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NIHIL NOVUM SUB SOLE

1001 hechos, dichos, curiosidades y anécdotas del mundo antiguo

Terminus es el dios garante de la propiedad privada del campo

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Terminus es un dios romano que marca los límites de los campos y de las ciudades y que se encuentra también en la encrucijada de los caminos. Se le representa como un bloque de piedra rectangular en cuya cúspide suele figurar la cabeza de Hermes o Mercurio. A veces también se le representa con los genitales masculinos, dado su carácter apotropaico o alejador de maleficios. Por eso se le llama Hermes.

Sobre esta divinidad hemos hablado recientemente.  Véase   http://es.antiquitatem.com/hermes-termino-mercurio-pairon-fastos

En esa ocasión hacíamos referencia a su función de garante de la propiedad privada. Ello quedaba evidenciado en el pasaje de los Fasti, de Ovidio, en que nos describe las ceremonias y sacrificios con que era honrado con motivo de las fiestas Terminalia, que se celebraban el 23 de Febrero, al final del año romano primitivo, por los dueños de los dos campos limítrofes.

Quiero ahora insistir en el carácter de garante de la propiedad privada que tiene Terminus, añadiendo al texto de Ovidio, que reproduzco de nuevo, otro de Tito Livio, en su libro de Historia Ab urbe condita (Desde la fundación de la ciudad –naturalmente Roma-),  Lib. I, cap. 55.

Nos cuenta Livio como cuando Tarquinio quiso construir el templo de Júpiter en el monte Tarpeyo tuvo que desacralizar y echar de allí a los dioses ya existentes en la zona y así se lo permitieron los augurios; pero hubo una excepción: allí había el mojón, el hito, Terminus, señalizando el lugar, y los augurios no permitían moverlo a otro sitio. Por eso la solución fue que Terminus compartiera el templo con Júpiter. La anécdota puede parecer inocente, pero no es así. En realidad está consagrando la inviolabilidad de los límites marcados por Terminus.

Ovidio nos dice claramente que el dios garantiza los límites y propiedad de cada uno de los campos a sus propietarios y cómo sin él el conflicto en el campo sería permanente.

Tú marcas los límites de los pueblos y de las ciudades y de los grandes reinos: 

sin ti todos los campo serían motivo de conflicto.

Tú no tienes ambición alguna ni te corrompes por ningún oro, 

tú conservas con tu buena fe los campos a ti confiados. …

'tu populos urbesque et regna ingentia finis:
     omnis erit sine te litigiosus ager.               660
nulla tibi ambitio est, nullo corrumperis auro,
     legitima servas credita rura fide.

    ……
Recuérdese con cuanta frecuencia en el campo mover un mojón es causa de conflicto, cuando no de tragedia. En la Roma primitiva quien movía un mojón era considerado maldito y podía ser asesinado, luego la pena de muerte fue sustituida por una multa.

Poco después continúa Ovidio:

Término, después de esto no tienes una libre movilidad;

permanece en el lugar en que has sido colocado.

Así que  no cedas nada a tu vecino aunque te lo ruegue,

para que no parezca que antepones un hombre cualquiera a Júpiter:

y ya seas golpeado con la reja del arado o con el rastrillo,

grita “este es tu campo, aquel el tuyo”

Termine, post illud levitas tibi libera non est:
     qua positus fueris in statione, mane;
nec tu vicino quicquam concede roganti,               675
     ne videare hominem praeposuisse Iovi:
et seu vomeribus seu tu pulsabere rastris,
     clamato "tuus est hic ager, ille tuus".'

Estos versos de Ovidio, como los anteriores, son de una innegable emotividad y elegancia: Terminus  es el mojón, la piedra que demarca los límites, pero también un dios con el que se puede hablar; a los dos se dirige coloquialmente el poeta: “piedra, dios, no te dejes mover; si el campesino mientras laborea te empuja con la reja del arado (tal vez intencionadamente) o con el rastrillo, tú no te muevas y grítale ‘este es tu campo, aquel es de otro’ ”.

Y le dice más:  “si no cediste ante Júpiter cómo vas a ceder ante un hombre cualquiera”. Y esto nos lo explica perfectamente el texto de Tito Livio que ofrezco a continuación:

Para que toda la zona del templo de Júpiter que se iba a ocupar estuviera libre de otros cultos, decidió  (Tarquinio) desacralizar las capillas y los terrenos sagrados , algunos de los cuales habían sido ofrecidos antes por el rey Tacio en el momento culminante de la batalla contra Rómulo y luego habían sido consagrados e inaugurados (en el sentido de recibir los augurios o bendición divina). Dice la tradición que, al comienzo de la construcción de estas obras, los dioses dieron  señales divinas para advertir la grandeza de tan gran  imperio, pues mientras que las aves (los auspicios) admitían  la desacralización de todos los  santuarios, no fueron favorables en el templo de Terminus

Et ut libera a ceteris religionibus area esset tota Iovis templique eius quod inaedificaretur, exaugurare fana sacellaque statuit quae aliquot ibi, a Tatio rege primum in ipso discrimine adversus Romulum pugnae vota, consecrata inaugurataque postea fuerant. Inter principia condendi huius operis movisse numen ad indicandam tanti imperii molem traditur deos; nam cum omnium sacellorum exaugurationes admitterent aues, in Termini fano non addixere.

