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1001 hechos, dichos, curiosidades y anécdotas del mundo antiguo

Demetrio el Cínico y su relación con los emperadores Calígula, Claudio, Nerón, Vespasiano, Tito y ¿Domiciano? (Intelectuales frente al poder IV)

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Uno de los muchos intelectuales que sufrió las iras del poder fue Demetrio de Corinto (ca.7/10 d.C. –ca.90), prestigioso intelectual y filósofo cínico griego que vivió una larga vida de 80 años en época imperial romana llena de sinsabores. De él se conservan muchas ideas citadas por numerosos autores y tuvo una notable influencia en muchos romanos, como Séneca.

Vivió  a la manera de los cínicos, sin lujos, sin apego a las riquezas ni al  poder. Como otros griegos, marchó Roma, centro del poder, siendo joven en época del emperador Calígula. Fue amigo de Séneca y se ganó el respeto de los intelectuales romanos, cuyos cenáculos recorrió pronunciando con notable éxito sus conferencias.

Parte de su vida, reflejada en unos cuantos textos, nos permitirán recrear el ambiente de tiranía y opresión al que se ven sometidos los pensadores, los filósofos, los intelectuales cuando se atreven a expresar libremente sus opiniones y criticar la acción de los poderosos. Este ambiente de terror fue especialmente opresivo en tiempos de Domiciano.

Reproduzco una carta de Séneca a su amigo Lucilio en la que deja constancia del cariño y respeto que le tiene: 

Séneca, Cartas a Lucilio LXII

Mienten quienes quieren que parezca que la cantidad de los negocios es un obstáculo para el estudio de las artes liberales; simulan ocupaciones y las multiplican y ellos mismos se llenan de ocupaciones. Yo estoy libre, querido Lucilio, estoy libre y donde quiera que estoy, allí soy mi dueño. Pues no me entrego a las cosas, sino que me acomodo y no  persigo las causas para perder el tiempo. Y en cualquier lugar en el que me detengo, allí me dedico a mis pensamientos y doy vueltas en mi cabeza a algo saludable.

Cuando me dedico a mis amigos, no me distraigo de mi mismo, ni me entretengo con aquellos con los que alguna circunstancia me reunió o alguna causa surgida de un asunto civil, sino que estoy solo con los mejores; a ellos entrego mi alma en cualquier lugar en el que vivieron y  en cualquier momento en el existieron.

Traigo conmigo a Demetrio, el mejor de los hombres y abandonando a los purpurados, hablo con él que va semidesnudo y le admiro. ¿Cómo no lo voy a admirar? Veo que no le falta nada. Uno puede despreciar todas las cosas, pero nadie puede tener todas las cosas. El camino más corto para las riquezas pasa por el desprecio de las riquezas. Pues nuestro querido Demetrio vive así, no como el que desprecia todo, sino como el que permite que los demás las tengan. Cuidate.

Mentiuntur, qui sibi obstare ad studia liberali turbam negotiorum videri volunt; simulant occupationes et augent et ipsi se occupant. Vaco, Lucili, vaco et ubicumque sum, ibi meus sum. Rebus enim me non trado, sed commodo, nec consector perdendi temporis causas. Et quocumque constiti loco, ibi cogitationes meas tracto et aliquid in animo salutare  converso.

Cum me amicis dedi non tamen mihi abduco, nec cum illis moror, quibus me tempus aliquod congregavit aut causa ex officio nata civili, sed cum optimo quoque sum; ad illos, in quocumque loco, in quocumque saeculo fuerunt, animum meum mitto.

Demetrium, virorum optimum, mecum circumfero et relictis conchyliatis cum illo seminudo loquor, illum admiror. Quidni admirer? Vidi nihil ei deesse. Contemnere aliquis omnia potest, omnia habere nemo potest. Brevissima ad divitias per contemptum divitiarum via est. Demetrius autem noster sic vivit, non tamquam contempserit omnia, sed tamquam aliis habenda permiserit. Vale.

Filóstrato lo presenta  en Corinto (hacia el año 61) y como amigo de Apolonio de Tiana,  pero esta fuente no resulta muy fiable para algunos, aunque también Luciano de Samosata atestigua su estancia en Corinto en “Contra la ignorancia, 19”:

Filóstrato, Vida de Apolonio, IV, 25

En Corinto practicaba precisamente por aquella época la filosofía Demetrio, hombre que había abarcado toda la vitalidad de la doctrina cínica. De él hace luego mención Favorino en muchos de sus discursos, y no sin generosidad. Le ocurrió respecto a Apolonio lo que dicen que le ocurrió a Antístenes respecto a la sabiduría de Sócrates; lo seguía, deseoso de ser su discípulo y pendiente de sus discursos, e incluso a los más estimados de sus seguidores los dirigió en pos de Apolonio. (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

Fue desterrado por primera vez por Tigelino, el prefecto del pretorio de Nerón en el año 62  por sus irónicos comentarios y su actitud crítica con la monarquía, con ocasión de la inauguración de un grandioso gimnasio por el emperador.  Véase http://es.antiquitatem.com/neron-inaugura-un-gimnasio-demetrio-

En la misma época fue también desterrado otro cínico llamado Isidoro, que también comentaré.

En una ocasión el emperador Calígula (reinó del 37 al 41) quiso hacerle un regalo con una pequeña cantidad de dinero qué el filósofo rechazó orgulloso. Nos lo cuenta Séneca, Sobre los deberes VII,11,1-2:

Así pues, cuando Cayo César iba a regalarle  doscientos (sestrcios), los rechazó riéndose, considerando que no era una cantidad digna, ni siquiera para ser ensalzado por no aceptarla. ¡Dioses y diosas, con qué  ánimo más mezquino quiso o honrarle o corromperle! Debe darse testimonio de este hombre extraordinario. Le oí decir una cosa grandiosa al considerar que era una locura de Cayo el que hubiese pensado que él podía  cambiarse por tan poco.  Dijo: “Si había decidido probarme, me debía  haber tentado con todo el imperio”.

