• antiquitatem in English
  •    
NIHIL NOVUM SUB SOLE

1001 hechos, dichos, curiosidades y anécdotas del mundo antiguo

Los ciudadanos de Capua fueron consultados

Publicado | 0 Comentarios

Como es bien sabido, los Atenienses inventaron allá por el siglo V a.C. la democracia o sistema político en el que los ciudadanos, el pueblo , el “demos”, elegían a sus gobernantes. Este hecho grandioso cuyo desarrollo más avanzado sólo existe en unos pocos países occidentales actuales, no nos permite desconocer la gran limitación de aquella democracia original: sólo los ciudadanos, una minoría en el conjunto de habitantes de Atenas, tenían esos derechos; ni las mujeres, ni los esclavos, ni los extranjeros podían votar. Tampoco debemos ignorar la facilidad con la que el pueblo fue “manipulado”, impresionado, para tomar acuerdos perjudiciales incluso contra la propia democracia, cuando surgen los “demagogos” que incluso imponen a “tiranos”.

Recordemos algo tan sabido como es la etimología de democracia, demagogia, tiranía:

Democracia: de los sustantivos griegos δῆμος, (demos = pueblo)  y κράτος (krátos = poder): gobierno del pueblo.

Demagogia: del griego δῆμος -dēmos-, pueblo y ἄγω -ago-, dirigir. Según el Diccionario de la RAE

Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular y también  Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.

Tiranía: del griego τύραννος (tyrannos) que significa "señor" o "amo"; parece ser un término lidio no indoeuropeo; se ha relacionado también con el término etrusco turan”, que significa señora o dama aplicado a Venus. Según la RAE:

  “ persona que obtiene contra derecho el gobierno de un Estado, especialmente si lo rige sin justicia y a medida de su voluntad” ; y también: “ persona que abusa de su poder, superioridad o fuerza en cualquier concepto o materia, y también simplemente del que impone ese poder y superioridad en grado extraordinario”.

Véase http://es.antiquitatem.com/tirania-democracia-tucidides-dictadura

Pues bien, voy a contar un episodio ocurrido en la Italia por la que se mueve Anibal, durante la Segunda Guerra Púnica, venciendo y aniquilando a los ejércitos latinos y ocupando una tras otras numerosas ciudades, generando una sensación de pánico y miedo total entre todos los romanos.

Concretamente ocurre en Capua, capital de la Campania a unos treinta kilómetros de Nápoles, al sur de Italia, una de las ciudades más prósperas y ricas e incluso más  lujosa que la famosa Síbaris o Crotona a juzgar por el testimonio de Polibio , Historias, VII,1; y III,91,6; Cicerón en De Lege Agraria, II, 95; o Estrabón, V, 4,3Capua estaba comunicada con Roma por la famosa Vía Apia desde el año 312 a.C.

De Síbaris o Crotona hemos tratado alguna vez en este mismo blog. Véase:

http://es.antiquitatem.com/lecho-de-rosas--princesa-del-guisante

http://es.antiquitatem.com/zeuxis-muchachas-de-crotona-imitacion

En este episodio observaremos la facilidad con la que es manejada la maleable “masa” de ciudadanos por un hábil individuo y lo que puede ocurrir cuando se enfrenta al pueblo en su conjunto y a cada uno de sus miembros con su propia responsabilidad.

Los ciudadanos de Capua odiaban” a sus senadores que se comportaban altaneramente sin consideración y ni siquiera mantenían contacto con ellos, pero, cuando tuvieron ocasión de acabar con ellos, fueron incapaces de ponerse de acuerdo y proponer sustitutos de aquellos a quienes deseaban hacer desaparecer.  Reproduzco un comienzo tal vez demasiado largo, pero necesario para situar los hechos en su contexto.

Texto de Tito Livio, de su Historia de Roma desde sus orígenes, libro 23, capítulos 1-4.