Ahora entendemos mejor los versos de Ovidio. Los templos y capillas de los otros dioses pudieron ser desacralizados y movidos a otro sitio; el de Terminus no.

Livio acepta la consecuencia de lo que el presagio y la aparición parecen certificar y que la tradición nacionalista romana viene repitiendo: que los límites del imperio romano, de la ciudad de Roma, serán fijos y eternos. Pero hay una segunda lectura de enorme importancia: lo que el relato certifica es que los límites marcados por Terminus son absolutamente inviolables, incluso para Júpiter, el padre de los dioses; nada hay por encima del derecho de propiedad que Terminus garantiza.

Es un ejemplo clarificador del sentido práctico de los romanos, que afecta a toda su creación cultural, incluso la religión. Hé aquí, una creencia, un mito, un rito, con un sentido práctico y eficaz en la vida social: garantizar el derecho de propiedad del agricultor romano y evitar los conflictos.

Ofrezco el capítulo de la obra de Livio completo, para una mejor contextualización de todos estos comentarios. Ab urbe condita, I, 55


1.55] Después de la toma de Gabii, Tarquinio hizo la paz con la tribu de los  ecuos y renovó el tratado con los etruscos. Luego volvió su atención a los asuntos urbanos. De ellos el primero era el de dejar el templo de Júpiter en el monte Tarpeyo como recuerdo de su reinado y de su nombre;  de los dos reyes Tarquinios,  el padre lo había prometido, el hijo lo llevó a cabo. Para que toda la zona del templo de Júpiter que se iba a ocupar estuviera libre de otros cultos, decidió desacralizar las capillas y los terrenos sagrados , algunos de los cuales habían sido ofrecidos antes por el rey Tacio en el momento culminante de la batalla contra Rómulo y luego habían sido consagrados e inaugurados (en el sentido de recibir los augurios o bendición divina). Dice la tradición que, al comienzo de la construcción de estas obras, los dioses dieron  señales divinas para advertir la grandeza de tan gran  imperio, pues mientras que las aves (los auspicios) admitían  la desacralización de todos los  santuarios, no fueron favorables en el templo de Terminus . Esta señal sagrada y este augurio, que la sede de Terminus no fuera movida y que sólo el de los dioses no fuera removido de sus límites sagrados, presagiaba que todos los límites (del imperio romano) serían firmes y estables. Recibido este augurio de perpetuidad, siguió otro prodigio que anunciaba la grandeza del imperio: se dice que se apareció a los que estaban abriendo los cimientos del templo una cabeza humana con el rostro completo. Esta aparición presagiaba sin duda alguna que aquella sería la cumbre  y la cabeza de todas las cosas del imperio: así lo proclamaron todos los adivinos que había en la ciudad y los que habían sido llamados de Etruria para consultar este asunto.

Gabiis receptis Tarquinius pacem cum Aequorum gente fecit, foedus cum Tuscis renovavit. Inde ad negotia urbana animum convertit; quorum erat primum ut Iovis templum in monte Tarpeio monumentum regni sui nominisque relinqueret: Tarquinios reges ambos patrem vovisse, filium perfecisse. Et ut libera a ceteris religionibus area esset tota Iovis templique eius quod inaedificaretur,exaugurare fana sacellaque statuit quae aliquot ibi, a Tatio rege primum in ipso discrimine adversus Romulum pugnae vota, consecrata inaugurataque postea fuerant.  Inter principia condendi huius operis movisse numen ad indicandam tanti imperii molem traditur deos; nam cum omnium sacellorum exaugurationes admitterent aues, in Termini fano non addixere; idque omen auguriumque ita acceptum est non motam Termini sedem unumque eum deorum non euocatum sacratis sibi finibus firma stabiliaque cuncta portendere.Hoc perpetuitatis auspicio accepto, secutum aliud magnitudinem imperii portendens prodigium est: caput humanum integra facie aperientibus fundamenta templi dicitur apparuisse. Quae visa species haud per ambages arcem eam imperii caputque rerum fore portendebat; idque ita cecinere uates quique in urbe erant quosque ad eam rem consultandam ex Etruria acciuerant.

Texto de Ovidio, Fastos, 2, 639 y ss..