Itaque cum C. Caesar illi ducenta donaret, ridens reiecit ne dignam quidem summam iudicans, qua non accepta gloriaretur. Di deaeque, quam pusillo animo illum aut honorare voluit aut corrumpere ! Reddendum egregio viro testimonium est ; ingentem rem ab illo dici audivi, cum miraretur Gai dementiam, quod se putasset tanti posse mutari. " Si temptare," inquit, " me constituerat, toto illi fui experiendus imperio."

Demetrio criticó las famosas Termas o gimnasio que  Nerón inauguró en el año 61 por antihigiénicas y por suponer un gasto despilfarrador. Cuando un año más tarde se derrumbaron por efecto de un rayo, las palabras de Demetrio se consideraron la causa del derrumbe y Demetrio fue enviado al exilio por Tigelino, el prefecto del pretorio (el jefe superior de policía y brazo ejecutor) de Nerón. Nos lo cuenta Filóstrato, Vida de Apolonio IV 42.

Dado que Demetrio, que llegó después a Roma con la misma disposición de ánimo hacia él que he dicho en los capítulos acerca de Corinto, elogiaba a Apolonio, mientras que arremetía contra Nerón, ello provocó en este hombre sospechas de una conspiración, y daba la impresión de que aquel había inducido a Demetrio a eso mismo.

Mucho más cuando se llevó a término por Nerón el gimnasio más admirable de los de allí, y estaban celebrando el día festivo en él el propio Nerón, el gran senado y el orden ecuestre de Roma, pero presentándose Demetrio en el propio gimnasio, pronunció un discurso contra los que se bañaban, diciendo que se debilitaban y se contaminaban. Así mismo, demostraba que tales cosas constituían un derroche excesivo.

Lo libró de morir inmediatamente por ello el hecho de que Nerón cantó aquel día muy bien de voz (cantaba en una taberna construida junto al gimnasio, desnudo, con sólo un ceñidor, como los más desvergonzados de los mozos de taberna). Con todo, no se libró Demetrio del peligro por lo que dijo, pues Tigelino, que tenía la espada de Nerón, lo expulsó de Roma, por haber arruinado la casa de baños con lo que dijo. Asimismo, se puso en secreto tras las huellas de Apolonio,  para cuando también él dijera algo censurable e impurdente. (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

Es fácil imaginar la cara que se les pondría a toda la alta sociedad romana, con el emperador Nerón a la cabeza, escuchando al tábano cínico Demetrio (Socrátes, de quien aprendió muchas cosas Antístenes, creador de la escuela cínica, se consideraba a sí miso un tábano; mosca cojonera diríamos hoy en lenguaje más explícito) arruinarles el acto con dos críticas de peso: aquello es un despilfarro y además en los baños públicos lo único que puedes pillar es alguna enfermedad…

Es también motivo de reflexión la actitud del “policía” Tigelino respecto de Apolonio: espiarlo en secreto para pillarlo in fraganti(delicto) y entonces…. castañazo.

De nuevo Filóstrato nos da una extraña razón de por qué el emperador Nerón no condenó a muerte a Demetrio y otros sofistas. Nos lo dice en Vida de Apolonio VII 16:

Emperador, los sofistas son una cosa que habla a la ligera, y su sabiduría, fanfarronadas. Y como no disfrutan de ninguna ventaja de laexistencia, anhelan la muerte, y no aguardan a que venga por sí misma, sino que se acarrean la muerte, provocando a quienes tienen espadas. Pienso que eso mismo es lo que pensaba Nerón, para no verse obligado por Demetrio a matarlo. Pues dado que se dio cuenta de que quería morir, no lo dispensó de la sentencia de muerte por compasión, sino por desprecio de matarlo. Y asimismo a Musonio, el etrusco, pese a su continua oposición a su poder,lo confinó en una isla llamada Giara. (en las Cícladas) (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

Hay un relato también de Filóstrato que relaciona a Demetrio con Musonio Rufo, el maestro de Epicteto.  Con motivo de la conspiración de Pisón contra Nerón del año 65-66 Séneca fue obligado al suicidio abriéndose las venas junto a su esposa Pompeya Paulina y también su sobrino Lucano.  Por la misma razón fueron expulsados de Roma los filósofos, sobre todo los estoicos, y entre ellos Musonio Rufo, maestro de Epicteto. Filóstrato, fuente poco de fiar como ya dije según algunos autores, hace que los dos coincidan en Grecia: allí estaba Musonio condenado a excavar el Istmo de Corinto, como mil veces ha ocurrido con prisioneros y disidentes, condenados a trabajos forzados para la construcción de grandiosas y peligrosas obras públicas.

La anécdota, a pesar de su curioso interés, no parece muy creíble a los historiadores, aunque no hay argumentos serios para dudarlo; en todo caso  leeremos el texto de Filóstrato, Vida de Apolonio V, 19:

Una vez iniciado (Apolonio) en Atenas (en los misterios de Eleusis) –y lo inició el hierofante que él mismo le había vaticinado al anterior-, se encontró casualmente con Demetrio, el filósofo; pues después de lo del baño de Nerón y o que dijo acerca de él, Demetrio había residido en Atenas con tan noble valentía que ni durante el tiempo que Nerón los injurió, con motivo de los juegos, salió de Grecia. Aquél le dijo que también se había encontado a Musonio en el Istmo, aherrojado y forzado a participar en la excavación, y que lo había confortado como era natural, pero que el otro había tomado su azadón y lo había clavado violentamente en tierra y, tras erguirse, le había dicho:

-¿Te aflige, Demetrio, que ande yo excavando el Istmo en beneficio de Grecia? Si me viras tocando la cítara, como a Nerón, ¿qué te ocurriría?.