Habiendo tomado y saqueado los campamentos, Aníbal, después de la batalla de Cannas, marchó en seguida de la Apulia al Samnio: Stacio, que le prometía entregarle Compsa, le llamaba al territorio de los hirpinos. Trebio Stacio era uno de los ciudadanos más distinguidos de Compsa, pero se veía obligado a ceder ante el partido de los Mopsinos, familia poderosa por la protección de los romanos. A la noticia de la batalla de Cannas, al rumor de la llegada de Aníbal, que por todas partes extendía Trebio, los Mopsinos habían salido de la ciudad. Compsa se rindió por consiguiente sin resistencia al cartaginés y recibió guarnición.

Dejó allí Aníbal su botín y todos los bagajes, y dividiendo su ejército en dos cuerpos, encargó a Magón que recibiese la sumisión de aquellas ciudades del territorio que abandonasen la causa de Roma y de apoderarse de las que se resistieran. El mismo atravesó el territorio campanio, dirigiéndose hacia el mar inferior, con intención de sitiar a Nápoles para asegurarse de una ciudad marítima. En cuanto atravesó la frontera napolitana, emboscó una parte de los númidas en los parajes que le parecieron convenientes para su plan, abundando aquel país en caminos profundos y desfiladeros impenetrables. En seguida manda a los demás que lleven delante ostensiblemente los ganados que habían arrebatado en la campiña y llegar con sus caballos hasta las puertas de la ciudad Al verles tan poco numerosos y tan desordenados, salió un grupo de jinetes; los númidas retrocedieron de intento delante de ellos atrayéndoles a la emboscada, donde fueron rodeados, y ni uno solo hubiese escapado, si la proximidad del mar y algunas barcas, la mayor parte pescadoras, que veían muy cerca de la orilla, no hubiesen ofrecido refugio a los que sabían nadar. Algunos jóvenes distinguidos fueron capturados o muertos, entre ellos Hegeas, jefe de aquellos jinetes, que pereció persiguiendo con demasiado ardor a los fugitivos. Aníbal renunció al sitio de la ciudad al ver sus murallas, muy difíciles de asaltar.

Desde allí dirigió su marcha á Capua, ciudad enervada por larga prosperidad, por los favores de la fortuna y más que todo por el libertinaje del pueblo, que, en medio de la corrupción general, gozaba de libertad sin freno. Pacuvio Calavio había sometido el Senado a su voluntad y a la del pueblo. Aunque noble y popular a la vez, debía su poder a malos medios. En el mismo año en que los romanos fueron vencidos en el Trasimeno, encontrábase primer magistrado de la ciudad. Sabía bien que el pueblo, enemigo del Senado desde mucho antes, aprovecharía aquella ocasión para sublevarse, y que si se presentaba Aníbal al frente de un ejército victorioso, no retrocedería ante un gran crimen y exterminaría a los senadores para entregar Capua al cartaginés. Pacuvio era malo, pero no completamente depravado: prefería ejercer su autoridad sobre Capua a ejercerla sobre sus ruinas, y sabía que no es posible la existencia de una ciudad privada de consejo público. Imaginó, pues, un medio de conservar el Senado y hacerlo al mismo tiempo esclavo de su voluntad y de la del pueblo. Convocó a los senadores y comenzó por declarar que no aprobaría una sublevación contra Roma sino en cuanto fuese necesaria; que tenía hijos de la hija de Apio Claudio, y que su propia hija estaba casada en la ciudad con Livio; pero que les amenazaba otra calamidad mucho más terrible; que el pueblo no pensaba sublevarse para quitar el poder al Senado, sino para exterminarlo y entregar a Aníbal y los cartagineses una ciudad sin gobierno;  que puede, sin embargo, salvarles del peligro si se entregan a él, y prescindiendo de todo debate político, prestar fe a su palabra. Dominados por el terror, todos consienten, y entonces dijo: "os encerraré en la curia, y como si yo mismo tomase parte en la conspiración, aprobando un crimen al que en vano me opondría, encontraré medio de salvaros. Recibiréis de mí cuantas garantías queráis.» Habiendo empeñado de esta manera su palabra, mandó cerrar la curia, y dejó en el vestíbulo una guardia que no había de permitir entrar ni salir a nadie sin orden suya. En seguida convocó una asamblea del pueblo. «Campanios, dijo, muchas veces habéis deseado castigar ese ímprobo y detestable Senado; hoy podéis hacerlo sin obstáculo ni peligro, sin exponeros a los riesgos de una sublevación en la que tendríais que asaltar la casa de cada uno, defendidas por sus clientes y esclavos. Yo os los entrego a todos encerrados en la curia, solos y desarmados, y no tendréis que obrar con precipitación y a la casualidad. Os daré el derecho de decidir acerca de la suerte de cada uno de ellos, a fin de que sufran los suplicios merecidos. Pero ante todo, no puede satisfacerse vuestra cólera sino a condición de posponerla á vuestra conservación, a vuestro propio interés. Detestáis a esos senadores, pero creo que no deseáis abolir completamente el Senado; porque necesitáis un rey (¡autoridad abominable!) o un Senado, único consejo de un estado libre. Tenéis por consiguiente dos cosas que hacer al mismo tiempo: destruir el Senado antiguo, y crear uno nuevo. Voy a hacer llamar sucesivamente á todos los senadores; os consultaré acerca de la suerte de cada cual y se ejecutará lo que decidáis. Pero en el puesto del condenado elegiréis otro senador, varón animoso y honrado, antes de que el culpable sea entregado al suplicio.»

