La piedra, el mojón de los caminos, es Hermes
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La piedra, el mojón de los caminos, es Hermes

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Con frecuencia el viajero, sobre todo el caminante, observa a lo largo del camino o en la entrada de las ciudades, hitos de piedra, mojones e incluso montones de piedras.

Con frecuencia vemos también estos hitos, bloques de piedra o mojones con la función de marcar un territorio, señalar un lugar especial como la tumba de un difunto o delimitar un espacio. En el lenguaje culto se llama a estos hitos  “hermes” o “hermas” en griego antiguo ἕρμα , herma.  palabra que significa “roca, montón de tierra”.  También tenían una función protectora y apotropaica o apartadora de todo mal  (del griego ἀποτρέπω , apotrépō, "alejar, apartar”, de ἀπό, apó, "lejos"  y τρέπω trépō, "girar") .  Estos mojones solían estar coronados con el busto o figura de Hermes o Mercurio.

Pero Hermes es un dios de la mitología griega, hijo de Zeus y Maya. Es el mensajero de los dioses, el protector de los caminantes, el dios de los comerciantes y también de los ladrones (los antiguos tenían dioses para todo). El griego Hermes se corresponde con el dios romano Mercurio (nótese la relación con la palabra “mercado”).

Así que  el mojón, el hito, el bloque de piedra representa al dios Hermes y por eso en el mundo antiguo son muy frecuentes estos mojones de piedra de forma cuadrangular acabados con el busto del dios Hermes, en ocasiones adornados con los genitales masculinos, especialmente con el falo o miembro viril  como símbolo de la fertilidad.

Este dios en esta función es similar al romano “Terminus” (de significado más evidente y claro). Estos “Hermes”, como decía,  se colocaban a lo largo y en las encrucijadas de los caminos (Hermes es entre otras cosas el dios de los viajeros), a las entradas de las ciudades, en los límites y fronteras de las poblaciones, etc. Quizás tengan su origen en la costumbre primitiva griega y romana de formar montones de piedra en determinados puntos del camino; el viajero al pasar arrojaba su piedra al montón formulando un deseo. El hecho de que sean de piedra nos retrotrae a creencias y cultos muy antiguos en los que la piedra tiene un espíritu o  valor religioso especial.

En España se mantiene esta costumbre desde antiguo  en algunas partes:  en  Aragón se les llama “peirones”; en la zona de Molina de Aragón (Guadalajara) (en donde se les llama “pairones”) son numerosas estas piedras prismáticas verticales, en cuya cima suele haber una imagen religiosa.  Están sin duda relacionados con los antiguos “Hermes”.

No deja de ser llamativo cómo perduran hasta hoy costumbres que han perdido todo significado y cómo persisten  nombres antiguos , aunque reducidos ya a círculos especialmente cultos.

Respecto de “terminus” conviene hacer algunas observaciones. Personificado y divinizado  es un dios romano que protege los límites, tanto de la propiedad privada como pública. Es esta una función esencial, porque en realidad lo que protege es la propiedad privada en sí misma. La tradición atribuye a Numa la costumbre de colocar mojones o límites para delimitar la propiedad, que queda protegida  por Iuppiter Terminus, en cuyo honor se celebran el 23 de febrero,, a finales  del primitivo año romano, las fiestas Terminalia.(véase  Ov. Fast. ii. 639 ss).

Por extension la palabra  “terminus”, que ha pasado al español,  significa también límite, término de algo y territorio delimitado por términos( por ejemplo término municipal); e incluso la palabra que delimita un concepto (término lingüístico).

Junto al sustantivo existe el verbo “terminar” con el significado de poner fin o término a algo y los compuestos “determinar”  (fijar los límites o términos entre los que algo se encuentra en sentido real o figurado) y “exterminar”  (acabar completamente, destruir, llevar más allá de los límites o términos).

Ofrezco a continuación la traducción del texto de Ovidio en el que describe la fiesta de las Terminalia para profundizar la idea de la importancia que tienen los actos y ritos religiosos para fijar las normas y leyes sociales, en este caso, la propiedad privada de la tierra:  Ovidio: Fasti, 2, 639 y ss.