No obstante, dejemos las frases de Musonio –que hay más y más admirables- para que no parezca que me muestro arrogante con quien las pronunció sin calibrarlas. (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

Esa conspiración también ocasionó la condena a Bárea Sorano y a Trasea Peto, patricio, estoico, de quien era maestro Demetrio, que le consoló en el momento y día en que llegaba la condena.

Trasea es quien según Epicteto pronunció la frase:

¡Mejor sería ser matado hoy que desterrado mañana”.

Epicteto recomienda aceptar las cosas como vienen con sabio estoicismo. Discursos I,1, 21

…Qué hay que tener a mano en semejantes circunstancias? ¿Qué otra cosa sino saber qué es lo mío y qué no es lo mío, y qué me está permitido y qué no me está permitido? He de morir. ¿Acaso ha de ser gimiendo? Ser llevado a prisión. ¿Acaso ha de ser lamentándome? Ser exiliado. ¿Habrá quien me impida hacerlo riendo, de buen humor y tranquilo?  “Dime lo que no debes decir”. No lo diré, porque eso depende de mí. “Pues te encadenaré”. ¿Qué dices, hombre? ¿A mí?  Encadenarás mi pierna, pero mi albedrío ni el propio Zeus puede vencerlo. “Te meteré en la cárcel”. A mí cuerpecito, será. “Te decapitaré”. ¿Pero te he dicho yo que mi cuello sea el único imposible de cortar? Sobre eso convendría que reflexionaran los que filosofan; sobre eso habrían de escribir a diario; en eso tendrían que ejercitarse.

Trásea acostumbraba a decir: “Prefiero verme hoy muerto que mañana en el exilio”.  ¿Y qué le respondió Rufo? “Si lo eliges por ser más penoso, ¡qué locura de elección! Si por ser más leve, ¡quién te ha dado a elegir? ¿No quieres ejercitarte en que te  baste con lo que te ha sido dado?” (Traducción de  Paloma Ortiz García. Editorial Gredos)

Transcribo la información que nos da Tácito en sus Anales sobre la sentencia y muerte de Trásea, un episodio que no puede por menos que conmovernos todavía hoy:

Tácito, Anales, XVI, 21

Después de haber asesinado a tantos hombres insignes, Nerón deseó incluso acabar con la virtud misma, matando a Trásea Peto y a Barea Sorano, a los que odiaba desde hacía tiempo; en el caso de Trásea se añadía a los motivos el que se ausentó del Senado cuando se trataba el asunto de Agripina, como ya he contado antes, y el que había prestado poco interés en la asistencia a los juegos de la juventud; y esta ofensa le había calado más profundamente porque el mismo Trásea había cantado vestido como trágico en Padua, de donde era oriundo, en los “juegos césticos” , instituidos por el troyano Antenor. Y también porque en el día en  el que el pretor Antistio era condenado a muerte por unos versos injuriosos contra Nerón, aconsejó y obtuvo un castigo más suave; y porque cuando se decretaron honores de dioses a Popea estuvo ausente conscientemente y no había intervenido en el funeral. Todas estas cosas no permitía que cayeran en el olvido Capitón Cossutiano, mala persona de espíritu inclinado a toda maldad, especialmente contra Trásea, porque había sido condenado por su autoridad cuando acusan a Capitón de cohecho con la ayuda de los embajadores de Cilicia.

Entonces fue enviado a Trásea, que estaba moviéndose en su huerto, el cuestor del cónsul cuando el día ya atardecía. Había organizado una concurrida reunión de hombres y mujeres ilustres, y sobre todo prestaba atención a Demetrio, maestro de la escuela cínica, con el que trataba de la naturaleza del alma y de la separación del espíritu y del cuerpo, como se podía deducir de la atención de su rostro y de lo que se les oía cuando hablaban más alto, hasta que llegó Domicio Ceciliano, uno de sus íntimos amigos, y le expuso lo que el senado había decidido. Entonces Trásea apremia a los presentes que están llorando y quejándose a que se marchen rápidamente para no mezclar su peligro con la suerte de él ya condenado. Y a Arria, que pretendía unirse al destino de su marido y seguir el ejemplo de su madre, le pide que conserve la vida y no prive a su hija común de su único amparo.
Entonces salió al corredor y allí le encontró el cuestor, cerca de estar alegre, porque había conocido que su yerno Helvidio sólo había sido condenado a alejarse de Italia. Una vez recibido el decreto del senado, hizo pasar a la habitación a Helvidio y a Demetrio. Tensó las venas de sus dos brazos, y cuando la sangre ya brotaba, esparciéndola por el suelo, llamando al cuestor para que se acercara, dijo: “Mira joven, estamos haciendo una libación a Júpiter Liberador; y que los dioses te alejen todo presagio, aunque has nacido en unos tiempos en los que te conviene reforzar tu espíritu con ejemplos de constancia”;  luego, como la lentitud de la salida le producía más tormento, vueltos (los ojos) hacia Demetrio…

Trucidatis tot insignibus viris ad postremum Nero virtutem ipsam excindere concupivit interfecto Thrasea Paeto et Barea Sorano, olim utrisque infensus et accedentibus causis in Thraseam, quod senatu egressus est cum de Agrippina referretur, ut memoravi, quodque Iuvenalium ludicro parum spectabilem operam praebuerat; eaque offensio altius penetrabat, quia idem Thrasea Patavi, unde ortus erat, ludis †cetastis† a Troiano Antenore institutis habitu tragico cecinerat. die quoque quo praetor Antistius ob probra in Neronem composita ad mortem damnabatur, mitiora censuit obtinuitque; et cum deum honores Poppaeae decernuntur sponte absens, funeri non interfuerat. quae oblitterari non sinebat Capito Cossutianus, praeter animum ad flagitia praecipitem iniquus Thraseae quod auctoritate eius concidisset, iuvantis Cilicum legatos dum Capitonem repetundarum interrogant.