Sentóse entonces, hizo colocar los nombres en una urna y manda sacar de la curia y llevar ante el pueblo aquel que designó en primer lugar la suerte. En cuanto se oyó el nombre, todos exclamaron que era un malvado, un miserable digno del suplicio. Entonces dijo Pacuvio: «Veo que decidís acerca de él. Ahora, para el puesto de ese malvado, de ese miserable, nombrad un senador honrado y virtuoso.» Al pronto hubo un momento de silencio; no encontraban uno mejor para reemplazarle. Al fin se atrevió uno a pronunciar un nombre al azar, y un grito mucho más fuerte se alzó en eI acto : decían unos que no le conocían, otros le censuraban sus acciones deshonrosas, su baja estofa, su vergonzosa pobreza, su oficio, sus infames lucros. La escena se renovó con mucha más intensidad cuando se citó otro y otro nombre; era evidente que no querían a los senadores, pero no encontraban con quienes reemplazarles. No podían proponer a los que ya habían sido nombrados sin oirles abrumar de injurias, y en cuanto a los otros, eran mucho más despreciables, mucho más obscuros que aquellos cuyos nombres se citaron primero. En vista de esto, separóse el pueblo diciendo que el mal conocido era más soportable, y Pacuvio ordenó que se pusiese en libertad á los senadores. Salvando Pacuvio de esta manera la vida a los senadores, les hizo suyos mucho más que del pueblo, y sin violencia, por consentimiento unánime, dominaba en absoluto. Desde entonces, abandonando los senadores todo recuerdo de honor y libertad, comenzaron a adular al pueblo, a saludar a todos, a invitarles con bondad y a ofrecerles magníficos festines. La causa de que se encargaban, el partido que favorecían, las decisiones a que inclinaban a los jueces, era siempre la más popular, la más a propósito para conquistar la benevolencia de la multitud. En el Senado nada se hacía que no se hubiese hecho en asamblea del pueblo. Inclinada en todo tiempo a la mayor molicie, no solamente por la depravación de los ánimos, sino que también por las dulzuras y la acción enervante de las delicias que le ofrecían el mar y la tierra, Capua entonces, gracias a la baja complacencia de los ciudadanos principales, a la licencia del populacho, se abandonaba con tal furor a todos los excesos, que no había límites para sus caprichos ni para sus gastos. A este desprecio de las leyes, de los magistrados y del Senado, añadíase, después de la batalla de Cannas, el desprecio en que cayó el poder romano, único freno respetado hasta entonces. Existía sin embargo un obstáculo que les había impedido declararse inmediatamente contra Roma: y eran los antiguos matrimonios que habían unido familias romanas con nobles y poderosas familias de Capua, y además el lazo poderoso de muchos compatriotas suyos que servían en el ejército romano y de trescientos caballeros, de los más nobles de la Campania, quienes, por expresa elección, habían sido enviados a guarnecer las ciudades de Sicilia. (Traducción de Francisco Navarro y Calvo)