Una vez que ha pasado la noche,  se celebra con el honor acostumbrado al dios que separa con su marca los campos de labor. O Termino, tanto si  eres una piedra  como si eres  un tronco enterrado en el campo, tú tienes poder divino desde los días antiguos. A ti te coronan  los dos dueños en los dos lados; a ti te traen  dos guirnaldas y la ofrenda de dos tortas.  Para ti se ha construido un altar: a él la rústica labradora en persona trae en un  roto  tiesto de barro  el fuego recogido del caliente hogar.   El anciano corta leña, y con habilidad  amontona los trozos cortados, y se esfuerza por  colocar  las ramas en la tierra sólida: entonces aviva las primeras llamas con corteza seca;  el muchacho queda de pie y sostiene en sus manos unas grandes canastas.  Luego cuando arroja tres veces los frutos de la tierra en medio del fuego, la pequeña hija  extiende sus manos con los panales cortados. Otros sostienen los vasos de vino: uno a uno se arrojan  en sacrificio a las llamas. El grupo, vestido de blanco, se queda mirando y guarda silencio. Término, en sus dos lados, es rociado con la sangre de un cordero sacrificado y no se queja cuando se le ofrece una cerda todavía lactante. Acuden los sencillos vecinos y celebran un banquete y cantan tus alabanzas, santo Término. Tú marcas los límites de los pueblos y de las ciudades y de los grandes reinos:  sin ti todos los campo serían motivo de conflicto. Tú no tienes ambición alguna ni te corrompes por ningún oro,  tú conservas con tu buena fe los campos a ti confiados.  Si en otro tiempo hubieses marcado tú la tierra de Tirea (en Laconia) no hubieran sido enviados a la muerte trescientos cuerpos ni   Otríades hubiera sido elegido por una lluvia de armas.  ¡O cuánta sangre entregó a su patria! ¿Y qué pasó cuando se construía el nuevo Capitolio? ¿Acaso todo el grupo de dioses no cedió ante Júpiter y te entregó el lugar? Término, como recuerdan los antiguos,  que se encontraba en el espacio sagrado , allí se quedó y comparte el templo con el gran Júpiter. Incluso ahora , el techo del templo tiene un pequeño agujero para que nada pueda verse por encima de él excepto las estrellas. Término, después de esto no tienes una libre movilidad; permanece en el lugar en que has sido colocado. Y no cedas nada a tu vecino aunque te lo ruegue, para que no parezca que antepones un hombre cualquiera a Júpiter: y ya seas golpeado con la reja del arado o con el rastrillo, grita “este es tu campo, aquel el tuyo”. Hay un camino que lleva a la gente a los campos Laurentinos, reinos buscados en otro tiempo por el jefe Dardanio (Eneas): el sexto mojón, Término, desde la ciudad ve cómo se te hacen sacrificios con las entrañas de un lanudo cordero.  Otros pueblos tienen una tierra marcada con unos límites fijos:  pero el espacio de la ciudad de Roma es el mismo orbe del mundo.


Nox ubi transierit, solito celebretur honore
     separat indicio qui deus arva suo.
Termine, sive lapis sive es defossus in agro
     stipes, ab antiquis tu quoque numen habes.
te duo diversa domini de parte coronant,
     binaque serta tibi binaque liba ferunt.
ara fit: huc ignem curto fert rustica testo               645
     sumptum de tepidis ipsa colona focis.
ligna senex minuit concisaque construit arte,
     et solida ramos figere pugnat humo;
tum sicco primas inritat cortice flammas;
     stat puer et manibus lata canistra tenet.               650
inde ubi ter fruges medios immisit in ignes,
     porrigit incisos filia parva favos.
vina tenent alii: libantur singula flammis;
     spectant, et linguis candida turba favet.
spargitur et caeso communis Terminus agno,               655
     nec queritur lactans cum sibi porca datur.
conveniunt celebrantque dapes vicinia simplex
     et cantant laudes, Termine sancte, tuas:
'tu populos urbesque et regna ingentia finis:
     omnis erit sine te litigiosus ager.               660
nulla tibi ambitio est, nullo corrumperis auro,
     legitima servas credita rura fide.
si tu signasses olim Thyreatida terram,
     corpora non leto missa trecenta forent,
nec foret Othryades congestis lectus in armis.               665
     o quantum patriae sanguinis ille dedit!
quid, nova cum fierent Capitolia? nempe deorum
     cuncta Iovi cessit turba locumque dedit;
Terminus, ut veteres memorant, inventus in aede
     restitit et magno cum Iove templa tenet.               670
nunc quoque, se supra ne quid nisi sidera cernat,
     exiguum templi tecta foramen habent.
Termine, post illud levitas tibi libera non est:
     qua positus fueris in statione, mane;
nec tu vicino quicquam concede roganti,               675
     ne videare hominem praeposuisse Iovi:
et seu vomeribus seu tu pulsabere rastris,
     clamato "tuus est hic ager, ille tuus".'
est via quae populum Laurentes ducit in agros,
     quondam Dardanio regna petita duci:               680
illa lanigeri pecoris tibi, Termine, fibris
     sacra videt fieri sextus ab Urbe lapis.
gentibus est aliis tellus data limite certo:
     Romanae spatium est Urbis et orbis idem.

 

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