XVI, 34
Tum ad Thraseam in hortis agentem quaestor consulis missus vesperascente iam die. inlustrium virorum feminarumque coetus frequentis egerat, maxime intentus Demetrio Cynicae institutionis doctori, cum quo, ut coniectare erat intentione vultus et auditis, si qua clarius proloquebantur, de natura animae et dissociatione spiritus corporisque inquirebat, donec advenit Domitius Caecilianus ex intimis amicis et ei quid senatus censuisset exposuit. igitur flentis queritantisque qui aderant facessere propere Thrasea neu pericula sua miscere cum sorte damnati hortatur, Arriamque temptantem mariti suprema et exemplum Arriae matris sequi monet retinere vitam filiaeque communi subsidium unicum non adimere.

XVI, 35
Tum progressus in porticum illic a quaestore reperitur, laetitiae propior, quia Helvidium generum suum Italia tantum arceri cognoverat. accepto dehinc senatus consulto Helvidium et Demetrium in cubiculum inducit; porrectisque utriusque brachii venis, postquam cruorem effudit, humum super spargens, propius vocato quaestore 'libamus' inquit 'Iovi liberatori. specta, iuvenis; et omen quidem dii prohibeant, ceterum in ea tempora natus es quibus firmare animum expediat constantibus exemplis.' post lentitudine exitus gravis cruciatus adferente, obversis in Demetrium ...

Y aquí terminan los "Anales"; seguramente la muerte de su autor le impidió continuar y faltan unas cuantas líneas en el códice, que nos liberan así de asistir al finar de tan dramático episodio.

Pero no privaré a los lectores interesados de otro fragmento de la obra de Suetonio, en que nos muestra la crueldad con la que Nerón ordenaba los suicidios . Nos lo cuenta  Suetonio, cuya obra, en la que se recogen fundamentalmente anécdotas, hay que leerla con espíritu crítico, aun sabiendo que como secretario de Adriano tuvo a su disposición los archivos oficiales.

Suetonio, Nerón 37

… Peto Trasea fue acusado de tener un rostro demasiado triste, como el de un maestro de escuela. Concedía solamente algunas horas  a los que recibían orden de morir y para prevenir cualquier retraso les enviaba médicos encargados de “cuidarlos” al momento en caso de que vacilasen. Esta era su expresión favorita para referirse a abrirse las venas para provocar la muerte. Se pretende incluso que quiso echar, para que los despedazara y devorara, hombres vivos a un antropófago egipcio habituado a comer carne cruda y todo lo que se le presentase. Henchido de orgullo por tan brillantes “éxitos”, declaró que ningún emperador se había dado cuenta del poder que realmente tenía…

(37.1)…Paeto Thraseae tristior et paedagogi uultus.
(37.2) mori iussis non amplius quam horarum spatium dabat; ac ne quid morae interueniret, medicos admouebat qui cunctantes continuo curarent: ita enim uocabatur uenas mortis gratia incidere. creditur etiam polyphago cuidam Aegypti generis crudam carnem et quidquid daretur mandere assueto, concupisse uiuos homines laniandos absumendosque obicere.
(37.3)elatus inflatusque tantis uelut successibus negauit “quemquam principum scisse quid sibi liceret”,

Pero frente a estos dictadores poderosos, hombres libres como Demetrio les pueden decir, como cuenta Arriano,  en Epicteto, Discursos I 25,21-23:

Y en cuanto a la última vestimenta, esto es, el cuerpecito, nadie puede hacerme nada más allá de ella. Por eso le respondió Demetrio a Nerón: “Con la muerte me amenazas tú a mí, y a ti la naturaleza”. (Traducción de  Paloma Ortiz García. Editorial Gredos)

En el año 75, bajo el emperador Vespasiano,  fue expulsado por segunda vez, junto con otros filósofos, a las islas Cícladas.  Algunos piensan que la expulsión fue en el año 71 de acuerdo con Dión Casio 65 (66)13 y Suetonio, Vespasiano 13.

Leamos el texto de Dión Casio, Historia de Roma 65 (66) 12 y ss.

 Helvidio Prisco, el yerno de Trasea, había sido educado en las doctrinas de los estoicos e imitaba al hablar la franqueza de Trasea, a veces inoportunamente.  Por aquel entonces era pretor, pero no prestaba la honra debida al emperador, sino que en vez de ello le insultaba e injuriaba constantemente.   Por ello, en una ocasión los tribunos lo arrestaron y lo entregaron a los lictores; entonces  Vespasiano se emocionó abrumado y salió  llorando del Senado, repitiendo únicamente estas palabras: "Mi sucesor será mi hijo o ninguno otro".