 Hannibal post Cannensem pugnam castraque capta ac direpta confestim ex Apulia in Samnium moverat, accitus in Hirpinos a Statio Trebio pollicente se Compsam traditurum. compsanus erat Trebius nobilis inter suos; sed premebat eum Mopsiorum factio, familiae per gratiam Romanorum potentis.  post famam Cannensis pugnae volgatumque Trebi sermonibus adventum Hannibalis cum Mopsiani urbe excessissent, sine certamine tradita urbs Poeno praesidiumque acceptum est. ibi praeda omni atque impedimentis relictis, exercitu partito Magonem regionis eius urbes aut deficientis ab Romanis accipere aut detractantis cogere ad defectionem iubet, ipse per agrum Campanum mare inferum petit, oppugnaturus Neapolim, ut urbem maritimam haberet. ubi fines Neapolitanorum intravit, Numidas partim in insidiis—et pleraeque cavae sunt viae sinusque occulti—quacumque apte poterat disposuit, alios prae se actam praedam ex agris ostentantis obequitare portis iussit.  in quos, quia nec multi et incompositi videbantur, cum turma equitum erupisset, ab cedentibus consulto tracta in insidias circumventa est;  nec evasisset quisquam, ni mare propinquum et haud procul litore naves, piscatoriae pleraeque, conspectae peritis nandi dedissent effugium.  aliquot tamen eo proelio nobiles iuvenes capti caesique, inter quos et Hegeas, praefectus equitum, intemperantius cedentes secutus cecidit.  ab urbe oppugnanda Poenum absterruere conspecta moenia haudquaquam prompta oppugnanti.
inde Capuam flectit iter luxuriantem longa felicitate atque indulgentia fortunae, maxime tamen inter corrupta omnia licentia plebis sine modo libertatem exercentis.  senatum et sibi et plebi obnoxium Pacuvius Calavius fecerat, nobilis idem ac popularis homo, ceterum malis artibus nanctus opes. is cum eo forte anno quo res male gesta ad Trasumennum est in summo magistratu esset, iam diu infestam senatui plebem ratus per occasionem novandi res magnum ausuram facinus ut, si in ea loca Hannibal cum victore exercitu venisset, trucidato senatu traderet  Capuam Poenis, inprobus homo sed non ad extremum perditus, cum mallet incolumi quam eversa re publica dominari, nullam autem incolumem esse orbatam publico consilio crederet, rationem iniit qua et senatum servaret et obnoxium sibi ac plebi faceret. vocato senatu cum sibi defectionis ab Romanis consilium placiturum nullo modo, nisi necessarium fuisset,  praefatus esset, quippe qui liberos ex Appii Claudii filia haberet filiamque Romam nuptum M. Livio dedisset; ceterum maiorem multo rem magisque timendam instare; non enim per defectionem ad tollendum ex civitate senatum plebem spectare, sed per caedem senatus vacuam rem publicam tradere Hannibali ac Poenis velle; eo se periculo posse liberare eos, si permittant sibi et certaminum in re publica obliti credant,—cum omnes victi metu permitterent,  “claudam” inquit “in curia vos et, tamquam et ipse cogitati facinoris particeps, adprobando consilia quibus nequiquam adversarer, viam saluti vestrae inveniam. in hoc , fidem, quam voltis ipsi, accipite.” fide data egressus claudi curiam iubet, praesidiumque in vestibulo relinquit, ne quis adire curiam iniussu suo neve inde egredi possit.
tum vocato ad contionem populo “quod saepe” inquit “optastis, Campani, ut supplicii sumendi vobis ex improbo ac detestabili senatu potestas esset, eam non per tumultum expugnantes domos singulorum, quas praesidiis clientium servorumque tuentur, cum summo vestro periculo; sed tutam habetis ac liberam; clausos omnis in curia accipite, solos, inermis. nec quicquam raptim aut forte temere egeritis; de singulorum capite vobis ius sententiae dicendae faciam, ut quas quisque meritus est poenas pendat; sed ante omnia ita vos irae indulgere oportet, ut potiorem ira salutem atque utilitatem vestram habeatis. etenim hos, ut opinor, odistis senatores, non senatum omnino habere non voltis; quippe aut rex, quod abominandum, aut, quod unum liberae civitatis consilium est, senatus habendus est. itaque duae res simul agendae vobis sunt, ut et veterem senatum tollatis et novum cooptetis.  citari singulos senatores iubebo de quorum capite vos consulam; quod de quoque censueritis fiet; sed prius in eius locum virum fortem ac strenuum novum senatorem cooptabitis quam de noxio supplicium sumatur.”  inde consedit et nominibus in urnam coniectis citari quod primum sorte nomen excidit ipsumque e curia produci iussit ubi auditum est nomen, malum et inprobum pro se quisque clamare et supplicio dignum.  tum Pacuvius “video quae de hoc sententia sit; date igitur pro malo atque inprobo bonum senatorem et iustum.” primo silentium erat inopia potioris subiciundi; deinde cum aliquis omissa verecundia quempiam nominasset, multo maior extemplo clamor oriebatur, cum alii negarent nosse, alii nunc probra nunc humilitatem sordidamque inopiam et pudendae artis aut quaestus genus obicerent. hoc multo magis in secundo ac tertio citato senatore est factum, ut ipsius paenitere homines appareret, quem autem in eius substituerent locum deesse, quia nec eosdem nominari attinebat, nihil aliud quam ad audienda probra nominatos, et multo humiliores obscurioresque ceteri erant eis qui primi memoriae occurrerant. ita dilabi homines, notissimum quodque malum maxime tolerabile dicentes esse iubentesque senatum ex custodia dimitti.

