tum uelut excussam somno et manifesta uidentem
Sic adfata dea est: "pars o Telethusa mearum,
Pone graues curas mandataque falle mariti;
Nec dubita, cum te partu Lucina leuarit,
Tollere, quidquid erit. dea sum auxiliaris opemque
Exorata fero, nec te coluisse quereris
Ingratum numen." monuit thalamoque recessit.
Laeta toro surgit purasque ad sidera supplex
Cressa manus tollens, rata sint sua uisa, precatur.
Vt dolor increuit seque ipsum pondus in auras
Expulit et nata est ignaro femina patre,
Iussit ali mater puerum mentita; fidemque
Res habuit, neque erat ficti nisi conscia nutrix.
Vota pater soluit nomenque inponit auitum:
Iphis auus fuerat, gauisa est nomine mater,
Quod commune foret nec quemquam falleret illo.
Inde incepta pia mendacia fraude latebant:
Cultus erat pueri, facies, quam siue puellae
Siue dares puero, fieret formosus uterque.
Tertius interea decimo successerat annus,
Cum pater, Iphi, tibi flauam despondit Ianthen,
Inter Phaestiadas quae laudatissima formae
Dote fuit uirgo, Dictaeo nata Teleste.
Par aetas, par forma fuit, primasque magistris
Accepere artes, elementa aetatis, ab isdem;
Hinc amor ambarum tetigit rude pectus et aequum
Vulnus utrique dedit, sed erat fiducia dispar:
Coniugium pactaeque exspectat tempora taedae,
Quamque uirum putat esse, uirum fore credit Ianthe;
Iphis amat, qua posse frui desperat, et auget
Hoc ipsum flammas ardetque in uirgine uirgo,
Vixque tenens lacrimas "quis me manet exitus" inquit,
"Cognita quam nulli, quam prodigiosa nouaeque
Cura tenet Veneris? si di mihi parcere uellent,
Parcere debuerant; si non, et perdere uellent,
Naturale malum saltem et de more dedissent!
Nec uaccam uaccae, nec equas amor urit equarum;
Vrit oues aries, sequitur sua femina ceruum;
Sic et aues coeunt, interque animalia cuncta
Femina femineo correpta cupidine nulla est.
Vellem nulla forem! ne non tamen omnia Crete
Monstra ferat, taurum dilexit filia Solis,
Femina nempe marem: meus est furiosior illo,
Si uerum profitemur, amor; tamen illa secuta est
Spem Veneris, tamen illa dolis et imagine uaccae
Passa bouem est, et erat, qui deciperetur, adulter.
Huc licet e toto sollertia confluat orbe,
Ipse licet reuolet ceratis Daedalus alis,
Quid faciet? num me puerum de uirgine doctis
Artibus efficiet? num te mutabit, Ianthe?
Quin animum firmas teque ipsa reconligis, Iphi,
Consiliique inopes et stultos excutis ignes?
Quid sis nata, uide, nisi te quoque decipis ipsam,
Et pete, quod fas est, et ama, quod femina debes.
Spes est, quae capiat, spes est, quae pascit amorem;
Hanc tibi res adimit: non te custodia caro
Arcet ab amplexu nec cauti cura mariti,
Non patris asperitas, non se negat ipsa roganti;
Nec tamen est potiunda tibi, nec, ut omnia fiant,
Esse potes felix, ut dique hominesque laborent.
Nunc quoque uotorum nulla est pars uana meorum,
Dique mihi faciles, quidquid ualuere, dederunt,
Quodque ego, uult genitor, uult ipsa socerque futurus;
At non uult natura, potentior omnibus istis,
Quae mihi sola nocet. uenit ecce optabile tempus,
Luxque iugalis adest, et iam mea fiet Ianthe -
Nec mihi continget: mediis sitiemus in undis.
Pronuba quid Iuno, quid ad haec, Hymenaee, uenitis
Sacra, quibus qui ducat abest, ubi nubimus ambae?"
Pressit ab his uocem, nec lenius altera uirgo
Aestuat, utque celer uenias, Hymenaee, precatur.
Quod petit haec, Telethusa timens modo tempora differt,
Nunc ficto languore moram trahit, omina saepe
Visaque causatur; sed iam consumpserat omnem
Materiam ficti, dilataque tempora taedae
Institerant, unusque dies restabat: at illa
Crinalem capiti uittam nataeque sibique
Detrahit et passis aram complexa capillis
"Isi, Paraetonium Mareoticaque arua Pharonque
Quae colis et septem digestum in cornua Nilum,
Fer, precor", inquit "opem nostroque medere timori!
Te, dea, te quondam tuaque haec insignia uidi
Cunctaque cognoui, sonitum comitesque facesque...
Sistrorum memorique animo tua iussa notaui.
Quod uidet haec lucem, quod non ego punior, ecce
Consilium munusque tuum est: miserere duarum
Auxilioque iuua." lacrimae sunt uerba secutae.
Visa dea est mouisse suas (et mouerat) aras,
Et templi tremuere fores imitataque lunam
Cornua fulserunt crepuitque sonabile sistrum.
Non secura quidem, fausto tamen omine laeta
Mater abit templo, sequitur comes Iphis euntem,
Quam solita est, maiore gradu; nec candor in ore
Permanet, et uires augentur, et acrior ipse est
Vultus et incomptis breuior mensura capillis,
Plusque uigoris adest, habuit quam femina. nam quae
Femina nuper eras, puer es. date munera templis,
Nec timida gaudete fide! dant munera templis,
Addunt et titulum, titulus breue carmen habebat:
"Dona puer solvit quae fémina voverat Iphis."
Postera lux radiis latum patefecerat orbem,
Cum Venus et Iuno sociusque Hymenaeus ad ignes
Conueniunt, potiturque sua puer Iphis Ianthe.

   
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