Como quiera que había  ya muchos otros, entre los que se encontraba también Demetrio el Cínico, que actuaban según los principios estoicos y se aprovechaban del prestigio de la filosofía para enseñar públicamente muchas doctrinas inadecuadas para aquellos tiempos, e iban corrompiendo así a otros varios de sus oyentes, Muciano, llevado  más por la ira que por el amor a la filosofía, dijo muchas cosas contra ellos a Vespasiano y le  convenció  para que expulsara de la ciudad a todos los de aquella secta.

Ocurría que Muciano quería ser honrado por todos por encima de cualquier otro y por eso le molestaba no sólo que alguien le ofendiera, sino también que no se le dieran muestras de respeto. Por eso, de la misma manera que no tenía límites para agradecer a quien le hacía algún favor por pequeño que fuera, también trataba con el odio más grande a quien se comportaba de otra manera.

Muciano le hizo a Vespasiano un gran número críticas extrañas contra los estoicos, afirmando, por ejemplo, que estaban llenos de jactancia vacía, que alguno  de ellos se deja crecer la barba larga, que arqueaba las cejas, que llevaba un grueso manto marrón  echado hacia atrás sobre el hombro y que iba descalzo, que en seguida proclamaba que él poseía la sabiduría, la valentía y la justicia, y se daba grandes ínfulas, aunque como dice el refrán, “ni supiera las letras ni tampoco cómo nadar”. Que ellos desprecian a todos y al hombre de buena familia le llaman malcriado, al de baja cuna corto de mente, a una persona guapa viciosa, a una persona fea un simplón, al hombre rico avaro, y al pobre servil.

Y Vespasiano expulsó inmediatamente de Roma a todos los filósofos, excepto a Musonio. A  Demetrio y Hostiliano  incluso los deportó  a las islas. Pero Hostiliano, aunque de ninguna manera desistió de su actitud  cuando se le comunicó  la sentencia de exilio,  más aún, como estaba conversando con otra persona, sencillamente  arremetió con más dureza contra de la monarquía,  sin embargo regresó pronto del exilio.  Por el contrario,  a Demetrio, que tampoco cedió incluso entonces, Vespasiano ordenó que le dieran este mensaje:  "Tú haces todo lo que puedes para obligarme a matarte, pero yo no mato  a un perro ladrador".

También quedó evidentemente claro que Vespasiano odiaba Helvidio Prisco, no tanto por él mismo o por sus amigos, a los que había agraviado, sino porque era un agitador  que se ganó el favor de la plebe y acusaba y denunciaba  siempre la realeza mientras elogiaba a la   democracia. Actuando en consecuencia con estas opiniones, Helvidio reunió  un grupo de partidarios, como si la función de la filosofía fuera la de insultar a los gobernantes, agitando a la multitud para derrocar el orden establecido de las cosas y  llevar a cabo una revolución.

Éste fue yerno de Trásea e intentó emular su conducta, pero se quedó muy lejos de comportarse así. Pues mientras Trásea, a pesar de vivir en la época de Nerón y en desacuerdo con él, ni dijo ni hizo nada insultante para él, excepto que se segó a compartir sus hechos, Helvidio en cambio mantenía el rencor contra Vespasiano y no lo abandonaba ni en privado ni en público. Así, con su conducta se estaba buscando la muerte y estaba a punto de llegar el tiempo de recibir su castigo por sus intromisiones.

Es curioso cuán semejante me resulta esta actitud temerosa del poder frente a cualquier a los movimientos y comportamientos sociales de aquel momento, con los que personalmente viví (ya tengo alguna edad) en las postrimerías de la dictadura de Franco: barba larga, vestimenta distinta a la convencional, llevan zapatillas, se las dan de listos, se meten con todo el mundo, convencen con su charla a la gente, etc.

Suetonio nos pinta a Vespasiano como comprensivo y benevolente, contrario a la aplicación de castigos excesivos. A propósito de Demetrio y Vespasiano dice en Suetonio, Vespasiano 13:

Demetrio el Cínico, cuando se cruzó en el camino con él después de haber sido condenado (al exilio) , no se dignó ponerse en pie ni saludarle, atreviéndose incluso a murmurar no sé qué contra él; Vespasiano, en cambio, se contentó con llamarle “perro”.

Demetrium Cynicum in itinere obuium sibi post damnationem ac neque assurgere neque salutare se dignantem, oblatrantem etiam nescio quid, satis habuit canem appellare.

Su relación con Tito parece haber sido mejor. Filóstrato nos cuenta cómo Apolonio recomendó a Tito que se sirviera de las enseñanzas del maestro Demetrio; nos lo dice en su citada Vida de Apolonio, VI, 31

En cuanto a mí, -dijo Tito-, hombre de Tiana, ¿qué me recomiendas respecto al imperio y la realeza?

-Lo mismo de lo que tú mismo estás convencido –repuso-, pues al someterte a tu padre, evidente es que te asemejarás a él. Yo además te diría ahora un dicho de Arquita, pues es noble y digno de aprenderse. Arquitas era un varón tarentino, sabio en las doctrinas de Pitágoras. Y él, en un escrito sobre la educación de los hijos, dice:”que el padre sea para los hijos modelo de virtud, porque también los padres caminarán más rectamente hacia las virtudes, si los hijos pretenden asemejárseles”. Por mi parte, te encomendaré a mi compañero Demetrio, que te atenderá en cuanto quieras, enseñándote qué es menester que haga el buen gobernante.

-¿Y cuál es, Apolonio –le preguntó-, la sabiduría de ese hombre?

-La sinceridad –contestó- y el ser veraz y no amilanarse por nadie, pues ello es cosa del coraje perruno.

