Citemos correctamente las frases latinas, tan concisas y expresivas, y que tanto prestigio cultural dan.

“Urbi et orbi” es una frase latina constituida por dos palabras relacionadas entre sí por una conjunción copulativa, es decir unidas. Resulta que muchas palabras latinas, entre ellas los sustantivos, tienen diversas formas o casos que se diferencian por su terminación; “”casus” a fin de cuentas viene a significar “caída, terminación”. En concreto estas dos palabras acaban en –i y por ello decimos que están en caso “dativo”.

Que tu vida sea como tu discurso (talis oratio qualis vita) (I)

“El rostro es el espejo del alma”, “Por la forma de expresarte se conoce la forma de ser”, “que tu vida sea como tu discurso” o “piensa lo que dices y di lo que piensas” son expresiones e ideas que venimos utilizando desde la Antigüedad grecorromana en que los pensadores estoicos las generalizaron.

Los que…/ las que.. (Qui…Quae..)

Es una cuestión bien evidente y establecida que la mujer en general en el mundo antiguo, en Grecia y en Roma, apenas si juega papel alguno público , social y políticamente, permaneciendo en gran medida invisible, incluso en estancias diferentes dento de la propia casa; así llamamos “gineceo”, γυναικεῖον, a las habitaciones de la casa de uso exclusivo de las mujeres; el “andrón”, Ἀνδρῶν, es la parte de la casa reservada a los hombres.

Antiguos mitos intentan explicar las diversas formas de relación sexual entre las personas

Fedro explica en una fábula por qué existe el homoerotiso u homosexualidad, tanto masculina como femenina; Ovidio también lo hace con su relato de Ifis e Iante. Platón también lo hizo en su diálogo El Banquete, como comenté en su momento. Incluso sin entenderlo muy bien, intentaron explicar la transexualidad y el transgénero.

Ovidio en el Museo del Prado (Ovidio V)

De los tres poetas latinos más famosos de la época de Augusto, Virgilio, Horacio y Ovidio, sin duda el más influyente de todos ellos en la cultura occidental ha sido Ovidio, aunque no sea el mejor valorado por la crítica literaria. La influencia de Ovidio se ha dejado sentir desde la propia Antigüedad, durante la Edad Media y el Renacimiento hasta nuestros días en todas las artes, en las literarias por supuesto, pero también de manera especial en la pintura y hasta en la música. Este es un tema muy atendido por los estudiosos y al que quizás debiera por mi parte dedicar algún amplio comentario en algún momento. Algo de ello he dicho en alguno de los artículos que he publicado al hilo de la celebración del bimilenario de la muerte del poeta.

¿Fue real el exilio de Ovidio o fue una mera ficción literaria? (Ovidio IV)

¿Fue real el exilio que alimenta parte de la poesía de Ovidio o fue tan sólo una ficción poética con la que el creativo poeta nos ha tenido engañados dos mil años?

La cuestión puede parecer una exageración moderna, propia de estudiosos que buscan la notoriedad a cualquier precio. Pero no es así y merece la pena dedicarle algún tiempo a este tema que ya se planteó a principios del siglo XX, y al que desde entonces se han dedicado reflexiones y estudios serios.

Ovidio entre los bárbaros del Ponto Euxino. (Ovidio III)

El año 8 de nuestra era el alegre y mundano poeta latino Ovidio se encontraba en la isla de Elba en compañía de su amigo Máximo cuyo nombre completo era Marco Aurelio Cota Máximo, hijo de Marco Valerio Mesala Corvino, el protector de algunos literatos. Allí Ovidio recibió del emperador Augusto como un mazazo una carta con la acusación de graves crímenes y la orden de comparecer rápidamente en Roma, en donde recibió la condena fulminante de destierro a las fronteras del Imperio.

Bimilenario de la muerte del poeta latino Ovidio. Autobiografía. (Ovidio II)

El poeta latino Publio Ovidio Nasón murió en el exilio, desesperado y enfermo, en el año 17 de nuestra era en Tomis, la actual Constanza, en Rumania, junto al mar Negro, entonces llamado Mar Euxino (mar favorable) aunque de ninguna manera era nada bueno. Había nacido el 20 de marzo del año 43 a.C., al año siguiente al asesinato de Julio César, en la ciudad de Sulmona, en el centro de Italia, al este de Roma y a unos 130 kilómetros de ella, de una vieja y rica familia; tenía, pues, 60 años cuando murió, muchos menos que su padre que murió a los 90.

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