hoc modo Pacuvius cum obnoxium vitae beneficio senatum multo sibi magis quam plebi fecisset, sine armis iam omnibus concedentibus dominabatur.  hinc senatores omissa dignitatis libertatisque memoria plebem 'adulari; salutare, benigne invitare, apparatis accipere epulis,  eas causas suscipere, ei semper parti adesse, secundum eam litem iudices dare quae magis popularis aptiorque in volgus favori conciliando esset;  iam vero nihil in senatu agi aliter quam si plebis ibi esset concilium. prona semper civitas in luxuriam non ingeniorum modo vitio sed afluenti copia voluptatium et inlecebris omnis amoenitatis maritimae terrestrisque,  tum vero  ita obsequio principum et licentia plebei lascivire ut nec libidini nec sumptibus modus esset. ad contemptum legum, magistratuum, senatus accessit tum, post Cannensem cladem, ut, cuius aliqua verecundia erat, Romanum quoque spernerent imperium.  id modo erat in mora ne extemplo deficerent, quod conubium vetustum multas familias claras ac potentis Romanis miscuerat,  et cum militarent aliquot apud Romanos, maximum vinculum erant trecenti equites, nobilissimus quisque Campanorum, in praesidia Sicularum urbium delecti ab Romanis ac missi.

En fin, Capua cayó en manos de Anibal, que allí fijo el campamento de su ejército durante el invierno,  pero el lujo y las comodidades de la vida en esta lujosa ciudad debilitaron de tal manera a su ejército y relajaron su disciplina que tan pronto pasaron los fríos lo sacó inmediatamente para restablecer el espíritu de sacrificio que ha de acompañar a todo buen soldado.

Nos lo recuerda Cicerón en el texto cuya referencia cité anteriormente:

Segudo discurso sobre la Ley Agraria pronunciado en el Senado contra P.Srvilio Rulo, Tribuno de la plebe.