Y como Tito oía con desagrado mentar al perro, Apolonio añadió:

-Con todo, a Homero le pareció que Telémaco, cuando era joven necesitaba dos perros, y se los da al jovencito por compañeros en el ágora de los de Ítaca, aunque eran irracionales. A ti te acompañará un perro que ladrará en tu defensa frente a los demás, y frente a ti mismo, si cometieras un error.

-Dame, pus –repuso, ese perro por compañero. Y le permitiré incluso morderme si se diera cuenta de que cometo alguna injusticia.

-Se le escribirá una carta –dijo-, pues se halla filosofando en Roma.

-Que se le escriba –contestó-. Y quisiera que también a ti te escribiera alguien intercediendo por mí, para que compartieras nuestro camino hacia Roma.
Iré –prometió- cuando sea mejor para ambos.

(Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

Poco después, en Vida de Apolonio VI 33 nos ofrece la carta:

La carta de Demetrio fue la siguiente:

   Apolonio, el filósofo, a Demetrio, el perro. Saludos.
Te encomiendo al emperador Tito como su maestro, para el comportamiento de la realeza. Tu procura no dejarme por mentiroso ante él, y sélo todo para él, salvo la ira. Adios.
(Traducción de Gredos de Alberto Bernabé Palares-)

En el año 75 Tito pretendía casarse con la princesa judía Berenice, relación que el pueblo no veía con buenos ojos; un tal Diógenes el Sofista y un tal Heras criticaron en el teatro los vicios de los emperadores y esto alimentaba el enfado regio y por ello fueron castigados, como nos cuenta Dión Casio, Historia de Roma LXV 15, 3-5:

Berenice estaba en la cúspide de su poder y por ello  vino también a Roma con su hermano Agripa.   A este se le concedió el cargo de pretor, mientras ella vivía en el palacio  con Tito.  Ella esperaba casarse con él y  se comportaba en todos los aspectos como si ya fuese su esposa; pero cuando él advirtió que la situación disgustaba a los romanos, la hizo marcharse, porque  además de los muchos rumores  que había, se añadió el hecho de que ciertos sofistas de la escuela cínica se las arreglaron para entrar subrepticiamente en la ciudad. Y Diógenes fue el primero que se  presentó  en el teatro cuando estaba lleno de público y les lanzó muchas invectivas  a la pareja en un insolente discurso, y por ello fue azotado. Luego, detrás de él, entró Heras, y pensando que no tendría un castigo no más duro que el anterior, se lanzó a gritarles al modo cínico muchas críticas intempestivas,  y por ello le cortaron la cabeza. 

Demetrio quizás vivió hasta la época de Domiciano, que creó un buen ambiente de terror. A Domiciano se le adjudican dos expulsiones de filósofos (filosofar resultó ser una actividad de alto riesgo) y también de astrólogos y “matemáticos”, término con el que quizás se refieran a profesores en general. La primera tuvo lugar en el año 89 y la segunda, más violenta, en el 93/95. Veamos lo que dice Dion Casio en Historia de Roma LXVII 13,1:

(Domiciano) tuvo también una notable actuación como censor.  Y así expulsó a Cecilio Rufino del Senado porque bailaba representando pantomimas, y devolvió a Claudio Pacato a su amo, aunque había sido un centurión, porque se demostró que era un esclavo.  Pero no fueron iguales los hechos que voy ahora a contara y que realizó  como emperador.  Porque mató a Aruleno Rústico porque filosofaba   y llamó santo (equivalente a “augusto”, ἱερὸν,  en griego)  a Trasea, y mató a Herenio Seneción porque, después de haber sido cuestor, no se presentó para ninguna otra magistratura en su larga vida y porque había escrito una biografía de Helvidio Prisco.

Muchos otros también murieron como consecuencia de esta misma acusación de filosofar y todos los demás filósofos de Roma fueron expulsados de nuevo.  Sin embargo un tal Juvencio Celso,  que fue uno de los principales  junto a otros en una conjura contra él (Domiciano), y que había sido acusado por esto, salvó su vida de una manera sorprendente:  estando a punto de ser condenado, pidió que se le dejase decirle algo en privado al emperador y postrándose a continuación ante él, le llamó  "mi dueño y mi dios”, palabras con las que otros ya le saludaban,  y le dijo:  "Yo no he hecho nada de  esta clase; pero si  me permites vivir me infiltraré en todo y no solo te traeré a muchas acusados, sino que además lo probaré".  Con esto quedó en libertad,  pero no acusó a nadie poniendo unas veces una excusa y otras veces otras, y vivió hasta que Domiciano murió.

El siguiente texto de Filóstrato describe perfectamente el ambiente de  preocupación y terror en el que tantas  veces se han encontrado numerosos intelectuales, esperando la decisión del tirano y dudando de la conveniencia de huir lejos para quedar a salvo.

Filóstrato, Vida de Apolonio VII 10-12

…(Apolonio) una vez que desembarcó en Corinto y celebró, al filo de mediodía, en honor del Sol, los ritos que acostumbraba, partió hacia Sicilia e Italia al atardecer. Gracias a que encontró una brisa favorable y una corriente que lo llevaba sobre el mar, llegó a Dicearquía al quinto día.

Allí se encontró con Demetrio, que pasaba por ser el más audaz de los filósofos, porque vivía no lejos de Roma. Conociendo su aversión por el tirano, le dijo, por iniciar la conversación:

-Te he sorprendido sumido en el lujo y viviendo en lo más feliz de la próspera Italia, si es que realmente es próspera; allí donde se dice que Ulises, cuando convivía con Calipso, se olvidó del humo de Ítaca y de su casa.

