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Hiposandalias o suelas para caballos (hiposoleae)

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“hiposolea” es un término técnico utilizado en arqueología o Historia Antigua para denominar a las “sandalias”, suelas o protecciones que los antiguos griegos y romanos colocaban a los équidos, caballos o mulas, en sus pezuñas o patas.

El término está formado a partir de la palabra griega ἱππὁς, que significa “caballo” y la latina “”solea”, que significa “sandalia”.

solea”  a su vez deriva de “solum”, suelo, y en general parte inferior de algo. De este término deriva el español “suela”, parte del calzado que está en contacto con el “suelo”.  Así dice Varron en  De re rustica, 1, 47:

“pues el suelo (pie)  del hombre es la ruina de la hierba y el fundamento de un camino

“Solum enim hominis exitium herbae et semitae fundamentum”.

Diversos textos y algunas pruebas arqueológicas y artísticas revelan la existencia de unas protecciones para las pezuñas o pies de los équidos. Las había de metal, generalmente hierro, y también de esparto, cuero, mimbre  o junco. Quedaban sujetas con unas cintas o cuerdas a las patas, por lo que su colocación o supresión debía resultar fácil, como se deduce de un texto de Suetonio,Vida de Vespasiano, 23,2  en que cuenta cómo  un mulero se detiene en pleno viaje a calzar las mulas de la yunta imperial; la operación de herrado exigiría más tiempo y medios técnicos suficientes:

En cierto viaje, sospechando que el mulero había descabalgadomás que para  calzar las mulas para dar tiempo y ocasión a un litigante de que se le acercara, le preguntó  cuánto le había proporcionado la operación del calzado  y le reclamó una parte del beneficio.

Mulionem in itinere quodam suspicatus ad calciandas mulas desiluisse, ut adeunti litigatori spatium moramque praeberet, interrogavit quanti calciasset, et pactus est lucri partem.

Los pies de los caballos y mulos debían ser protegidos de los abrasivos suelos de piedra o en caso de alguna enfermedad de la pezuña. Es posible que las sandalias para caballos favorecieran también la fuerza de tracción de los cuadrúpedos. Se utilizaban por ello con animales de carga más que en la caballería militar. En todo caso hay que considerar la importancia que el cuidado de los cascos de los équidos debía tener para los pueblos antiguos y la transcendencia que tuvo la adopción de la herradura para ello.

Cito dos textos que nos hablan de estas “hiposoleas”  y de la extravagancia del emperador Nerón y de sus esposa Popea. Dice Plinio, Naturalis Historia, XXXIII,49, 140

… en nuestra propia época Popea, la esposa del emperador   Nerón, ordenó también que sus mulas favoritas fueran calzadas con unas sandalias de oro

nostraque aetate Poppaea coniunx Neronis principis soleas delicatioribus iumentis suis ex auro quoque induere iussit.

Y Suetonio, Nerón, 30, 3:

Se dice que nunca viajó con menos de mil carruajes, con las mulas con sandalias de plata y muleros vestidos con lana de Canosa y con una multitud de mazacos (pueblo de jinetes de Mauritania) y acompañantes adornados con brazaletes y collares.

Numquam minus mille carrucis fecisse iter traditur, soleis mularum argentéis, canusinatis mulionibus, armillata phalerataque Mazacum turba atque cursorum.

Pero las hiposoleas o sandalias para caballos no son exactamente herraduras, que son también unas protecciones de metal adaptadas a los cascos de los caballos pero sujetas con clavos. Durante algún tiempo se pensó que las sandalias fueron el antecedente de la herradura, de la que ni las fuentes clásicas ni los testimonios arqueológicos dan noticia hasta llegados al siglo IX de C.

Ahora bien, resulta que son numerosos los hallazgos de “herraduras” en diversos contextos celtas y también en algún romano. Surge, pues, la cuestión no resuelta de si existían herraduras en época romana; cuestión todavía no bien resuelta.

Aunque algunas excavaciones, sobre todo antiguas, ofrecen pocas garantías científicas, parece innegable la aparición de herraduras en yacimientos celtas en el centro de Europa y en las Islas Británicas y en Hispania en la Celtiberia, sobre todo en las provincias de Soria y Guadalajara.

Los romanos entraron pronto en contacto con estos pueblos. ¿Conocieron las herraduras? ¿por qué no las aceptaron para proteger a sus animales?

En todo caso no es posible aceptar la transición natural de la “solea”, sandalia, a la herradura, sino la coexistencia en contextos culturales distintos. Sería precisamente al  final del Imperio romano cuando se va imponiendo el uso de herradura, que exige una buena técnica y unos buenos operarios, hasta imponerse definitivamente en la Edad Media. Sin duda nuevas excavaciones y estudios más cuidadosos nos darán información valiosa al respecto.

   
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