Los campanios siempre se sintieron orgullosos de la excelencia de su tierra, de la magnitud de sus cultivos, de la salud, de la posición y de la belleza de su ciudad. De esa abundancia, y  afluencia de todas las cosas  se originaron, en primer lugar, la arrogancia que exigía a nuestros antepasados la elección de uno de los cónsules de Capua; y, en segundo lugar, aquel lujo que conquistó con el placer a Aníbal, que hasta entonces había sido invencible por las armas.

DE LEGE AGRARIA ORATIO SECVUNDA CONTRA P. SERVILIVM RVLLVM TR. PLEB. IN SENATV
Cicero Leg. Agr. II. 95

Campani semper superbi bonitate agrorum et fructuum magnitudine, urbis salubritate, descriptione, pulchritudine. Ex hac copia atque omnium rerum adfluentia primum illa nata est adrogantia qua a maioribus nostris alterum Capua consulem postularunt, deinde ea luxuries quae ipsum Hannibalem armis etiam tum invictum voluptate vicit.

Pero esto es otro tema.

En todo caso, la anécdota de los ciudadanos que malquerían a sus senadores tal vez pueda mover a alguna reflexión a dirigentes actuales populistas dispuestos a consultar al pueblo siempre que lo presuponen coincidentes con sus objetivos. En nuestras sociedades actuales la democracia es representativa, es decir, los ciudadanos eligen a sus representantes en quienes delegan su derecho de participación en la vida política en algunos aspectos. Sólo en contadas ocasiones de especial importancia se recurre al “referéndum” o consulta a todos los ciudadanos con derecho a participar.

Nota: “referéndum” es una forma verbal llamada “gerundivo” que significa “obligación de…” del verbo re-fero, re-ferre, compuesto de re- (de nuevo, hacia atrás,) y fero, llevar. En consecuencia significa “consultar”.

En el contexto político se refiere, pues, al procedimiento por el que una cuestión o asunto “ ha de ser llevado o devuelto….al pueblo”, es decir, consultada al conjunto de los ciudadanos que son los que detentan la soberanía para su ratificación.

La RAE, con su plausible concisión, lo define como:

“Procedimiento por el que se someten al voto popular leyes o decisiones políticas con carácter decisorio o consultivo”.

Plebiscito es un término sinónimo de sabor absolutamente latino. Está formado de “plebis”, genitivo de “plebs”, que significa, plebe, pueblo (recordemos la división inicial de los ciudadanos romanos entre “patricios”, con todos los derechos y “plebeyos” que los hubieron de conseguir con una larga lucha por la igualdad, y “scitum”, del verbo scio, scire, saber, y su compuesto incoativo “sciscere”, que inicialmente significa informarse, tratar de saber,  y secundariamente deliberar, votar, decretar, resolver, ordenar.
Así dice Cicerón en Filípicas I, 10,26:

Consules iure populum rogaverunt, populusque iure scivit”,

que traducido dice:

los cónsules conforme a derecho consultaron al pueblo y el pueblo resolvió conforme a derecho”.

El Diccionario de la RAE lo define con toda claridad y precisión de la siguiente manera:

Del lat. plebiscītum.
1. m. Resolución tomada por todo un pueblo por mayoría de votos.
2. m. Consulta que los poderes públicos someten al voto popular directo para que apruebe o rechace una determinada propuesta sobre una cuestión política o legal.
3. m. En la antigua Roma, ley que la plebe establecía a propuesta de su tribuno, separadamente de las clases superiores de la república, y que obligó al principio solo a los plebeyos, pero más tarde a todo el pueblo.

Evito por mi parte la discusión leguleya, nunca mejor denominada, de la diferencia técnica entre plebiscito y referéndum, que ha producido no pocos artículos.

   
Comentarios

    Ningún comentario publicado todavía.

Para escribir comentarios debes estar registrado.

Esta web utiliza cookies, puedes ver la política de cookies, aquí Si continuas navegando estás aceptándola
Política de cookies +