Y Demetrio lo abrazó y, tras expresarle sus buenos augurios, le dijo:

-¡Dioses! ¿Qué le ocurrirá a la filosofía ahora que corre peligro de perder a un hombre como éste?

-¿Qué peligro es el que corre? –repuso-

-Sin duda ese por cuya previsión vienes. Pues si ignoro tus intenciones, es que tampoco me conozco a mí mismo. Pero no hablemos aquí, sino vayamos a donde la conversación sea privada, y que esté presente también Damis, al que yo, ¡por Hércules” considero el Yolao de tus trabajos.

Les iba conduciendo Demetrio, mientras decía estas palabras, hacia la villa que fue de Cicerón en su vejez, que se encuentra cerca de la ciudad. Se sentaron bajo un plátano, mientras las cigarras cantaban con el acompañamiento de la brisa. Y Demetrio, alzando su vista hacia ellas, les dijo:

-¡Felices de vosotras y verdaderamente sabias, porque os enseñaron las Musas un canto que aún no se ha visto sometido a procesos o acusaciones; os hicieron superiores a vuestro vientre y apartaron vuestra morada de la envidia humana, en esos árboles en los que, dichosas, cantáis vuestra felicidad y la de las Musas.

Apolonio comprendió a qué se referían tales palabras, pero, censurándolas, como demasiado indolentes para su profesión, le dijo:

-¿Acaso tenías el propósito de desarrollar un elogio de las cigarras, pero no lo expusiese abiertamente sino te escondite aquí, como si hubiera alguna ley que prohibiera elogiar en público a las cigarras?

-No he dicho eso como un elogio –respondió-, sino por poner de manifiesto que, mientras que a ellas las dejan en paz sus salas de concierto, nosotros no disponemos de  permiso ni para murmurar, sino que la sabiduría constituye un cargo contra uno. La acusación de Ánito y Meleto dice: “Sócrates comete injusticia porque corrompe a los jóvenes y trata de introducir nuevos dioses”. Pero a nosotros se nos acusa en estos términos: “Comete injusticia Fulano por ser sabio, justo, conocedor de los dioses, conocedor de los hombres y extremadamente experto en leyes”. Y en la medida en que tú eres más sabio que nosotros, tanto más prolija será la acusación que van a inventarse contra ti, pues Domiciano se propone hacerte partícipe de los cargos por los que están desterrados Nerva y los suyos.

-¿Y por qué están desterrados? –preguntó.

- Por la más grave de las acusaciones –contestó-, según el parecer del acusador; pues afirma que son convictos del intento de tomar el poder que él detenta, y que tú instigaste a esos hombres descuartizando, creo, a un niño.

-¿Acaso es porque el gobierno será derrocado por un eunuco? –preguntó Apolonio.

-No es por eso por lo que nos vemos falsamente acusados –aclaró-, sino que dicen que sacrificaste a un niño con objeto de conocer el vaticinio que revelan las entrañas de los animales jóvenes. Se hace también constar en la acusación tu forma de vestir y de vivir, así como el hecho de que haya gente por la que eres objeto de culto. Eso efectivamente se lo oí decir a Telesino, un buen amigo, tanto para mí como para ti.

-Hallazgo inesperado sería –dijo- si nos encontráramos con Telesino, pues seguramente te refieres al filósofo que alcanzó el rango consular en época de Nerón.

-A él en efecto me refiero –contestó-, mas ¿de qué modo podrías entrar en contacto con él? Pues las tiranías son muy suspicaces respecto a todos los que gozan de prestigio, si llegan a mantener conversaciones con los inculpados en lo mismo que tú ahora. Además,  Telesino emigró con motivo del edicto que se ha proclamado ahora respecto a toda clase de filosofía, por  preferir ser desterrado como filósofo antes que quedarse como cónsul.

-Que no se vea en peligro, pues –dijo-, ese hombre por culpa mía. Que bastante peligro corre por culpa de la filosofía.

-Pero dime una cosa, Demetrio –prosiguió Apolonio-. ¿Qué te parece que debo decir o hacer para calmar mi propio miedo?

-No bromees –contestó- ni digas que temes ahora peligros de los que ya eras consciente. Pues si consideraras eso peligroso, te habrías marchado, con tal de librarte de un discurso en tu propia defensa.

-¿Te habrían escapado tú –preguntó- si corrieras el mismo peligro que yo?