Una vez que ha pasado la noche,  se celebra con el honor acostumbrado al dios que separa con su marca los campos de labor. O Termino, tanto si  eres una piedra  como si eres  un tronco enterrado en el campo, tú tienes poder divino desde los días antiguos. A ti te coronan  los dos dueños en los dos lados; a ti te traen  dos guirnaldas y la ofrenda de dos tortas.  Para ti se ha construido un altar: a él la rústica labradora en persona trae en un  roto  tiesto de barro  el fuego recogido del caliente hogar.   El anciano corta leña, y con habilidad  amontona los trozos cortados, y se esfuerza por  colocar  las ramas en la tierra sólida: entonces aviva las primeras llamas con corteza seca;  el muchacho queda de pie y sostiene en sus manos unas grandes canastas.  Luego cuando arroja tres veces los frutos de la tierra en medio del fuego, la pequeña hija  extiende sus manos con los panales cortados. Otros sostienen los vasos de vino: uno a uno se arrojan  en sacrificio a las llamas. El grupo, vestido de blanco, se queda mirando y guarda silencio. Término, en sus dos lados, es rociado con la sangre de un cordero sacrificado y no se queja cuando se le ofrece una cerda todavía lactante. Acuden los sencillos vecinos y celebran un banquete y cantan tus alabanzas, santo Término. Tú marcas los límites de los pueblos y de las ciudades y de los grandes reinos:  sin ti todos los campo serían motivo de conflicto. Tú no tienes ambición alguna ni te corrompes por ningún oro,  tú conservas con tu buena fe los campos a ti confiados.  Si en otro tiempo hubieses marcado tú la tierra de Tirea (en Laconia) no hubieran sido enviados a la muerte trescientos cuerpos ni   Otríades hubiera sido elegido por una lluvia de armas.  ¡O cuánta sangre entregó a su patria! ¿Y qué pasó cuando se construía el nuevo Capitolio? ¿Acaso todo el grupo de dioses no cedió ante Júpiter y te entregó el lugar? Término, como recuerdan los antiguos,  que se encontraba en el espacio sagrado , allí se quedó y comparte el templo con el gran Júpiter. Incluso ahora , el techo del templo tiene un pequeño agujero para que nada pueda verse por encima de él excepto las estrellas. Término, después de esto no tienes una libre movilidad; permanece en el lugar en que has sido colocado. Y no cedas nada a tu vecino aunque te lo ruegue, para que no parezca que antepones un hombre cualquiera a Júpiter: y ya seas golpeado con la reja del arado o con el rastrillo, grita “este es tu campo, aquel el tuyo”. Hay un camino que lleva a la gente a los campos Laurentinos, reinos buscados en otro tiempo por el jefe Dardanio (Eneas): el sexto mojón, Término, desde la ciudad ve cómo se te hacen sacrificios con las entrañas de un lanudo cordero.  Otros pueblos tienen una tierra marcada con unos límites fijos:  pero el espacio de la ciudad de Roma es el mismo orbe del mundo.


Nox ubi transierit, solito celebretur honore
     separat indicio qui deus arva suo.
Termine, sive lapis sive es defossus in agro
     stipes, ab antiquis tu quoque numen habes.
te duo diversa domini de parte coronant,
     binaque serta tibi binaque liba ferunt.
ara fit: huc ignem curto fert rustica testo               645
     sumptum de tepidis ipsa colona focis.
ligna senex minuit concisaque construit arte,
     et solida ramos figere pugnat humo;
tum sicco primas inritat cortice flammas;
     stat puer et manibus lata canistra tenet.               650
inde ubi ter fruges medios immisit in ignes,
     porrigit incisos filia parva favos.
vina tenent alii: libantur singula flammis;
     spectant, et linguis candida turba favet.
spargitur et caeso communis Terminus agno,               655
     nec queritur lactans cum sibi porca datur.
conveniunt celebrantque dapes vicinia simplex
     et cantant laudes, Termine sancte, tuas:
'tu populos urbesque et regna ingentia finis:
     omnis erit sine te litigiosus ager.               660
nulla tibi ambitio est, nullo corrumperis auro,
     legitima servas credita rura fide.
si tu signasses olim Thyreatida terram,
     corpora non leto missa trecenta forent,
nec foret Othryades congestis lectus in armis.               665
     o quantum patriae sanguinis ille dedit!
quid, nova cum fierent Capitolia? nempe deorum
     cuncta Iovi cessit turba locumque dedit;
Terminus, ut veteres memorant, inventus in aede
     restitit et magno cum Iove templa tenet.               670
nunc quoque, se supra ne quid nisi sidera cernat,
     exiguum templi tecta foramen habent.
Termine, post illud levitas tibi libera non est:
     qua positus fueris in statione, mane;
nec tu vicino quicquam concede roganti,               675
     ne videare hominem praeposuisse Iovi:
et seu vomeribus seu tu pulsabere rastris,
     clamato "tuus est hic ager, ille tuus".'
est via quae populum Laurentes ducit in agros,
     quondam Dardanio regna petita duci:               680
illa lanigeri pecoris tibi, Termine, fibris
     sacra videt fieri sextus ab Urbe lapis.
gentibus est aliis tellus data limite certo:
     Romanae spatium est Urbis et orbis idem.

 

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