-No, ¡por Atenea! –repuso-, si hubiera alguien para juzgarme, pero sí con la perspectiva de que no va a haber siquiera proceso, y de que o no voy a ser oído si me defendiera, o voy a ser oído, pero me matarán precisamente por no haber cometido delito. Y tú estarías de acuerdo conmigo en no elegir una muerte tan escalofriante y propia de un esclavo, en lugar de una adecuada para un filósofo. Y es que a la filosofía le es adecuado, creo, o bien morir por  liberar una ciudad o por defender a los padres, hijos, hermanos y el resto de la familia, o combatiendo por los amigos, que para los hombres sabios son más estimables que el parentesco, o por los que han conquistado por amor. Pero morir por falsas razones sutilmente inventadas  y ofrecerle al tirano la posibilidad de parecer sabio es mucho más penoso que si uno, como cuentan de Ixión, sufriera tortura por el aire sobre una rueda. Para ti supongo que será el comienzo de tu proceso el propio hecho de venir aquí. Pues tú lo justificas por la sanidad de tu conciencia y porque no te habrías atrevido a emprender el camino hasta aquí si hubieras cometido algún delito; pero Domiciano no pensará que lo has hecho por eso, sino que, por poseer algún poder secreto, te has aventurado tan resueltamente. Pues el hecho de haber sido citado no hace aún diez días, según dicen, y que tú te hayas presentado a juicio sin haber oído aún que vas a ser juzgado, conferirá sentido a la acusación, pues parecerá que lo sabías de antemano, y la historia acerca del niño ganará crédito. Mira además no sea que eso de las Moiras y el destino, sobre lo que dicen que tú hablaste en Jonia, no se vuelva contra ti y que, por tramar el destino algo insólito, tú te veas obligado a ir a su encuentro sin darte cuenta de que es siempre más sabio precaverse. Y si no se te ha olvidado la época de Nerón, sabes lo que pasó conmigo y que no mostré un comportamiento indigno de un hombre libre ante la muerte. Pero aquello tenía ciertos atenuantes. Pues en el caso de Nerón, su cítara parecía desentonar con el comportamiento adecuado a la realeza, pero respecto a lo demás, no estaba desagradablemente afinada, pues muchas veces traía por su mediación algunas treguas y lo apartaba de los crímenes. A mí por lo menos no me mató, aunque había atraído su espada contra mí por tus discursos y los míos, esos que pronuncié contra el establecimiento de baños. La causa de que no muriera fue un mejoramiento de voz que le vino entonces y el haber logrado una melodía que a él le pareció espléndida. Pero ahora, ¿en honor de qué mejora de voz, en honor de qué cítara vamos a ofrecer un sacrificio? Pues todo es ajeno a la música y está lleno de cólera, y éste no podría ser fascinado ni por ti ni por otros. Aunque Píndaro al elogiar la lira dice que fascina incluso al ánimo de Ares y lo aparta de los bélicos quehaceres, y si bien ese ha establecido aquí una competición musical y corona en público a los vencedores, hay algunos de ellos a los que mandó matar y que intervinieron, como se dice, en una competición de flauta o de canto por última vez. También debes pensar en los hombres que te siguen, pues los harás parecer también a ellos, tanto si te muestras atrevido, como si pronuncias palabras con las que no vas a convencer. Tu salvación la tienes a mano, pues hay aquí muchas naves, como ves; unas partirán hacia Libia, otras hacia Egipto, otras hacia Fenicia y Chipre; otras directamente a Cerdeña y otras más allá de Cerdeña. Lo mejor para ti es embarcar en una y marcharte a cualquiera de esos lugares, pues las tiranías son menos crueles con los hombres notorios si se dan cuenta de que prefieren no vivir en la notoriedad.

Ganado Damis por las razones de Demetrio, dijo:…..

El texto siguiente describe la angustia de quien, sintiéndose perseguido, teme comprometer a otras personas con su mero contacto y relación. Cúantas veces se habrán producido situaciones similares, ante la inacción de los restantes ciudadanos.

Sigamos leyendo a Filóstrato VII, 14-15:

(Apolonio)… Ya sé cuán hábil eres, Demetrio, para sacar conclusión a tus argumentos, por lo cual me parece que vas a decirme algo así como: “No vayas entonces con ellos, sino con hombres con los que aún no hayas tenido relación y te será más cómodo huir, pues pasarás inadvertido con mayor facilidad entre quienes no te conocen. Examinemos en qué medida ese argumento es convincente. Mi opinión al respecto es la siguiente: yo creo que el sabio no hace nada en privado ni por sí, y que no puede concebir nada con una falta tan absoluta de testigos, que no esté al menos él consigo mismo, y, tanto si la inscripción pítica (conócete a ti mismo) es del propio Apolo, como si es de un hombre que se conocía sanamente a sí mismo y por ello lo convirtió en máxima para todos, me parece que el sabio que no se conoce a sí mismo y toma su propia conciencia como acompañante, ni podría asustarse por lo mismo que la gente, ni atreverse a algo que otros no emprenden sin vergüenza. Pues siendo esclavos de las tiranías, se han precipitado incluso a traicionar a sus mejores amigos, en beneficio de ellas, temerosos de lo que no es temible en absoluto, y sin temor de lo que es preciso temer.

Pero la sabiduría no condesciende con eso…

Así pues, que la consciencia me pondrá en evidencia, tanto si voy con quienes me conocen, como con quienes no me conocen, si llegara a ser el traidor para estos hombres, creo que lo he dejado claramente demostrado, y que la verdad se pone de manifiesto. Así que no me traicionaré tampoco a mí mismo, sino combatiré contra el tirano, diciendo lo del noble Homero

     Común es Eníalo (Marte es imparcial

Damis afirma que se sintió tan impresionado por estas palabras, que recobró su celo y su audacia, y que Demetrio ya no dio por perdido a nuestro hombre, sino que tras elogiarlo y darle la razón en lo que había dicho, invocó a los dioses en su ayuda, por el riesgo que iba a correr y en ayuda de la propia filosofía, en cuya defensa demostraba esa valentía. Asimismo dice Damis que los iba a llevar a donde se encontraba alojado, pero que Apolonio, rehusando dijo:

-Es ya tarde y es menester que a la hora de prender las lámparas me dirija al puerto de Roma, pues esa es la hora acostumbrada para esas naves, Compartiremos la comida cuando lo mío esté solucionado, pues ahora podría fraguarse alguna acusación contra ti por haber compartido tu comida con el enemigo del emperador; así que no vayas siquiera al puerto con nosotros, no sea que incluso el haber conversado conmigo te acarree la acusación de que ha sido para secretos complots.

Consintió Demetrio y, tras darles un abrazo, los dejó, pero volviéndose para mirarlos y derramando llanto.

Demetrio murió en torno al año 90. Tuvo una larga vida; sin duda supo sortear con habilidad y la ayuda de la diosa Fortuna los escollos.

   
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